Capítulo 6: Las Cicatrices de los Blackwell

1329 Words
La mañana después del incidente entre Clara y Daniel se deslizó con una calma engañosa sobre la mansión Blackwell. Daniel apenas había podido dormir, su mente dando vueltas a las palabras de Clara. Lo que ella sabía, lo que había dicho… Era como si hubiera arrojado una bomba sobre su vida cuidadosamente construida, una vida que Maximus había moldeado. Pero ahora, después de esa revelación, Daniel comenzaba a cuestionarse no solo sus acciones, sino todo lo que había construido. No pasó mucho tiempo antes de que viera a Clara nuevamente. Ella lo esperaba en el jardín trasero, donde los árboles altos ofrecían una sombra serena, un refugio del bullicio de la casa. A pesar de la intensidad de la noche anterior, Clara estaba más tranquila ahora, aunque la seriedad en su rostro indicaba que no habían terminado de hablar. Daniel se acercó a ella con cautela. El aire entre ambos era denso, pero la tensión era diferente esta vez. Era el tipo de tensión que surge cuando la verdad ha sido dicha y queda flotando en el aire, esperando más. —Ayer… —empezó Daniel, pero Clara lo interrumpió levantando la mano. —Ayer no fue el final de nuestra conversación, Daniel. Hay algo que necesitas saber sobre mi padre. Algo que quizás explique todo lo que has visto de él hasta ahora —dijo Clara, sus ojos reflejaban una mezcla de tristeza y resignación. Daniel no dijo nada, solo asintió y se sentó en el banco a su lado. Clara miró hacia el horizonte, como si buscara las palabras adecuadas en la distancia. —Mi padre, Maximus, siempre ha sido así, frío, controlador… calculador —comenzó Clara—. Pero no siempre fue por elección. Lo que él es ahora, lo que tú y yo vemos, es el resultado de lo que mi abuelo le hizo. Harold Blackwell, mi abuelo, era un hombre despiadado. Si piensas que mi padre es cruel, no has visto nada. Harold lo controlaba todo: cada centavo, cada decisión, cada paso que daba mi padre era monitoreado y juzgado. Y cuando digo todo, lo digo en serio. Daniel la escuchaba con atención. Había oído rumores sobre Harold Blackwell, pero jamás había prestado mucha atención. Sin embargo, lo que Clara estaba diciendo pintaba una imagen aún más oscura. —Maximus era un joven idealista en algún momento —continuó Clara, con una leve sonrisa que rápidamente desapareció—. Creía en el amor, en el poder de las relaciones humanas. Incluso llegó a enamorarse. Ella fue el único punto débil en toda su vida. Se llamaba Evelyn. Nunca me lo dijo directamente, pero sé que la amaba profundamente. Era diferente a cualquier otra persona que había conocido, y para él, ella representaba algo que mi abuelo nunca podría controlar. Clara hizo una pausa, y su expresión cambió. Sus ojos, antes llenos de nostalgia, ahora mostraban una sombra de amargura. —Pero todo se fue al infierno. Mi padre creyó que había encontrado en Evelyn a alguien que compartía sus sueños, su ambición, pero… ella lo traicionó de la peor manera posible. Lo engañó con su mejor amigo, Alan, solo porque Alan tenía más poder y conexiones en ese momento. Lo hizo por el negocio, por las oportunidades que representaba estar al lado de alguien que podía darle más. Daniel frunció el ceño. Pocas veces había visto a Clara hablar con tanta pasión y dolor. Se podía ver que este tema tocaba una fibra sensible, algo que había marcado no solo a Maximus, sino también a ella. —¿Y qué hizo Maximus? —preguntó Daniel, incapaz de contener su curiosidad. Sabía que Maximus no era alguien que se quedara de brazos cruzados ante una traición. —¿Qué crees? —respondió Clara con un tono irónico—. Cerró su corazón para siempre. El Maximus que ves ahora es el resultado de esa traición. Se convirtió en lo que mi abuelo siempre quiso que fuera: frío, calculador, alguien que solo ve a las personas como piezas en su tablero de ajedrez. Porque, para él, la traición de Evelyn le demostró una cosa: el amor no tiene valor. Todo se trata del poder, de los negocios. El amor, en su mente, no es más que una debilidad que otros pueden aprovechar para destruirte. Daniel se quedó en silencio, tratando de procesar todo lo que Clara había dicho. Finalmente, las piezas comenzaban a encajar. Maximus no era solo un hombre cruel por naturaleza; había sido moldeado por su propia historia de traición y dolor. Clara, notando su silencio, continuó: —Para él, Joshua fue una pérdida. Mi hermano siempre fue la mancha en el plan perfecto de mi padre. Su adicción era un recordatorio de que incluso él podía fracasar, de que ni siquiera con todo el control del mundo podía evitar el desastre. Joshua representaba todo lo que mi padre detestaba: debilidad, emociones fuera de control… pérdida. Así que cuando tú… —Clara hizo una pausa, su voz tembló un poco antes de continuar—. Cuando tú lo mataste, fue una decisión de negocios para mi padre. No fue personal. Joshua ya estaba perdido para él desde hace mucho tiempo. Daniel sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Había sabido que matar a Joshua era parte del trato para entrar en el mundo de Maximus, pero escuchar cómo Maximus lo había visto como un simple movimiento en un tablero… lo hacía aún más sombrío. —Pero no puedes seguir cargando esa culpa solo, Daniel —dijo Clara, mirándolo con seriedad—. No puedes seguir dejándote controlar por él. Mi padre no es invencible, aunque quiera que lo creas. Tiene sus debilidades, y su mayor debilidad es que nunca se ha recuperado de lo que le hicieron. Él cree que el poder y el control son todo lo que importa. Pero tú… —Clara hizo una pausa, sus ojos buscando los de Daniel—. Tú todavía puedes elegir otro camino. No tienes que ser como él. Daniel la miró, sintiendo una mezcla de emociones. Había algo liberador en lo que Clara decía, pero también era aterrador. Si no seguía las reglas de Maximus, si no se mantenía en el camino que había tomado, ¿qué quedaría para él? —¿Y tú, Clara? —preguntó Daniel después de un largo silencio—. Si todo esto es cierto, ¿por qué sigues aquí? ¿Por qué no has huido de él? Tú también tienes la oportunidad de escapar de este ciclo. Clara sonrió tristemente y miró al suelo. —He pensado en eso muchas veces —admitió—. Pero hay algo en mí que todavía espera que pueda cambiar las cosas desde dentro. Tal vez sea ingenua, pero no puedo simplemente dejar todo atrás. Además, si yo me voy, ¿quién quedará para recordarle a mi padre que es humano, que tiene sentimientos, aunque los haya enterrado bajo toneladas de ambición? Daniel suspiró. Sabía que Clara tenía razón en una cosa: Maximus era el producto de un dolor profundo, pero eso no cambiaba el hecho de que seguía siendo un hombre peligroso, alguien que solo valoraba el poder. Y Daniel, hasta ahora, había sido su herramienta más leal. —No sé si puedo cambiarlo —admitió Daniel, su voz cargada de duda—. No sé si puedo salir de este camino sin destruir todo lo que soy. Clara lo miró fijamente. —Tal vez no puedas cambiarlo de inmediato. Tal vez no puedas escapar de todo lo que has hecho —dijo, acercándose a él y tomando su mano con firmeza—. Pero lo que sí puedes hacer es elegir qué tipo de hombre quieres ser a partir de ahora. Esa decisión es solo tuya, Daniel. Nadie puede quitártela. Ni siquiera mi padre. El silencio se extendió entre ellos, pero esta vez, no era incómodo. Daniel sabía que tenía una decisión que tomar, y esta vez, sería suya y de nadie más.
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