Capítulo 3: Motivaciones...

2093 Words
Aunque ella parece tranquila a mi lado, como si no le preocupara nada ni temiera que algo pudiera pasar o hacerle, todas las demás me observan como halcones mientras me guía hacia el deslizador y algunas hasta aprietan con fuerza el arma entre sus manos, sus dedos sin un mínimo temblor sobre el gatillo. Parece que estuvieran listas para que, si siquiera alzo un dedo en dirección a la peliblanca, termine con un hoyo en el medio del pecho, como mínimo, si no es que en otro lado o con más de uno. La verdad es que no tengo ningún tipo de intensión de lastimarla o siquiera considerar en hacerle algún tipo de daño, ha sido muy amable (si quito la parte de la persecución con disparos como si fuera un animal de cacería, que siendo sinceros, tampoco puedo culparla porque, bueno, soy un intruso en su mundo y, en su defensa, podría ser un visitante no deseado del tipo hostil, ellas no lo sabían, solo protegen su mundo), y su rostro inspira confianza, de ese tipo de personas en quienes, a penas la conoces, en seguida te sientes cómodo.  En cuanta alcanzamos el vehículo, y aún con el claro descontento de las demás que nos acompañan, me hace una seña de que suba y, luego de que ella se acomode junto a mí sobre la plataforma, sin ponerse otra vez el casco, hace una seña y la que bajó primero y se subió antes, niega con la cabeza antes de agarrar los controles y hacer que nos movamos.  Me sorprende la forma en la que nos deslizamos, creí que necesitaría agarrarme de algo o que la fuerza del movimiento me haría caerme hacia atrás o, mínimo, dar un par de pasos en reversa, sin embargo, no fue así, ni siquiera noto la brisa, imagino que, al frente y quizás surgiendo del centro de mando del aparato, debe de haber algún tipo de campo de fuerza, o barrera invisible, que contrarresta el efecto del movimiento o nos cubre de su efecto, evitando que debamos mantenernos sujetos a algo.  También me resulta interesante la forma tan ligera en la que avanzamos, pues es rápida y, salvo por el zumbido, no hay un ruido real de motor. Tampoco pareciera que los vehículos emitieran cualquier tipo de gas o residuo, lo que me hace sentir curiosidad por la forma de su mecanismo de desplazamiento, por el motor que los impulsa a la velocidad a la que nos movemos. Entiendo por qué me alcanzaron tan rápido a pesar de haber estado lejos.  En tanto que considero todo esto, el deslizador literalmente se comió la distancia hasta el lugar al que deseaban llevarme y, antes de que lo note, ya nos hemos detenido y la peliblanca me indica que baje, cosa que obedezco para luego seguirla.  Frente a nosotros veo lo que parecen ser escombros y trozos de metal retorcido a los que no consigo encontrarles forma, incluso algunos están quemados y cubiertos por una especie de espuma blanca sólida, lo que me dificulta aún más el comprender qué es lo que estoy viendo. Solo el descubrimiento de un logo de un cohete sobre una estrella de ocho puntas en color azul y dorado, me ayuda a finalmente comprender qué es todo esto y por qué me trajeron aquí.  -Ésta era tu nave, ¿no es así? No puedo hablar, estoy en shock, ¿qué fue lo que pasó? ¿Cómo o por qué la nave terminó hecha semejante desastre? La voz suave a mi lado es quien me saca un poco de mis dudas, aunque no del todo.  -Vimos la nave entrar a la atmósfera y estrellarse aquí hace unas horas. Estaba prendida fuego y destrozada como la ves, por lo que tuvimos que apagar el fuego, por eso la espuma, es un extinguidor expansivo que, a medida que siente el calor del fuego, lo consume y lo utiliza para su crecimiento. Cuando más fuego hay, más grande crece hasta eliminar la amenaza por completo. La espuma puede retirarse luego sin que lo que está por debajo sufra daños, fue creada para extinguir incendios en lugares con maquinaria o circuitos que no podían ser humedecidos.  -Entiendo... -También encontramos algunas cápsulas con seres como tú en su interior, solo que ninguno estaba con vida. Todas estaban averiadas y creemos que eso causó que la animación suspendida en la que estaban fallara y ellos perdieran la vida.  -¿Cuántas? -¿Qué? -¿Cuántas encontraron? -Unas diez enteras, y otras más hechas pedazos ya de por sí. No estamos seguras de si no hay más destrozadas entre los restos cubiertos por la espuma. ¿Cuántas cápsulas había a bordo?  -Éramos cincuenta. -¿Y para qué estaban en esa nave? Ésta vez, quien habla no es la joven a mi lado, sino una de las que aún permanece de pie en el deslizador, que me mira a través de las ranuras de su casco de manera fija, como si me estuviera midiendo en tanto que espera mi respuesta para hacer lo mismo. Por un momento dudo, sin embargo, no es un secreto ni nada malo a mi parecer, solo intentábamos salvar a nuestra gente.  -Para una misión de colonización.  No obstante, contrario a lo que creía que ocurriría, en cuanto esas palabras atraviesan mis labios, puedo escuchar una aspiración súbita y cómo todas las armas vuelven a alzarse para apuntarme, haciéndome poner los ojos en blanco por la evidente malinterpretación de lo que acabo de decir. Ya me puedo imaginar lo que están pensando y me lo confirman en cuanto otra de ellas habla.  -¿Pensaban invadir nuestro mundo? No lo permitiremos.  -No, eso no es lo que quise decir.  -Entonces explícate, se más específico, o te tomaremos como un hostil y nos desharemos de ti. -No harán tal cosa, no ha hecho nada malo que justifique eso y no lo consiento.  -Esto es por la seguridad del planeta, no está a discusión.  -Entonces, podemos ver qué tiene que decir Su Majestad al respecto.  Puede que no tenga una vista clara de sus rostros, mas eso no me evita el poder imaginar el enojo y la amargura que deben de estar siendo evidentes en sus rostros. Prácticamente emanan la hostilidad hacia mí en oleadas, como si la expidieran por los poros de su cuerpo con la intención de ser una especie de golpe directo. La única a la que veo con el ceño profundamente fruncido, pues sigue sin ponerse el casco, es a la peliblanca, quien me acaba de defender por alguna razón que no entiendo, pero que agradezco aun así el que lo hiciera. Luego de largos segundos en los que nadie dice nada, ella parece satisfecha y se vuelve hacia mí. -Por favor, sé más específico, la situación resulta sospechosa y me gustaría poder comprender sin que haya problemas. No pareces un hostil, mas las apariencias engañan.  -Lo entiendo, y lo lamento, no quiero preocuparlas. La verdad es que, si soy completamente honesto, mi mundo agoniza, está prácticamente al borde de un apocalipsis, ya casi no quedan recursos y está tan contaminado que ya no es viable para que sea habitado. Durante miles años, la humanidad consumió todo cuanto pudo de lo que encontraba en la tierra y, aunque muchos intentaban crear consciencia de que eso no era algo bueno, que solo traería destrucción, nadie los tomó en serio a tiempo. Hace un par de siglos, el declive empezó a ser realmente evidente, y los que tenían las capacidades suficientes para intentar ayudar a la supervivencia y la "reparación" del planeta, hicieron cuanto pudieron para conseguir el objetivo, sin embargo, ya era demasiado tarde, no era posible, y entretanto que eso ocurría, la tierra seguía muriendo. Llegó el punto sin retorno en el que, los que realmente sabían del tema, entendieron que no quedaba más esperanza que intentar encontrar un nuevo lugar para establecernos para evitar nuestra extinción, evitando los errores del pasado, solo con la utilización de los descubrimientos sustentables del último par se siglos, los que no afectarían al nuevo lugar donde nos estableciéramos, y sabiendo que solo podrían envirar a determinados grupos de personas, aquellos que crearían un futuro mejor.  >>Buscaron en el espacio a través de satélites, naves y sondas, un planeta que tuviera las condiciones necesarias para nuestra supervivencia y hace casi un año, uno que se bautizó como HOMER-II fue hallado. Una nueva esperanza se formó y empezaron a construir, tanto la nave que nos trasladaría, como los aparatos que nos servirían para iniciar una colonia y a capacitarnos para poder sobrevivir en un planeta desconocido. Éramos veinticinco hombres y veinticinco mujeres, cincuenta personas en total para iniciar. En cuanto estableciéramos la primera parte de la colonia, supiéramos si el lugar era habitable más allá de sus condiciones climáticas, o sea, que había fuentes de alimento renovables y no perjudiciales, fuentes de agua y demás necesario para que prosperáramos, más personas vendrían, con más materiales de construcción y lo necesario para la supervivencia. Era ver por fin la luz al final del túnel, pensar en que ya no nos extinguiríamos como especie. Incluso se traerían animales que, en mi planeta, servían como ayuda a la humanidad, tanto en comida, como para compañía... Se trataba de un nuevo comienzo. Es evidente ahora, que eso ya no pasará, que algo salió mal, y que, muy probablemente, el futuro que se había construido frente a nosotros, ya no existe.  Se nota la amargura en mi voz al hablar, lo deprimente de la situación desde mi perspectiva, y es que, la oportunidad de ver un mundo verde, como el que se contaba en los libros que alguna vez existió en la Tierra y del que ahora no había siquiera un vestigio, con océanos limpios, aire puro y la naturaleza florecida, esa que tanto me había impulsado y con la que tanto me había ilusionado, había desaparecido de un plumazo, se había vuelto cenizas al impacto con éste mundo.  En algún punto de mi relato, no me di cuenta de que bajé la mirada al suelo, como si no quisiera que vieran la decepción dibujada claramente en mi rostro, mas una mano apoyándose delicadamente en mi hombro, me hace volver a alzarla, encontrándome con la mirada casi transparente de la peliblanca.  -Lamento escuchar eso, debe ser duro ser el descendiente de las generaciones que destruyeron tu mundo, sin dejar posibilidad de salvamento, creer que la esperanza ha vuelto y que ésta se destruya de nuevo, no puedo imaginar lo que estás sintiendo.  -Bueno, está eso, y también el hecho de que parece que, las otras cuarenta y nueve personas con las que pasé quizás el último año, ya no están tampoco. Mis padres murieron hace algunos años y no tuve hermanos, así que ellos se habían vuelto como una segunda familia para mí.  -Lo siento.  -Descuida, no es algo que pueda cambiarse, lo que pasó pasó y no es culpa de nadie, el hubiera no existe y solo queda seguir adelante. Tengo que pensar en qué haré a partir de ahora.  -Quizás Su Majestad pueda ayudar. -¡No! Esa contundencia en la negativa a la corta frase de la peliblanca me sorprende, tanto por la fuerza con la que es dicha, como por lo súbito de su exabrupto. Tanto ella como yo dirigimos la mirada a la que bajó primero del deslizador con anterioridad, y la encontramos bajando de él nuevamente, ésta vez acercándose rápidamente a nosotros y separando a la peliblanca de mí, casi de un empujón, como si nuestro contacto fuera algo malo o similar, y se interpone entre ambos, agrandando el espacio haciéndola retroceder mientras alza un arma similar a las que me han estado apuntando desde el principio, solo que más pequeña, del tamaño de una de mano, y la dirige directo a mi cabeza.  -Sabía que algo así ocurriría, dices que no eres un invasor, no obstante, tu mundo agoniza, tu r**a se extingue y de casualidad terminas aquí, diciendo que fue solo un accidente, seguramente para engañarnos y llegar hasta Su Majestad e intentar hacerle algún tipo de daño para poder tomar el poder. No pienso permitirlo.  Mi ceño se frunce ante sus palabras, porque ni siquiera se me hubiera ocurrido algo así, mas ella parece realmente convencida y no puedo entender qué parte de todo lo que dije fue la que la hizo llegar a semejante conclusión. Mi cerebro se detiene cuando veo la punta del cañón iluminarse y sé lo que eso significa.  Oh-oh...
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