Aquí tienen el capítulo de hoy, así que tengan un bonito día. Gracias a todos por ser pacientes conmigo y con las actualizaciones.
Feliz Lectura…
Bueno.
La cena con Dereck y su pareja fue de las mejores cosas que he podido hacer, en la cena me explicaron que la partera ya daba por muerto al bebé porque no se movía y sabía que eran dos. Por lo que ellos también se hacían la idea de que lo habían perdido, porque ambos no lograban sentir una señal de vida de parte del bebé que se movió con los ejercicios que le dije que hiciera.
Las sonrisas de ambos me hicieron saber que tal vez no sea tan mala en esto de ser Luna, no si puedo ayudar a dar a luz con las pocas clases que aprendí de mi madre. Mamá me dio todos sus concejos para fertilidad o para que un pequeño nazca bien.
Lo que me puso triste es que tuve que venirme a mi cabaña porque ya era hora de hacerlo, veo el lugar enorme en el que estoy y me siento algo triste porque se supone que Angus debería estar aquí y no lo está.
Veo una puerta que es a la que me dirijo para abrirla, al hacerlo veo que hay una cama enorme en el centro, dos lámparas de noche y lo que debe ser el armario, me dirijo ahí para ver qué es el de Angus. Todo está acomodado a la perfección, me regreso a la cama y me quedo profundamente dormida, el olor de Angus predomina en el ambiente por lo que me acostumbro al olor.
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—Anaya fue con la partera—dice Dereck mientras acomodo un libro de los que Angus tiene aquí—. Se sorprendió porque el cachorro se mueve.
Sonrío porque ese bebé va a vivir cuando nazca, y le dará dolores de cabeza a sus papás.
—Gracias Luna.
—No me agradezcas—le digo al terminar de acomodar—. ¿Qué te parece?
Escucho sus pasos hasta que puja porque no le parece el decorado que hice para los libros de Angus, niega despacio antes de decirme que debería mover uno a otro lugar.
Lo hago.
Queda mejor.
Un olor conocido aparece en el aire y sonrió porque sé que es Angus, así que sigo acomodando hasta que el olor es penetrante como siempre que está cerca.
—De verdad que le hacías falta al lugar—sonrío antes de pararme y darle un beso que es bien contestado—. ¿Cuánto te llevo hacer eso?—apunta a las cortinas que dan un paso más suave de luz.
—Unas horas, Dereck me ayudó a ponerlas—Angus mira a Dereck que le da una sonrisa débil—. Por cierto, ¿Para qué necesitas los lienzos en blanco que hay en el sótano?
—A veces me gusta pintar—asiento despacio—. Tengo los lienzos pero no hay nada interesante que plasmar en ellos.
—Tal vez encuentres qué—digo antes de tomar su mano y llevarlo a una de las salas que había vacías.
Tapo sus ojos para perfile a Dereck que habrá la puerta del que es su nuevo estudio de pintura. O su nueva zona de relajación, nos tomó casi toda la noche, y lo bueno es que si había forma de que los usará. Entramos con Angus riendo y diciendo cosas sin sentido sobre muerte y no sé que tanto, le quitó las manos de los ojos para que vea lo que hice.
—Harper.
—Lo bueno es que te gustaba lo que encontré en el sótano—digo despacio—. Sería una lástima que no te gustará.
—Un estudio de arte.
—Todo tuyo, puedes hacer lo que gustes aquí—tomo un pincel para dárselo—. Todos tenemos cinco minutos libres.
Me besa porque creo que le regrese un poco de la libertad que había perdido, pero es parte de mi trabajo como su pareja y Luna, mediar las cosas entre su deber y su vida, tal vez hay algunas cosas en las que necesitaré ayuda y unas en las que no lo ocuparé para nada.
—La luna me dio justo lo que necesito.
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—Puedo marcarte en un mes—trago despacio.
—No creo que resistas todo el mes—ríe despacio antes de jalarme a sus piernas—. Angus.
—No, pero será divertido ir conociendo tus niveles de placer—ladeó los labios antes de sentir un beso en el cuello—. ¿Cómo es tu patrón?—quita mi cabello para poder acceder mejor y yo hago lo mismo ladeando la cabeza—. Un beso… después una lamida… —y es cuando muerde.
Aprieto las manos contra el cristal de la mesa, vuelve a hacerlo un par de veces más y yo estoy ardiendo por dentro por su culpa, recargo mi cabeza en su hombro para dejar que haga conmigo lo que quiera. Una de sus manos se interna en mi pantalón de dormir para masturbarme y con la otra de sus manos jugar con mis pechos.
—Estás empapada—y lo siento.
Cierro los ojos mientras se divierte con mi cuerpo y con mi excitación. Uno de sus dedos entra en mí y mi gemido se escucha claro en el comedor.
Afuera nadie nos escuchará así que no me voy a privar de disfrutarlo. Abro más las piernas para que pueda hacer algo mejor con su mano. Llevo uno de mis brazos a su cuello para comenzar a moverme contra su mano y no me dice nada en está ocasión, sus labios siguen pegados a mi cuello, llevando besos húmedos y pasadas de lengua que me van excitando. Muerde el lóbulo de mi oreja robándome un gemido alto y claro.
Su erección la siento a la perfección contra mis nalgas, las mismas que muevo porque busco el placer en sus dedos. Tiene tres en mi interior mientras mi parte sensible está recibiendo su atención. Aprieta uno de mis pezones a la vez que penetra con sus dedos, me estoy haciendo agua en sus brazos.
—¿Así?—vuelvo a gemir—. Yo diría que sí.
—Angus…
—Dime Harper—Diosa.
No sé cómo logró sacar su mano de mi pantalón y quitar la que me tocaba los pechos, lo beso sin importarme una mierda si quiere o no, me ayuda a bajar su pantalón para que nuestras intimidades se rocen robando la un gruñido que suena animal.
—Sólo muévete sobre… —sonrío porque hago justo lo que desea.
Sus ojos están oscuros mientras que mi cuerpo se deja llevar y al hacerlo estoy comenzando a notar que lo necesito adentro. Estoy húmeda y necesito su m*****o adentro de mí.
—Angus…
Se levanta conmigo sobre su cuerpo y me lleva a la primer superficie donde me acuesta y acomoda para luego quitarse la camisa quedando desnudo frente a mí.
—No sabes el tiempo que desee tenerte aquí—se acomoda sobre mí para besarme los labios y hacer que mi cordura se pierda.
Mis manos las paso por su espalda para sentir la piel tersa y suave, que tiene mi pareja. Mis dedos se pierden entre el cabello n***o que está medio largo en este momento, pero no me importa. Diosa.
Rompo el beso para incorporarnos y quitarme la blusa junto con el sostén que me cubría. Angus gruñe despacio cuando quedó igual que él, me vuelve a besar antes de sercirse sobre mí para acomodar mi cuerpo con él sobre mí.
—¿Segura?
—Házme el amor, Angus.
Entra despacio en mi interior. Ni siquiera supe en qué momento lo hizo, sólo sentí su largo adentrarse en mí, y vaya que mi pareja es amable al volverse uno conmigo. Sus ojos demuestran la excitación y los míos deben estar igual porque la sonrisa en su boca es enorme.
—Estás apretada—gruñe con voz gruesa—. Maldición, eres estrecha.
—Angus.
—No ha entrado todo—me siento llena.
Hace el movimiento de hundirse más y de verdad que lo siento entrar tan profundo en mí que me siento en la gloria cuando el placer me recorre completa.
Sube mis piernas a su cadera para comenzar a moverse contra mi centro, mis manos las llevo a su cuello para sujetarme mientras se mueve contra mí. Ambos estamos gimiendo y él de vez en cuando gruñe mi nombre mientras su largo se pierde en mi cuerpo. Sus labios caen a los míos para robarme el aliento con cada exploración de su lengua en mi boca. Subo mis manos a su cuello para no dejar que se aleje de mí.
Llega el punto que son tantos los fluidos de ambos en mi zona íntima que no ocupa mucho esfuerzo para internarse en mí, pero con cada movimiento me siento cada vez más cerca del orgasmo. Aprieto mis manos en su cabello, antes de que baje por mi cuello para buscar un lugar al cual lamer y morder después. Sólo aumenta mi temperatura con cada movimiento.
El orgasmo me avisa que está a punto de llegar haciendo que mi vientre bajo se vaya preparando y que mi cuerpo comience a cansarse, y eso también pasa con mi pareja que va realentizando sus movimientos hasta que se vacía en mi interior totalmente.
—¡Angus!—grito sin pudor alguno.
—¡j***r!—cae rendido arriba de mí, pero cuidando de no dejar caer su peso sobre mí—. Carajo, fue mejor de lo que imaginé que sería
Sonrío antes de que me dé un beso en los labios.
—Vamos a la cama que quiero seguir la velada dándote placer.
—Creo que el sillón se presta—sonríe negando.
—Aquí fui cuidadoso—dice en tono ronco—. En la cama no lo seré, y créeme cuando te digo que vas a disfrutar más en la cama.
—Sal entonces.
Sonríe y sale de mi interior, camino con los fluidos de ambos entre mis piernas y siento que escurren por mi piel, no digo nada y mucho menos con Angus besándome el cuello con sus manos jugando en mis pechos mientras subimos la escalera. Sin ropa siento mucho más las cosas, y su pene pegado a mis nalgas mientras subimos me pone más deseosa y mucho más activa a tenerlo en mi cama.
Al llegar a la habitación abro la puerta para ser arrojada contra la cama donde no esperé que me acomode porque me penetra así.
—Angus.
—Toda la noche—y esa frase se vuelve nuestro sello mientras me tiene en posición de cuatro.
No sé en qué momento la cama se rompe de las patas sin que a Angus le moleste en lo más mínimo. La fuerza de ambos queda bien marcada en todos lados y más cuando nos giramos en el colchón para tener el control.
Además de que el colchón se rasga de las partes en las que ambos apretamos. Ambos nos venimos tantas veces que al caer el sol ya no teníamos fuerzas para seguir.
Que tengan una bonita noche.