La puerta se abrió suavemente, interrumpiendo su espiral de pensamientos. Raúl entró, sosteniendo dos tazas de té. Su presencia siempre le traía algo de calma, pero esta vez la preocupación seguía en su rostro. —Pensé que te vendría bien esto —dijo, colocando una de las tazas en la mesa junto a ella. Emma le agradeció con una sonrisa débil. —No puedo dejar de pensar en por qué está haciendo esto —confesó, después de un largo silencio. Raúl tomó asiento frente a ella, cruzando las manos sobre su rodilla. —¿Qué sabes realmente sobre Elijah? —preguntó. Emma suspiró. —Lo suficiente para saber que nunca me quiso. Amaba a otra mujer, Caílin, incluso antes de casarnos. Nuestro matrimonio fue una obligación... una farsa. Él me culpó por su desgracia, pero cuando todo terminó, pensé que tamb

