Capitulo 1
Era un día inusualmente fresco en Texas, pero Anna ya estaba sudando dentro de la enorme planta empacadora de carne. No le gustaba la mascarilla, pero la ayudaba a disimular el fuerte olor que le revolvía el estómago cuando llegó. Su nuevo supervisor le hizo un largo recorrido, mostrándole los entresijos de la producción de carne de cerdo. Era una visión inquietante, pero escuchó con atención, aguzando el oído para oír por encima del ruido de la maquinaria.
Se esperaba que Anna comenzara su nuevo trabajo el martes y su orientación debía ser el lunes, pero se perdió esos dos días debido a que su madre drogadicta, Lisa, había llevado su Saturn 2002 a dar un paseo de cuatro días. Lisa regresó temprano el miércoles por la mañana con su nuevo novio drogadicto sosteniendo su delgado cuerpo en posición vertical.
Anna odiaba al nuevo novio de su madre, Larry. Cada vez que Lisa le daba la espalda, él la miraba con hambre. A pesar de su desprecio por ambos drogadictos, Anna los había dejado entrar sin problemas. Su madre estaba borracha, drogada y apenas podía mantenerse en pie, y mucho menos discutir con su única hija por un vehículo.
Anna tenía solo 19 años, pero ya no le sorprendía el mal comportamiento de su madre. Estaba demasiado acostumbrada a que Lisa se ausentara durante días seguidos. Ese descuido había comenzado cuando Anna estaba en la escuela secundaria. En ese entonces, había sido más fácil traspasar responsabilidades a su irresponsable madre. Ahora, como adulta, eso significaba que ya no podía comer gratis en la escuela ni quedarse en la casa de una amiga cuando su madre se negaba a pagar las cuentas.
Anna había trabajado desde que tenía catorce años, empezando con trabajos en n***o y de niñera. A los dieciséis, empezó a trabajar a tiempo completo, luchando por mantener un techo sobre sus cabezas. Incluso con dos trabajos estables, todavía necesitaba algo más para seguir el ritmo de la imprudencia de su madre. Había usado sus ahorros para sacarla de la cárcel el mes pasado, lo que sumó dificultades a su ya difícil esfuerzo.
Anna estaba muy optimista sobre este nuevo trabajo. Le permitiría ganar más que los demás juntos. Se consideraba afortunada de que su supervisor comprendiera su retraso, pero cuando Lisa desapareció durante otros tres días la semana siguiente, no tuvieron más opción que despedirla. Anna estaba amargada por la oportunidad perdida y agradecida de no haber dejado todavía sus otros trabajos mal pagados.
La mueblería A&J estaba en la esquina, al lado de una tienda de comestibles, detrás de un McDonald's. La pequeña y concurrida mueblería rara vez tenía muchos clientes, pero los empleados mantenían el lugar limpio y ordenado por si acaso los había.
Anna limpiaba, enviaba recibos por correo electrónico y cargaba tarjetas. Cuando los clientes pagaban en efectivo, ella siempre se llevaba unos dólares para compensar el bajo salario, ya que la destartalada tienda de muebles no pagaba mucho. Anna había empezado a trabajar allí en la escuela secundaria y le encantaba el trabajo, sus compañeros de trabajo y la ubicación, que estaba justo al final de la calle de su apartamento, lo que no le daba excusas para llegar tarde. Su otro trabajo en el centro de impuestos tampoco estaba lejos y quería empezar a trabajar a tiempo completo como contadora pública el año que viene, pero necesitaba dinero extra para las clases.
Después de que Anna terminó de aspirar las alfombras, accionó el interruptor para detener la ruidosa máquina. Luego limpió los muebles hasta que brillaron por completo y regresó a su pequeño escritorio.
Mientras ordenaba papeles, Anna se estremeció ante la fuerte voz de su compañera de trabajo, Marsha.
—¡El señor Carl está muerto! —exclamó Marsha, poniéndose de pie.
Anna la miró mientras ella movía sus trenzas, sosteniendo el teléfono más cerca de su oreja.
—Entonces, ¿está muerto? ¿Muerto? ¡Maldita sea! —gruñó Marsha, mirando hacia ella.
Anna intentó no poner los ojos en blanco ante la dramática mujer, esperando que todo estuviera bien y no fuera otra excusa falsa para que Marsha se fuera temprano. Ignoró su conversación para concentrarse en escribir, aunque seguía hablando en voz alta por teléfono, lo que interrumpía su concentración.
Después de su llamada telefónica, Marsha exhaló y caminó apresuradamente hacia el pequeño escritorio de Anna para chismorrear.
"Chica, vamos a tener que buscar otro trabajo. ¡Carl por fin estiró la pata!"
Los ojos de Anna se abrieron un poco ante la noticia y asintió con simpatía. Nunca había conocido al dueño de la tienda, Carl Anderson, ni a su esposa, que había fallecido antes de que ella comenzara a trabajar allí.
Los ancianos propietarios habían dejado que un familiar lejano se encargara de sus negocios. Su sobrino Marty, de 31 años, era el único m*****o de la familia que ella conocía y a quien consideraba su jefe. Marsha parecía disgustada por la noticia y la idea de que la tienda cerrara.
—Tengo otro trabajo. Podría ver si puedo conseguirte un trabajo —le ofreció Anna.
—Perra, no voy a quedarme afuera de la maldita oficina de impuestos agitando banderas. —Marsha agitó las manos dramáticamente, poniendo los ojos en blanco en el proceso—. De todos modos, ya sé quién es el nuevo dueño. Será ese maldito Jeff —se burló.
A Marsha le importaba mucho, no solo porque era una intrusa, sino también porque ganaba más dinero que Anna. Su falso título de directora ejecutiva incluso le otorgaba vacaciones, licencia por enfermedad y otros beneficios innecesarios. Anna se dio cuenta de que se estaba tirando a Marty, lo que tuvo mucho que ver con el éxito de Marsha en una tienda tan pequeña.
Marsha continuó: —Es algo así como Jeff, un verdadero ejemplo. Fui a la escuela con él. No lo he visto desde la secundaria. Su trasero ni siquiera aparece en nuestras reuniones. Cree que es todo eso desde que se fue a la universidad. No ha estado haciendo nada, pero ha estado administrando el lugar en Virginia, donde consiguen los muebles antes de que lleguen aquí, — explicó.
A Anna no le importaba en absoluto quién era el dueño del lugar. Quería darse prisa y terminar su trabajo para poder llegar al lugar de pago de impuestos, que su compañero de trabajo consideraba algo indigno de ella.
Marsha negó con la cabeza cuando notó que Anna no le prestaba mucha atención.
—Tienes que preocuparte más. La situación va a cambiar por aquí y no puedes irte temprano y robar dinero.
Anna abrió mucho los ojos y miró hacia la oficina, preguntándose si Marty había oído.
Marsha puso su mano en su cadera, ahora con toda la atención de Anna. —Sólo te digo que la cosa va a cambiar si él vuelve.
—Tú eres quien me dio la idea. Ni siquiera tomo tanto dinero como tú, —respondió Anna en voz baja. —Y solo me voy por mis otros trabajos.
—Debes prestar atención a mi advertencia porque Jeff arreglará las cámaras. Llevo trabajando aquí más de una década y mantendré mi trabajo, mi familia depende de esto.
—No esperaba nada más —le aseguró Anna con expresión triste. —Bueno, tendré que apañarmelas con lo que tengo.
Marsha resopló y regresó a su escritorio. —Uf, pero voy a extrañar ese dinero extra.
Anna no lo dijo, pero estuvo de acuerdo con su compañera de trabajo. Esos dólares extra la habían sacado de muchos apuros en el pasado.
Durante los meses siguientes, la tienda siguió funcionando como siempre. Anna se habría olvidado de que el señor Carl había muerto si no hubiera sido por el recordatorio semanal de Marsha de que el nuevo y atractivo propietario llegaría como un ladrón en la noche.