Uno de sus amigos, ese que llevaba un pantalón tan apretado que me daban de ganas de apretarle la cabeza hasta que se le fuera la vida, le ofreció un trago de whiskey de la enorme botella que traían a mi primo y este sonriente de inmediato aceptó.
—No sé quiénes son, pero ya me caen bien —dijo entre risas luego de beber el trago y me ofrecieron uno a mí.
Fruncí el ceño.
—¿Qué me garantiza que esta porquería no tenga cianuro?
—Entonces yo beberé primero y si no me muero, puedes beber —dijo el inútil quién lo bebió muy rápido y arrugó el rostro luego de hacerlo, me miró—. Mira, no me morí.
—Qué gran hazaña, crack.
—Ya, bebe.
—No.
—No seas aguafiestas, bebe.
—No.
—Anda, ¿serás el único que no beberá? —insistió y chasqueé la lengua.
—No. Primero, tú no es que me agrades mucho, ninguno de ustedes en general, todos me caen peor que frijoles a medianoche, los detesto y segundo, si la policía me ve tomando con ustedes, me arrestarán y no se me da la gana de ir a la cárcel un sábado a las once de la noche.
—Que nos detestes es algo obvio, sé que miras muy mal a todos, en especial a Santiago —dijo el pantalón apretado entre risas refiriéndose al acosador que ahora tenía nombre—. Pero, ¿ir a la cárcel? ¿por qué?
—Se nota de lejos que ustedes son menores de edad. Yo tengo 27 años ya, ¿cómo se verá que tome con ustedes? Imaginen en la prensa: pedófilo local pierde la cabeza y asesina a machetazos a cuatro personas, toda una porquería de ver.
Por algún motivo todos rompieron en risas, en especial el acosador quién por algún motivo sentía cada vez más cerca, pero sé que si vieran mi machete que está debajo del tapete no se estarían riendo de esa manera.
—Yo tengo dieciocho años —dijo el pantalón apretado—. Mi amigo a la derecha tiene veinte y a mi izquierda tiene dieciocho igual.
—Yo tengo 22 —dijo el acosador y enarqué una ceja al mirarlo.
—Sí claro, mentiroso.
—De verdad, tengo 22 —insistió y sus amigos respaldaron su fraudulenta historia, así que fingí creerla e incluso acepté el trago, pero no me dejaría embaucar de esta gentuza.
Debía averiguar qué es lo que querían, sus intenciones para estar en mi casa y cuando las sepa, uno a uno los aventaré del balcón y huiré para no dejar evidencia.
Algo muy sorprendente sucedió en las horas que pasaron.
Debo aceptar que siempre he sido una persona prejuiciosa, me dejo guiar mucho por la portada, pero ninguno de estos individuos resultó ser cómo creía. Los imaginaba como los típicos niños mimados, adinerados que no tienen nada en la cabeza.
Es que por la zona en la que vivo, la cual es muy costosa, todos mis vecinos o gente de alrededores suele ser de clase alta y predecible, pero ellos resultaron ser gente muy simple, divertidos y en pocas horas el pantalón apretado, junto al moreno y el amarillo, se hicieron muy amigos de Julián y Eva, quiénes son mucho más descomplicados que yo, pero algo extraño que sucedió, fue como si se hubiesen puesto de acuerdo para dejarme a un lado con el acosador o bueno, Santiago, quién resultó ser por lejos muy distinto de lo que creí.
Es que imaginé matarlo de tantas maneras que ahora al ver que no era una mala persona resultaba confuso para mí.
No sé si puedas tener esa edad, la forma en que te ves me hace dudar. Santiago era alto, casi de mi estatura. Tenía el pelo marrón, con ondas y algo largo, no sé describir su corte de cabello. Usaba aretes, cejas gruesas, tiene el típico rostro de alguien adinerado, es decir, es bonito, muy blanco y se ve bastante ejercitado, lo cual me hace confundir. En definitiva, tu físico puede subirte la edad, porque sin los músculos podrías parecer solo un adolescente, pero puedo estar equivocándome. Él vestía a la moda, era muy refinado al hablar, pero nada afeminado o algo así. Solo le notaba la clase, cosa contraria a mí que soy vulgar y mala gente, pero este niñato resultó ser muy agradable, inteligente y eso sí, su mirada que mantuvo en mí esas dos horas solo hizo más real mi teoría, era evidente que estaba coqueteándome y no sé si esa era su estrategia con todas las personas, porque a un chico que se vea como él le sería muy fácil conquistar a quién sea, pero no. No me gustan menores que yo, menos acosadores y mucho menos que usen esteroides.
Al menos resultó sorprendentemente agradable, divertido y sí, pude relajarme un poco e incluso reír, pero de repente, al ver sus oscuras intenciones me puse alerta de inmediato y él no pareció notarlo.
—¿Por qué siempre usas suéteres de bandas de rock para entrenar? —preguntó e iba a responder cuando sentí que con sus dedos empezó a acariciar mi muñeca y sentí un escalofrío recorrer mi espalda, pero no del bueno.
Cuando me siento así me dan ganas de apuñalar, pero me contengo.
—Me gusta usar ropa grande y oscura como mi alma, nada de cosas apretadas como los jeans de tus amigos, pero bueno, no es relevante. ¿Qué haces tú tocándome? ¿es que quieres que me manden a la cárcel o qué?
—¿Cómo que ir a la cárcel?
—No creo que me toques así solo por amistad, de seguro debes tener intenciones de hacer cosas del estilo indecoroso, pero si ahora me acuesto contigo, de seguro iré a la cárcel y tendría que vengarme de forma violenta por eso.
—¿De forma violenta? —repitió entre risas—. Eres muy agresivo, ¿lo sabías?
—Eso dicen las malas lenguas.
—No irías a la cárcel por estar conmigo. Soy mayor, ya te dije.
—No te creo nada.
—La edad de consentimiento s****l en Colombia son los 14 años, ¿es que me pones trece años o qué?
—Bueno, tampoco. Por la cara te pondría unos 17, por el cuerpo te pondría como treinta o treinta y cinco.
—¿Qué? —dijo entre risas y bebí mi cerveza número 40 de la noche o eso creo, probablemente era la octava.
—Estás muy marcado a tus trece años.
—Que no tengo trece, eres tonto —dijo entre risas, pero lejos de alejarse solo se acercó más y exhalé.
No creo que esto acabe bien.