Sin importar ni saber hacia dónde me dirijo, rápidamente me lanzo a la carrera para escapar, porque si ya de entrada han empezado a dispararme sin siquiera haberme visto, entonces no se trata precisamente de seres amistosos. No es algo que no esperara, la gente de la Tierra también siempre fue hostil con los visitantes de otros mundos. Incluso hace cientos de años, se contaban rumores de varios aterrizajes que terminaron mal y que, el gobierno de distintos países siempre negó su existencia y ocultó la evidencia, haciendo que surgieran cientos de teorías y misterios sobre los hechos y sitios como la mitológica “Área 51”, así que, si soy honesto, no es como si esto fuera muy extraño.
Aun así, desde que era niño, siempre quise conocer a seres de otros mundos, una de las razones también para haberme ofrecido al proyecto de colonización de HOMER-II, pero no precisamente de ésta forma. Quizás es por la manera en la que llegué, porque mi cápsula debe haber parecido un objeto extraño y quizás amenazante al ingresar al planeta. No lo sé, yo estaba completamente inconsciente, así que solo puedo especular, y bueno, ahora correr.
De todas formas, todavía no me recupero del todo, así que me siento un tanto aletargado, por lo que rápidamente me quedo sin aire, mi respiración es errática y, a pesar de que el oxígeno llega bien a mis pulmones, mis músculos se resienten y me cuesta avanzar. Se siente como si hubiera corrido ya una maratón y hubiera decidido volver a correr con muy poco tiempo de descanso. En pocas palabras, si no se me ocurre algo para escapar pronto, en cualquier momento van a atraparme.
Y con eso en mente, decido que, si no puedo correr, al menos voy a intentar ocultarme en algún sitio. Si me separo lo suficiente como para que no noten por dónde me voy, tengo una posibilidad real de conseguir encontrar algún tipo de formación o quizás una cueva donde pueda ocultarme hasta que se vayan. De igual manera, no sé si se irán rápido y, como buen curioso que soy, me intriga el saber por qué están realmente tras de mí, las hipótesis requieren una confirmación, sustento, y yo no lo tengo.
Un par de disparos se escuchan cerca y, recordando lo que le ocurrió a la roca con el impacto de uno solo, mi cerebro es espoleado a que salga de su estado letárgico y active mi cuerpo cansado, la adrenalina haciendo que siga adelante por más que me sienta como una gelatina en las piernas.
No estoy realmente seguro de cómo, sin embargo, en un momento parece que conseguí mi objetivo y me alejé lo suficiente como para intentar despistar a mis perseguidores, no obstante, doy una vuelta equivocada y termino directo contra una pared de roca, la cual me impide el paso. Cansado, pero con toda la intención de escapar, me volteo para volver a correr, mas no puedo, pues un grupo de cañones de arma están directamente apuntando hacia mí, haciéndome tragar con dificultad al ver que, desde las negras bocas, se nota un resplandor azul, como si de energía pura se tratara.
¿Eso es lo que provocó esos destrozos antes en esos impactos? Es fascinante, aunque no es momento para ponerme a analizar las cosas que veo, lo más probables es que, si no hago algo pronto, yo mismo terminaré como esa primera roca.
Así que, intentando parecer inofensivo con la idea de evitar que me hieran o maten, alzo las manos lentamente, mostrando que no llevo ningún tipo de arma; espero que, como en la Tierra (en su mayoría), no ataquen a alguien desarmado.
Un gruñido fuerte se escucha y las armas, si bien no dejan completamente de apuntarme, sí que bajan un poco, dejándome ver cuerpos enfundados en cuero y metal, aunque no lo que esperaba en absoluto: son mujeres… O eso creo.
Desde mi posición, puedo notar que todas son altas, diferentes alturas, sin embargo, no hay ninguna que pueda considerarse baja, calculo que la más pequeña debe medir cerca de metro setenta. Sus cuerpos son grandes, trabajados, puedo ver perfectamente las líneas de los músculos de sus brazos, piernas e, incluso, algunas zonas del abdomen, ya que llevan tops que tapan casi todo su torso, y pantalones ajustados a sus piernas, de un material que parece neopreno, aunque no estoy seguro de que lo sea, con placas metálicas por encima, separadas imagino para ayudar a la movilidad.
Sus cabellos, algunos aparecen por debajo del casco que todas llevan, la mayoría lo lleva sujeto, ya sea en una trenza o en una cola de caballo, salvo una que lo tiene suelto y se ven unos grandes bucles de un rubio casi blanco asomando por detrás y los costados bajos del casco. A las que no se les ve, imagino que lo llevan corto.
En cada vehículo, los cuales parecen una especie de plataforma con una computadora frontal para dirigirla que flota a unos cuarenta centímetros del suelo (más o menos), hay entre tres y cuatro de ellas, son seis en total, y la que parece estar al mando, se baja del vehículo para adelantarse al frente y observarme fijo a través de las ranuras para los ojos.
Ella suelta una especie de gruñido, el cual imagino que será un tipo de lenguaje que no entiendo y, al ver que no respondo, vuelve a hacerlo, ésta vez más fuerte, como si me estuviera exigiendo algo.
-Lo siento, no entiendo.
No sé si me comprenden o no, pero cuando me escuchan su cabeza se ladea como si me estuviera midiendo y se vuelve por un momento hacia una de las demás, la cual le arroja algo que no alcanzo a ver, cosa que ella atrapa en el aire.
Da un solo paso, cuando otro gruñido la detiene y voltea su cabeza para contemplar a la que “habló”, que no es otra que la que venía con ella, la de bucles casi blancos. Un par de gruñidos son emitidos entre ellas, como si estuvieran teniendo una conversación, una bastante acalorada debido al aumento de la intensidad y contundencia de sus gruñidos a medida que se van dando, hasta que finalmente, la rubia de quita el casco y observa a la que está frente a mí con un aire claramente molesto.
Su rostro me deja sin aire en cuanto queda expuesto: su piel ya había notado que poseía una tonalidad anaranjada, no lo suficiente como para parecer la fruta, mas sí lo necesario como para no ser considerado algún tipo de bronceado, pareciera más como alguien que consume mucha zanahoria o vitamina A, sus labios son de tonalidad obscura, del color del vino, su mentón es delicado y en pico, nariz respingona y para coronar ese rostro casi angelical, posee unos ojos impresionantes, con un iris tan claro que parecen ser diamantes, rodeados de abundantes pestañas un poco más obscuras que su pálida melena.
El contraste hace que todo resalte mucho más y que ella llame poderosamente la atención.
Finalmente se baja también del vehículo y se acerca a la primera, quien también se ha quitado el caso, revelando un rostro que denota una edad más madura que la de cabello casi blanco, con un rictus serio y una clara molestia en sus ojos a medida que la otra se acerca y se coloca frente a ella. Su mano, pequeña, aunque obviamente curtida y con unas curiosas puntas metálicas en tres de sus dedos, se alza hacia la otra como si esperara algo y pasan unos cuantos segundos hasta que, por fin ésta le entrega lo que sea que le arrojaron y la peliblanca se vuelve hacia mí, acercándose con cuidado como si intentara no asustarme.
No es precisamente ella quien me preocupa, porque, aunque las apariencias engañen, su rostro tan angelical me impide verla con preocupación o aprensión. En cuanto está a solo un par de pasos, se detiene y con calma, alza la mano ocupada, como queriendo mostrarme lo que parece ser una pistola, aunque mucho más tecnológica, con una pantalla en la parte superior y una boca ancha y fina, lo que me hace pensar que se trata de algún tipo de escáner.
Ella apunta a su cuello con el escáner y me muestra que, lo único que sale de él, es una luz violeta, la cual no ejerce ningún tipo de daño o herida en ella, para luego apuntarme a mí, como intentando decir que quiere escanearme a mí.
Si eso hace que dejen de perseguirme, entonces que lo hagan, lo que menos quiero es que me asesinen cuando apenas acabo de despertarme luego de quién sabe cuánto tiempo dormido en animación suspendida.
La peliblanca se acerca, ésta vez más confiada, y apunta hacia mi cuello, cosa que expongo mejor para su alcance, alzando un poco el mentón para estirarlo. No siento nada, solo escucho el sonido del haz de luz del escáner por un par de segundos y luego ya nada. Vuelvo a bajar la cabeza y la observo concentrada en el aparato: es un poco más baja que yo, le llevaré quizás unos veinte centímetros (mido metro noventa y cinco), y puedo ver la sima de su cabeza, los bucles se ven increíblemente suaves y me da mucha curiosidad por si realmente son como parecen.
Sus dedos presionan un par de botones y un sonido como una corta interferencia se escucha por un momento, antes de que sus ojos vuelvan a mí, se relama los labios y trate de hablarme otra vez. La diferencia es que, en ésta oportunidad, no son gruñidos los que escucho, sino palabras, palabras que puedo entender a la perfección.
-¿Ahora ya puedes comprenderme?
-Sí, de hecho, perfectamente.
-Excelente. En una explicación rápida, lo que acabo de hacer fue escanear tus cuerdas vocales, su forma de vibración y las conexiones que van de ellas a tu cerebro, para poder extraer tu idioma y así emplearlo en nuestro traductor. Tú nos escucharás como si estuviéramos hablando tu idioma, aunque no sea realmente así, y nosotras te entenderemos como si estuvieras hablando en el nuestro.
-Wow, eso es impresionante, traducción automática intra-especies a tiempo real con un simple escaneo a la laringe. Fascinante.
-Veo que tienes conocimientos avanzados.
-Se podría decir que soy un hombre de ciencia en mi mundo.
-Correcto, ¿y cuál es ese mundo y cómo llegaste hasta aquí?
-Provengo de la Tierra, y se suponía que estaba en una nave, iba en animación suspendida. No estoy seguro de qué es lo que pasó para que terminara aquí. Desperté hace poco, de hecho, aún estoy un poco bajo los efectos de la hibernación.
-Entiendo, ¿y cuál es tu nombre y qué eres?
-Bueno, mi nombre es Tristán Lowts, y viendo que son mujeres, no entiendo por qué preguntarme qué soy si es evidente.
-¿Por qué sería evidente? Eres el primer terrícola que conocemos, no veo la relación con lo que dices. Y no somos mujeres.
-¿Cómo que no?
-Nosotras somos Amazonas.
¿Amazonas? ¿Dónde he escuchado eso antes? Estrujo mi cerebro intentando saber de dónde me suena, mas no consigo alcanzar el recuerdo, cuando su voz interrumpe mi meditación interna.
-¿Me dirás qué se supone que eres?
-Bueno, de donde yo vengo, hay seres como ustedes y se las conoce como mujeres, como ya lo mencioné, y yo soy el género opuesto, soy hombre.
-¿Hombre?
-Así es…
Sus ojos se pierden en el suelo al tiempo en que las demás tras ellas empiezan a murmurar entre sí, como si lo que dije fuera algo completamente asombroso, increíble, mirándome de vez en cuando a través de sus cascos, como si fuera un bicho raro. ¿Qué demonios está pasando?
La peliblanca vuelve a centrar su atención en mí con sus ojos entrecerrados por un momento antes de hablar otra vez. Aunque antes solo eran gruñidos lo que salían de ella, ahora con el traductor, su voz suena mucho más dulce y melodiosa.
-Si lo que dices es cierto, tendrás que venir con nosotras, hay mucho que tendrás que explicar.
-Am… entiendo, pero solo hay un problema.
-¿Cuál es?
-Sigo sin saber dónde estoy ni qué es lo que pasó o dónde están los que vinieron conmigo en la nave o, puntualmente, qué le pasó a la nave.
Sus miradas se cruzan entre sí y parecen mostrar una mezcla de sentimientos como nervios y quizás compasión, ¿qué ocurre?
-Estás en Amazonia y, en cuanto a por los que preguntas… Será mejor que te lo mostremos.