...

984 Words
Dos días después, en la renovación de votos de los Lambert. El jardín estaba decorado con guirnaldas blancas y flores silvestres. Los invitados llegaban poco a poco para presenciar la renovación de votos de los padres de Elise. Era un día soleado, cargado de alegría y emociones. Entre los asistentes, se encontraba Maurice, de la mano de Elise, quien sostenía a Leonard con la otra. Los tres irradiaban felicidad, o al menos eso parecía. Héctor no había planeado asistir. La casual invitación por parte de un viejo amigo lo tomó por sorpresa, y aunque sabía que corría el riesgo de verla nuevamente, algo dentro de él lo impulsó a aceptar. Ahora estaba allí, de pie entre la multitud, observando a la mujer que aún amaba, feliz al lado de otro hombre. —Mira, mamá, el abuelo y la abuela —dijo Leonard emocionado al ver a sus abuelos al frente. —Sí, amor, hoy es un día muy especial para ellos —respondió Elise, acariciando el cabello de su hijo. Héctor observaba cada detalle. La forma en que Maurice posaba su mano en la espalda de Elise con naturalidad, cómo Leonard reía al sentirse protegido por ambos, y la manera en que Elise miraba a su esposo. Ese lugar solía ser mío, pensó Héctor con amargura, aunque sabía que él mismo había roto ese lazo años atrás. La ceremonia avanzó entre risas y lágrimas, hasta que llegó el momento de los discursos. Fue entonces cuando Elise pidió la palabra, sosteniendo un pequeño sobre en sus manos. —Quiero aprovechar este momento tan especial para darle un regalo a mis padres —dijo, su voz ligeramente temblorosa—. Ustedes siempre me enseñaron el verdadero significado del amor, de la familia… Y hoy, quiero compartir con ustedes algo muy importante. Elise abrió el sobre y extrajo una pequeña ecografía. Los murmullos entre los invitados no tardaron en surgir, y Maurice, sorprendido, no pudo contener las lágrimas. —Maurice… vamos a ser padres otra vez —anunció Elise, con una sonrisa llena de amor. El público estalló en aplausos y felicitaciones. Maurice abrazó a Elise con fuerza, mientras Leonard brincaba emocionado al saber que tendría un hermanito o hermanita. La escena era perfecta, como sacada de un cuento de hadas. Pero Héctor, en silencio, sentía cómo algo dentro de él se rompía en mil pedazos. No sólo había perdido al amor de su vida, sino que ahora veía cómo Elise había encontrado la felicidad que alguna vez soñaron… con otro hombre. Los aplausos cesaron y los invitados comenzaron a acercarse a felicitar a la pareja. Héctor decidió que era momento de irse, pero antes de hacerlo, sus ojos se cruzaron con los de Elise. Por un instante, ella pareció vacilar, como si quisiera decir algo, pero la voz de Maurice llamándola desvió su atención. —¿Vienes, amor? —preguntó Maurice, sosteniendo la mano de Leonard. —Sí, ya voy —respondió Elise, sin apartar la mirada de Héctor hasta que finalmente dio media vuelta y se unió a su familia. Héctor permaneció inmóvil, viendo cómo la mujer que una vez fue suya ahora pertenecía completamente a otro hombre. Y en ese momento, lo entendió todo: no había marcha atrás. Elise había encontrado en Maurice lo que él nunca le ofreció… estabilidad, amor y una familia verdadera. La celebración continuaba llena de alegría y risas. Los Lambert irradiaban amor renovado, y Maurice no dejaba de sonreír mientras sostenía con orgullo a Leonard y acariciaba el vientre de Elise, ahora con la promesa de un nuevo bebé. Héctor, sintiéndose completamente fuera de lugar, decidió que era momento de marcharse. Mientras avanzaba por el pasillo de salida de la casa, intentando mantener la compostura, una voz familiar lo detuvo. —¿Te vas sin despedirte? —preguntó Elise suavemente, parada a unos pasos detrás de él. Héctor se detuvo, cerrando los ojos por un momento antes de girarse. Allí estaba ella, hermosa como siempre, pero con una luz distinta en sus ojos, una que ahora pertenecía a Maurice. —Creo que ya no tengo nada más que hacer aquí —respondió él, intentando sonar firme, aunque su voz traicionaba el dolor que llevaba dentro. Un incómodo silencio los envolvió. Los dos sabían que había tantas cosas sin decir, pero ya no había espacio para esas palabras. —Me alegra verte feliz, Elise —dijo finalmente Héctor, su mirada llena de tristeza, pero también de sinceridad—. De verdad… deseo que seas feliz, aunque no sea conmigo. Elise sintió cómo su pecho se oprimía. Por un instante, estuvo a punto de responder algo que podría cambiarlo todo, pero se detuvo. Héctor ya había dado la vuelta para marcharse cuando, impulsada por un arrebato de sentimientos, lo llamó: —Héctor… — Él se detuvo sin girarse, esperando algo que cerrara ese capítulo, aunque doliera. —Este… —Elise respiró profundo, como buscando el valor—. Este será el primer hijo que tendré con Maurice. Las palabras resonaron en la mente de Héctor como un trueno. Frunció el ceño, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. ¿El primer hijo? —¿A qué te refieres? —preguntó él, girándose lentamente, buscando respuestas en los ojos de Elise. Pero ella ya había adoptado la expresión serena de siempre, como si no hubiera dicho nada importante. —Nada. Solo quería que lo supieras —respondió con una sonrisa forzada, antes de girarse para regresar con su familia. Héctor quedó paralizado, con una duda creciendo como veneno en su pecho. ¿Acaso Leonard…? Pero antes de que pudiera formular completamente ese pensamiento, Maurice se acerca a Elise y la lleva de regreso con su familia, posando su mano en su espalda al girar con dirección al jardín para continuar celebrando con los suyos. Mientras Héctor se marchaba por aquel pasillo, una pregunta lo atormentaba: ¿Y si Leonard… es mío?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD