El tiempo en la academia militar fue un constante torbellino de entrenamiento, pruebas y superación personal. Cada día, Erin enfrentaba nuevos desafíos que parecían diseñados para probar su límite físico y mental. Las noches eran cortas, y el cansancio nunca cesaba. Pero, a pesar de todo, su determinación crecía con cada paso adelante.
El sargento, que parecía ver más allá de las barreras superficiales, mantenía un ojo atento sobre Erin. No hablaba mucho con los cadetes, pero su evaluación silenciosa parecía constante. Y aunque el trato era rudo, Erin nunca perdió el ritmo.
El primer mes en la academia estuvo marcado por los ejercicios más intensos. Correr largas distancias con peso, practicar tácticas militares en terreno agreste y sobrevivir noches bajo condiciones extremas se convirtió en su rutina. Las heridas en sus manos, las rozaduras en sus rodillas y la fatiga constante formaban una parte de su día a día, pero Erin no se dejó abatir.
En una ocasión, durante un simulacro de combate en grupo, Erin fue puesta a prueba en una situación en la que parecía no tener salida. Los demás cadetes se rindieron, pero Erin continuó luchando, utilizando su astucia y conocimientos hasta lograr liberar a su equipo.
El sargento, que supervisaba desde las sombras, apareció al final del ejercicio. Se le notaba algo sorprendido.
—Linares —dijo, examinándola con una mirada fija. —Tienes potencial, pero no te dejes llevar por la arrogancia. En este campo, el ego es el enemigo.---
Erin asintió, sabiendo que la lección había sido clara.
A veces, los límites personales parecían desbordarse. Las noches sin dormir y las rutinas extenuantes llevaron a muchos cadetes al límite de la desesperación. Erin no era la excepción. Cada amanecer era un desafío para levantarse y enfrentar un nuevo día de sufrimiento físico y mental.
Una tarde, durante una clase de resistencia, Erin cayó al suelo durante un entrenamiento de combate cuerpo a cuerpo. Exhausta y con los brazos temblorosos, trató de incorporarse, pero sus fuerzas la abandonaban.
Valeria, su compañera más cercana, se detuvo a su lado.
—No puedes detenerte ahora —dijo, ayudándola a levantarse. —Esto es solo el comienzo.---
Erin la miró con gratitud, encontrando en Valeria una fuente de apoyo.
—Lo sé —respondió, respirando con dificultad. —Solo... necesito un momento.--- dijo Erin
Valeria asintió y permaneció a su lado, como un refugio temporal en medio de la tormenta.
Después de meses en la academia, Erin comenzó a destacar no solo por su habilidad física, sino por su liderazgo. Durante un simulacro nocturno en terreno desconocido, fue designada como la comandante de su equipo. La tarea parecía imposible, ya que las condiciones eran extremas y las rutas desconocidas.
Sin embargo, Erin demostró un manejo excepcional del estrés, asignando tareas específicas a cada cadete, asegurando que todos tuvieran una función que desempeñar. Su capacidad para mantenerse calmada bajo presión y tomar decisiones rápidas fue elogiada incluso por los instructores más rigurosos.
El sargento la observó desde una esquina, su expresión contenida. Al final del ejercicio, se le acercó.
—Linares —dijo con seriedad —parece que tu tiempo aquí ha dado frutos. Eres una líder, y tu equipo confía en ti.---
Erin lo miró con respeto, sabiendo que sus palabras no eran fácilmente ganadas.
—Gracias, señor. —respondió con una sonrisa.
Al llegar al último trimestre del año académico, los cadetes se preparaban para su prueba final, una misión simulada en terreno hostil, diseñada para evaluar todas sus habilidades. Erin sabía que este sería el momento decisivo. Fallar significaba no solo el rechazo como militar, sino también defraudar todos los sacrificios que había hecho para llegar hasta allí.
Durante días, practicaron las tácticas bajo la atenta mirada de instructores. Las noches eran largas y el cansancio abrumador, pero Erin lideraba a su equipo con firmeza y dedicación.
El día de la prueba, su corazón latía con fuerza en el pecho mientras se adentraban en el terreno desconocido. Los escenarios eran complejos, y cada error podía ser fatal. Pero Erin, con calma y estrategia, guió a su equipo a través de cada desafío, asegurándose de que todos trabajaran como un solo cuerpo.
Cuando terminaron la misión y regresaron al punto de partida, Erin se deshizo en lágrimas, abrazando a sus compañeros.
Al día siguiente, en la ceremonia de graduación, el sargento la destacó como una de las mejores cadetes de la promoción. Las palabras de elogio llenaron el aire, pero para Erin, el verdadero logro estaba en su propio corazón, había superado cada obstáculo, cada duda y cada sacrificio, demostrando que había encontrado su lugar en el mundo.
Valeria estaba a su lado, ambas eran imbatible estando juntas, eso lo sabían los instructores, en su evaluación destacaron cada fortaleza y desventajas de eso.
Aunque no todos estaban satisfechos qué dos mujeres fueran las mejores cadetes de esa promoción, los rumores que corrían eran que Erin se valía del apellido y reputación de su familia, y Valeria de sus encantos.
Eso causó gracias a Valeria, ya que si tenia un rostro lindo, pero no era para nada delicada umy su carácter explosivo y de los mil demonios.
Erin, ya no era el ángel en su promoción, paso a ser la bruja, ese apodo fue puesto por el hijo de un almirante celoso de los resultados de la chica.
En la mansión Linares, estaban desayunando, cuando Lucas, empezó a hablar sobre su hermana.
--- papá, Erin ya no es el ángel, ja ja su apodo es la bruja, el hijo del almirante Perez se lo puso, nuestra Erin le patio el trasero en un ejercicio, --- decía con orgullo Lucas
El rostro inexpresivo de Lisandro, no dejaba ver sus emociones, esta cada vez más orgulloso de su hija.
--- como si eso fuera bueno, --- dijo Mariana, levantándose de la mesa.
--- te dije que no lo contarás, sabes como se pone mamá, al saber de Erin en la academia, --- dijo Esteban
Lisandro mira a sus hijos, disfrutando de los logros de su hija, mira el lugar vacío de su princesa, la extraña y no lo puede negar.
--- mantengamos el tema de Erin entre nosotros, su madre se angustia con cada comentario que hacen,--- dice Lisandro
--- bien, no diremos nada enfrente de mamá, --- dice Esteban mirando a su padre
--- papá, ¿ tú que opinas?,--- de Erin
--- su hermana es fuerte, nos ha demostrado que no era un simple capricho su deseo de ser militar. Con el tiempo su madre también aceptará la decisión de su hermana, ---, respondió Lisandro, se levanta para ir a su estudio.
Los hermanos solos en la mesa.
--- aunque no lo diga papá está orgulloso de Erin,---- dice Lucas
--- mamá a su manera también, solo que ha sido muy difícil todo para ella, la boda que planeo mdticulosamente fue un fracaso, --- dice Esteban
--- si, ese maldito de Marcos, tendrá que recibir su merecido, --- dice Lucas
--- por el momento no haremos nada, hasta que papá lo autoricé, --- dice Esteban
--- es extraño que papá, aun no haya hecho nada,--- dice Lucas
--- papá y el señor Stifler Montesano fueron compañeros en el ejército, --- respondió Esteban
--- lo sé, pero Erin es la princesa de la familia Linares, --- dice Lucas, con enojo.
--- calma hermano, todo se resolverá,--- dice Esteban
--- hermano, se extraña a la revoltosa, esta casa está muy silenciosa sin ella,--- dice Lucas en tono de queja
--- lo sé, vamos te invito al polígono,--- dice Esteban
--- tú siempre ganas,--- protesta Lucas
Esteban se ríe de su hermano, --- te dejo ganar, ---
--- si,como no,--- responde Lucas
Todos saben que Esteban es un experto en armas, los resultados de su evaluación como franco tirador es perfecta, nunca ha fallado un tiro.
Por ese motivo nadie quiere competir contra él.
En la academia militar es día de practica y evaluación de tiro, Erin esta en la misma alineación que Valeria, y el hijo del almirante Perez.
cuando dan los resultados, el muchacho se enoja salió tercero.
---- esa maldita bruja y ese demonio, otra vez,---- no podía contener su enojo.