Capítulo 9

1132 Words
Un pase a la libertad… Un paso a una promesa… Golpeo la puerta del despacho de mi jefe y espero pacientemente que me dé la entrada. Escucho el adelante y procedo a tomar el pomo y abrir, ahí me encuentro a mi jefe con la enésima esposa que se ha comprado, la mujer está de rodillas frente a él haciendo su trabajo. Para eso las compra, pero igual me parece denigrante verlo, por lo que muevo la cabeza y evito seguir viendo el espectáculo. —¡Ya vete, este idiota me quitó la inspiración! La mujer, creo que un tanto agradecida, se levanta y limpia sus labios, para salir de ahí sin ningún problema de verme y tocar mi hombro como si me estuviera invitando a algo y yo niego asqueado y me muevo hacia donde está Di Rossi. —El cargamento está en el puerto y esperando sus instrucciones. —Me parece perfecto, ve con Giordano, necesito hacer algunas cosas aquí. Espero que mi expresión no me delate, esto no era lo que teníamos planeado, pero como puedo, asiento a su orden y me dispongo a salir, el viejo Di Rossi me detiene tocando mi hombro y como si fuera una advertencia me habla cara a cara… —Haz que llegue con bien, tu vida depende de eso. —Entendido. Salí como alma que lleva el viento hacia la salida, de alguna forma tenía que avisarle a el español que los planes habían cambiado, pero me quedo de una pieza al encontrarme a Gio junto a sus hombres subiendo a las camionetas sin esperar nada. Maldito desgraciado, este viejo algo sospecha. —¿Te quedarás ahí parado? —No. Caminé hasta la primera camioneta y Gio me siguió, se notaba un poco tenso, pero su sonrisa de suficiencia trataba de esconder su actitud. —¿Estás molesto conmigo? —niego, no quiero seguir con esta conversación— ¿Todavía estás enojado por quitarte a tu juguetito? —¿Tanto miedo le tienes a ese hombre, Gio? —Ja ¿y por qué habría de temerle? Él no es nadie, un simple peleador al que le han dado demasiada importancia, pero eso ya pronto dejará de ser así, después de esta noche ya no tendremos que lidiar con ese maldito bastardo. —¿A qué te refieres? —mis alarmas se han activado, con cada palabra que sale de sus labios, es como si el supiera algo que me han escondido pero que no se aguanta por decirme—Vamos, Gio. Te mueres por contarme. —Solo te diré que hoy solo quedará uno, el único y verdadero Don de la camorra. Su sonrisa macabra me terminó de desestabilizar y de la nada veo como saca su arma y me apunta. Mis ojos se expanden y como si mi cuerpo se transformara me muevo justo en el instante en que dispara, evadiendo la bala que da directamente en la cabeza del chofer. La camioneta empieza a zigzaguear y nuestros cuerpos rebotan, escucho los gritos de los hombres que vienen en las otras camionetas, y luego un estruendo. Los quejidos de Gio me devuelven a la realidad y veo que estamos con la cabeza hacia abajo la camioneta se había volteado y nuestros hombres intentaban sacarnos de él antes que explotara. El olor a gasolina me llega de inmediato. Intento soltarme del cinturón de seguridad pero este está férreamente amarrado a mi cuerpo. —No... no lo podrás salvar Lorenzo ese muchacho debe morir y tú lo sabes. —Cállate, Gio y mejor veamos la forma de salir de aquí esto fue una emboscada y tú la planificaste ¿no? —Siempre estuviste Un paso adelante, Lorenzo. Pero esta vez yo te he ganado en estos momentos tu jefecito se está deshaciendo del cuerpo de ese chico y ni tú ni nadie podrá ser nada por él. —Señor, señor ¿Se encuentra bien? No puedo creer lo que ven mis ojos, si es el español el que está tratándome de señor, me guiño un ojo y cómo puede corta el cinturón de seguridad con una corta pluma. —¡Suéltame a mi primero maldito español! ¡Yo soy tu jefe! ¡Antonio!— son los gritos que escucho cuanto Antonio me saca de la camioneta y luego una fuerte explosión. —Ups, no alcancé ¿crees que tu jefe se enoje o se moleste? —¿Cómo lo supiste? ¿Y Cómo diste conmigo? —Simple, Enzo te puso un rastreador y parece que nunca lo notaste—ríe y niega mientras me sube a su camioneta —a veces no los entiendo a ustedes los italianos son tan crédulos. —¿Y los hombres de Gio? —A bueno por ahí deben estar o más bien no estar… Mejor no preguntes. —¿Sabes que debemos volver por Enzo no? —Tranquilo, mi mafioso. Él está bien. Eso está todo listo ya lo que queda es pan comido. Ahora volvamos a preocuparnos por lo del cargamento, necesitamos interceptarlo antes que llegue a las manos de los hombres de Di Rossi. Definitivamente, todo esto estaba pasando demasiado rápido No sé que tenía este tal Antonio y su grupo de gente que de la nada habían emboscado las tres camionetas que iban conmigo, asesinado unos cuantos entre esos Gio, y ahora como si nada íbamos en busca de las pruebas para acabar con el reinado de Di Rossi. Con el dolor recalcitrante en mis costillas, despuésd del volcamiento escuché como Antonio y su gente ya estaban Armando la segunda parte del plan. —A a ti te tocará la parte más fea, Lorenzo deberás recibir el cargamento y luego de eso entraremos nosotros y los oficiales de la policía. Te tomarán detenido pero soporta ya sabemos de tu acuerdo con eso y él ya nos dijo lo que querías. —Mi libertad —dije en un susurro y él asintió—, Pero cómo lo harán no lo entiendo. —Tú cíñete a nuestro plan que todo saldrá bien, te lo aseguro. El tiempo pasó volando y ya estábamos llegando al Puerto donde sería la entrega. Antonio me entregó un arma y me guiñó un ojo. —Vamos mi mafioso, el show apenas comienza... Asentí tranquilo, esperando que Enzo saliera bien de todo esto y que su tío por fin pagara por todo lo que había hecho. Mi venganza estaba a nada de cumplirse, ya no había miedo, ya no había lástima, solo una inmensa paz que me llenaba el alma. Las cartas habían sido echadas. Ahora era momento de cumplir mi promesa... Un pase que me llevaría a la libertad o eso esperaba. ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
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