La venganza es dulce, pero solo para el alma enferma
Camino por el intrincado pasadizo que hay en el sótano de la casa de Di Rossi buscando en cada habitación al que se había convertido en mi amigo y compañero en estos meses...
—Enzo... Enzo ¿me escuchas?
Golpeo en la última habitación que queda y los quejidos de Di Rossi, me hacen saber que está ahí dentro, abro la puerta y lo encuentro tirado en el suelo y con unos grilletes en su pierna. Se ve como la mierda, tiene la nariz torcida, un ojo cerraado por la inflamación, pero lo que más me preocupa era el tremendo hematoma que tiene en su costado, ese si que debe doler, me acerco a él y me agacho para poderlo revisar, le doy unos golpecitos en lo que queda de sano que veo y el reacciona.
—Esto duele como la mierda, Lorenzo. Debiste ser tú quién me diera los golpes, no los tipos de Giordano—se queja, mientras le inyecto algo para el dolor.
—Lo siento, amigo, jamás pensé que te descubrieran tan rápido.
—Eso ya no importa, ¿pudiste hablar con Antonio?—me pregunta un tanto ansioso y yo asiento, ya tenía claro lo que debía hacer y ahora se lo estaba informando
—Sí, está todo preparado para mañana, así que tendrás que aguantar unas horas más el encierro.
—Todo sea por terminar con todo esto...
Hace un mes atrás...
—¡Maldita sea, Di Rossi, pelea!
Ese era el grito que lanzaba hacia el octágono, mientras veeía como Enzo se quedaba ahí aguantando los golpes de Giordano, pero ¿que le pasaba a este idiota? le dije que debía ganarle y ahora se está haciendo el que no quiebra un huevo ¿qué mierda le estaba pasando a esa cabeza? ¿será que de tantos golpes se volvió loco?
—¡Deja de gritarme, Cicarelli!
Como si fuera una de esas peliculas de Bruce Lee o Jean Claude Van Dam el idiota de Di Rossi se desliza como si estuviera bailando ballet y mueve su cuerpo para soltarse del agarre de Giordano, estira sus brazos y baja hasta quedar al nivel del piso, toma por el cuello a Giordano y lo lanza como costal de papas a dos metros de distancia, pero esto no sería todo, luego de eso se lanza encima de él y lo agrarra del cuello y las extremidades para hacerle un perfecto mataleón. Giordano pelea por soltarse, pero yo tenía claro que si seguía así lo único que lograría era que quedara sin aliento.
—¡Suficiente!—les grito a los dos y Di Rossi me mira molesto.
—¿No me pediste que peleara?
—Lo hiciste, ahora detente.
De mala gana, Enzo suelta a Giordano y toma su toalla y la botella de agua para salir del octágono, pero como ese otro idiota es un mal perdedor se lanza en contra de Enzo.
—¡CUIDADO!
Enzo alcanza a reaccionar y de la nada levanta a ese otro idiota por los aires y lo deja caer con toda su humanidad encima.
—Nunca, nunca en tu puta vida me vuelvas a atacar por la espalda Gio, porque te juro que esto solo será un pequeño cariño, la próxima te prometo que no seré tan condescendiente.
Salimos del octágono, mientras Giordano mira con odio a Enzo y yo le niego con mi cabeza, ese tipo no solo era mi protegido, también era mi amigo.
—¿Cuándo aprenderás a cuidarte la retaguaguardia?
—Con Giordano nada de eso sirve y lo sabes Cicarelli, ahora me darías una bolsa de hielo, me duele el cuello.
—A veces creo que quieres morir en este lugar, no me cabe otra idea en la cabeza que no sea por eso que alguien tan delicado como tú esté aquí.
—¿De qué hablas?—me pregunta y su tono de voz es ahora preocupado.
—Sabes a lo que me refiero, a tu tío... a tu familia...
Un Enzo furioso se abalanza en contra mía, pero yo era más rápido que él y lo sostengo por detrás.
—¡SUÉLTAME, MALDITA SEA!
—Te soltaré cuando me digas ¿qué es lo que realmente haces en este maldito lugar? Y no trates de mentirme, Enzo. A diferencia de Giordano yo no necesito pegarte, solo saco mi arma y te aviento un disparo en medio de tus lindos ojos azules.
—¿Alguien más lo sabe?
—¡Lo que yo sé?—pregunto y el asiente—. No, solo yo, aún no he tenido tiempo de procesar toda la información que tengo y por eso preferí hablarlo contigo primero.
—Te lo concedo, pero necesitamos salir de aqui.
Me quedé afuera de los vestidores esperando a que se duchara y cambiara. Mientras pensaba en la conversación que tendríamos, prendí un cigarrillo y le di una larga calada, si Enzo Di Rossi era quien me temía, las cosas se pondrían más complicadas en esta ciudad y el mundo iba a arder.
Ya era claro que Lorenzo no tendría descendencia, eso se lo había comprobado su doctor hace unos años y por eso tanto Giordano como yo éramos sus más allegados, algo así como sus crías de pelea o más bien sus crías para adiestrar y ser su mejor sucesor.
—Vamos.
Fue la escueta palabra que lanzó y yo solo lo seguí, quería saber su versión de los hechos...
Ambos tomamos nuestras motos y nos metimos en el tráfico de Roma, comenzamos una loca carrera por llegar donde sea que quisiera llevarme Di Rossi, hasta que nos encontramos frente al cementerio Comunal Monumental Campo Verano. Dejamos nuestras motos y nos adentramos en el lugar. Entre medio del silencio y las lápidas un ambiente un tanto denso se marcaba entre nosotros, pero eso se sintió más extraño cuando llegamos a una lápida.
—Sabes, ni siquiera los puedo recordar. Ellos son mis padres y ni siquiera puedo recordar sus rostros o como hablaban. Ese hombre me lo quitó todo, incluso mis recuerdos—dice con una sonrisa que no le llega hasta sus ojos—. Me imagino que me investigaste ¿no? y sí, soy aquél niño que desapareció el día que esas dos personas murieron.
Se coloca en cuclillas y limpia el lugar, trata de aguantar el llanto, pero no puede y de un momento a otro me mira esperando algo de mí.
—Lo admito, Lorenzo tiene sus sospechas y le pidió a Gio que te investigara, pero a él se le salió y me contó parte de la historia. Yo hice mis investigaciones y aquí me tienes, esperando tus intenciones.
—En un momento quería venganza, eliminar a ese desgraciado que me quitó todo, pero mi abuelo me enseñó muchas cosas y entre esas una vez me dijo "la venganza es dulce, Enzo, pero solo para el alma enferma y tú alma no lo estás" y tuve que reaccionar. Si quiero volver a mi vida como lo que soy realmente haré las cosas bien, por eso necesito de tu ayuda.
¿Estás dispuesto?
Sus palabras calaron hondo, yo sí quería vengarme de esos tipos no solo porque mi padre me haya vendido a ellos por su deuda de juego, sino por la madre de Regina, ellas no tenían la culpa de amar a alguien que les había hecho tanto daño, sobre todo a mi picolina...
—¿Qué quieres hacer Di Rossi?
—Quiero darle en dónde más le duele—fue su sentencia y yo sería parte de ella, era su soldado y lo acompañaría hasta el final de lo que fuera que quisiera hacer...
—Pues, prepárate hermano, resiste un poco más y tendremos nuestra recompensa.
—Gracias, Lorenzo. Nunca dejaré de agradecer que aparecieras en mi vida. Te prometo que te voy a recompensar.
—No necesito nada, Enzo. Solo que cumplas con nuestro acuerdo. Mi libertad me basta.
—Dalo por hecho. Ahora, será mejor que te vayas y sigue con el teatrito, yo seguiré aguantando como me lo pides.
Salí con cuidado de la habitación, dejándole otra dosis para que él se inyectase y volví a mis labores, se venía un cargamento grande y tenía que ver cómo lo hacía para que estos tipos no me descubrieran y coordinar con los amigos de Enzo. Ya el español estaba avisado de lo que estaba por suceder y solo quedaba esperar que ellos lo embiscaran.
Ese sería el primer golpe, luego vendría la liberación y el ataque final.
Caminé por la casa de mi jefe, sin que nadie me notara y cuando estaba por llegar a su despacho un mensaje me sacó una sonrisa.
"Cargamento en el puerto, comienza la fase dos"...
'Entendido"...
—Esto será más fácil de lo que pensaba, buena cosa tus amigos Di Rossi.
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