¿Lo odio?, si por supuesto, desde el primer momento que escuche su nombre en la corte de mí padre, al intentar armar una estrategia que los llevara a la victoria, sentir la tensión en sus voces, me daba una visión de nuestra propia ruina, sentir como mi cuerpo temblaba ante su sola mención, mi vida antes giraba en torno a que esa pesadilla no se hiciera realidad, ahora el destino ha decidido cambiar el rumbo, mi vida depende de la suya, soy un tesoro de guerra y ese demonio es mi protector, él me ha robado mi noble título, arrastrándome con él al infierno.
—Apóyate en mí—Ordeno ayudándolo a ponerse de pie, está muy mal herido, Aurelio se aparta de mi bruscamente toma su espada utilizándola como bastón, creo que no le ha gustado saber que me debe su vida, es un necio.
—¿Dónde diablos está la guardia? Los decapitaré a todos—Su tono arisco erizo cada vello de mi cuerpo, temblé ante su afirmación.
—¿Qué debemos hacer? —Opal pregunta inclinándose ante él, Aurelio pone los ojos sobre ella, el abismo de su mirada ardiendo en ira es levemente suavizado.
—Debemos ir al pabellón de cristal, desde allí podré contactar con Hank—Asegura dando un paso hacia adelante que termina siendo en falso cuando su cuerpo no le obedece y se retuerce de dolor.
—Estás mal herido—Afirmo sosteniendo su pesado cuerpo, es increíble lo enorme que son sus hombros a comparación de los míos.
—No lo había notado Princesa—Responde con sarcasmo, avergonzándome.
—Estoy intentando ayudar—Le reprocho entrecerrando los ojos en su dirección bastante ofendida por su sonrisa burlona, es la primera vez que lo veo sonreír.
—Pues si no lo ha notado estamos solos, no tengo tiempo para sus comentarios seguro hay más de esos buitres esperando en las sombras—Recalca lo que todos intuimos, lo sé, y eso me mantiene intranquila, pero es imposible que lleguemos a un sitio seguro en su estado, ambos debemos tragarnos nuestro orgullo si queremos ver el amanecer.
—Y su orgullo hará que nos maten, déjeme ayudarlo—Le enfrento mirándolo a los ojos, ese infierno de oscuridad brilla ante mi atrevimiento, su sonrisa se endurece, lo piensa por algunos segundos que me parecen eternos ante su mirada cargada de prepotencia—Yo lo sostendré.
—Al fin ha encontrado su voz, Wisteria—Comenta con sonar abriendo su brazo para pasarlo por mis hombros, ese hormigueo cobra vida en mi estómago, su olor suaviza el de la sangre, siendo aún más intenso.
—No perdamos más tiempo—Pronuncio ignorando su comentario, lo veo asentir, y debo mantenerme firme cuando da el primer paso, su peso sobre mí es algo que no consideré pero ya no puedo echarme atrás, sorteamos la hilera de c*******s y puedo contar unos 20 hombres, Aurelio ha podido con todos ellos estando solo y herido, realmente este hombre ha nacido para la guerra.
Salimos de sus aposentos por una puerta oculta en la pared que nos llevó a un pasillo alterno, Opal nos guiaba con una antorcha por el diminuto corredor, podía sentir mi corazón latir a toda prisa, ya había vivido algo similar y esperaba no tener que repetir la misma historia, bajamos unas escaleras antes de dar con una puerta de hierro, Aurelio no se apartó de mí ni un segundo mientras Opal abría la puerta que nos llevó justo al jardín del palacio, mire a ambos con la confusión plasmada en el rostro, esté era su idea de lugar seguro, estamos perdidos.
—Opal—Dice su nombre como una especie de señal y ante mi escéptica mirada Opal apaga la antorcha dejándonos a oscuras, o eso creí, cuando la luz de la antorcha ya no está unos hongos comienza a luminar nuestro camino, estoy impresionada—Wisteria debemos seguir.
Me dice al ver que me he quedado ahí, sigo sus pasos guiado por las plantas que nos adentran en el inmenso jardín, oculto por los grandes robles se muestra imponente una torre, Opal abre la puerta para nosotros nuevamente, Aurelio se aparta de mí cuando se cierra la puerta tras nosotros, toma un arco y flechas que están en el suelo mientras Opal enciende las antorchas dejando ver el interior, por fuera es una simple cabaña pero al ver el interior es un fuerte de guerra.
—¿Qué haces? —Pregunto a manera de reproche al ver que intenta tensar el arco sin mediar sus heridas.
—Intento conseguir ayuda—Aclara intentando apartar mis manos del arco pero no se lo permito.
—Yo puedo hacerlo—Aseguro.
—Esto no es un juguete Princesa ¿Lo sabes? —Reniega obstinadamente sin soltar el arco, siento como sus palabras me retan, está seguro que fracasaré y voy a demostrarle que se equivoca.
—Lo sé—Afirmo sin un atisbo de duda arrebatándole el arco, para luego tomar las flechas del suelo.
—Bien, debes encender la señal de emergencia es un aro al norte en el pico del cerezo solo debes hacer que la flecha lo traspase—Me explica con cautela, asiento un par de veces caminando hasta las antorchas enciendo la punta de la flecha sintiendo el temblor de mis manos, si fallo sabrán donde estamos.
Respiro Profundo subiendo las escaleras del escondite, me acerco a un diminuto circulo que sirve como ventana, mira a través buscando entre todos el árbol de cerezo, doy con el y veo el aro en su pico, preparo la flecha elevando una plegaria, miro el aro tensando mi arco suelto el aire que contenía mis pulmones y suelto la flecha que pasa a través del aro encendiéndolo, lo he logrado, la señal se enciende calmando mis temores…
Bajo las escaleras corriendo, cuando sus ojos se posan sobre los míos las palabras no salen de mi boca pero él lo intuye puedo verlo en sus ojos, y en esa media sonrisa pícara aunque guarda silencio algo en mi interior siente orgullo, ¿Qué digo? No me interesa su aprobación.