Capítulo 18

1092 Words
Las sombras se apoderan del castillo al caer la noche. —Princesa abríguese por favor—Me dice Opal trayendo para mí un precioso chal vino tinto, tal parece que es su color favorito, mi corazón no ha dejado de temblar desde que Hank toco la puerta de mis aposentos, él ha pedido verme, quería estar a la altura de mi título así que le pedí a Opal que me trajera un hermoso vestido, su elección fue más que acertada un vestido carmesí que resalta mis ojos esmeralda—No podrá dejar de verla. —Eso espero, quiero toda su atención—Aseguro al sentir la mirada prejuiciosa de Hank sobre mí, ahora es su deber protegerme y sé cuánto le enferma eso. —No la mirará si lo hace enfadar, apresúrese—Me advierte con ese insoportable aire de superioridad, no me molesto en mirarle, dejo que Opal termine de aplicar el perfume sobre mi cuello, me levanto sintiendo que he renacido y no me permitiré caer de nuevo a las sombras. Nuestro camino a sus aposentos no pasó desapercibido, la servidumbre no me perdía de vista, seguro asombradas al ver las joyas que adornan mi cuerpo cortesía del Rey, se nota su refinado gusto por las joyas el rubí que reposa sobre mí cuello es el centro de un juego magnifico, a la entrada de sus aposentos aguardo con el corazón inquieto, cuando escucho su voz llamarme siento que algo revolotea dentro de mí. —Acércate —Me ordena, señalando gentilmente un asiento a su lado atiendo a su petición tomando asiento a su lado la brisa nocturna entra por la ventana meciendo mi cabello, reposamos en silencio por un momento junto al gran ventanal de sus aposentos que da la vista hacia la ciudad de Altemis, esa que está esculpida sobre las montañas. —Dicen que en las montañas llueven cristales—Digo luego de un momento recordando los cuentos que de niña mi padre me contaba cuando siento su mano sobre la mía, desvío la mirada avergonzada. —¿No has visto la nieve? —Cuestiona llamando mi atención, sus ojos me reciben con una chispa de curiosidad que me hace sonreír imaginado como sería ver la nieve a su lado. —¿Así le llaman? En mi Reino tal cosa no existe—Pronuncio negando con la cabeza, cuando sus dedos vuelan tomando mi mentón con gentileza. —Creí que mentían, pero ni toda la belleza de mi reino se compara a la tuya, estoy hechizado por tú mirada, permíteme mostrarte el mundo que he conquistado para ti—Confiesa acunando mi rostro entre sus manos, contengo la respiración, su rostro se encuentra tan cerca que me siento sofocada, no puedo evitar mirar sus labios carnoso hay algo en mí que anhela probarlos, cierro los ojos y nuestros labios se encuentran, el beso es cálido, gentil, como el rocío de la lluvia al mojar la pradera. —No debemos usted sigue mal herido—Le detengo cuando intenta tortuosamente inclinarse sobre mí, niega con la cabeza lamentándose, no soporto verle de esa manera, acaricio su mejilla tomándolo por sorpresa sonrío tratando de transmitirle algo de ánimo. —En esta condición no puedo hacer nada—Se queja golpeando con su puño uno de los muebles, el frasco que he ocultado en mi pecho parece arder pero contarini me advirtió que debía ser discreta, según él Aurelio se ha negado a recibir a los médicos, aguardo un momento y me sobresalto al oír golpes sobre la puerta. —Su majestad la cena está lista—Anuncia uno de los porteros entrando en la estancia haciendo una reverencia. —Pues Sírvanla—Ordena Aurelio con su habitual tono profundo, de un momento a otro varios sirvientes arreglan un pequeño comedor disponiendo de forma armoniosa cada platillo debo decir que la velocidad de sus movimientos es impresionante. —La cena está servida—Anuncia el sirviente dando por terminada su labor con una reverancia. —Déjennos a solas—Ordena Aurelio obligando a que todos se retiren incluidos los coperos, su intención es que no sean testigos de su condición, obstinadamente intenta ponerse de pie apoyándose del sofá pero lo detengo. —No se esfuerce—Niego tomando su brazo rodeo con el mis hombros y con un poco de su ayuda consigo que se ponga de pie lentamente caminamos hasta que consigue sentarse a la cabecera de la mesa, está es mi oportunidad, aprovecho la ausencia de sirvientes y me dispongo a servir nuestro vino justo a la Espalda de Aurelio rápidamente vierto el contenido del frasco en su copa y vuelvo a esconder el frasco en mi pecho, con las manos temblorosas me dirijo a él dejando su copa sobre el comedor luego tomo asiento frente a él al otro lado de la mesa. —¿Cómo ha sido Hank contigo? Si ha sido descortés solo dilo y lo reprenderé —Pregunta comenzando a probar la cena, sonrío al ver lo considerado que se ha vuelto conmigo no parece el mismo hombre frío que conocí. —Está demás decir que no le agrado, aun no entiendo su motivo ¿hace falta que él sea mi protector? —Explico con detalle, sin perder de vista su copa, es algo decepcionante pensar que aunque me preocupo por su bienestar Aurelio necesita a alguien que vigile mis pasos. —No es lo que crees, después de lo ocurrido necesito saber que estarás segura y Hank es el mejor guerrero del Reino sé que te protegerá a toda costa—Aclara tomando la copa en su mano, por alguna razón mi cuerpo se tensa cuando da el primer sorbo, guardo silencio esperando ver si surte efecto pero al verlo fruncir el ceño siento que algo anda mal. —¿Aurelio? —Cuestiono al ver que su puño choca con la mesa y se aclara la garganta de forma aparatosa, me levanto de la silla y voy hasta él me quedo sin habla cuando su mano atrapa la tela de mi vestido en un acto desesperado. —Wis…—No termina de decir mi nombre, sus ojos tiemblan angustiados al verme. —¡Hank, Hank! —Grito su nombre tan fuerte como puedo cuando la puerta se abre de golpe Hank entra corriendo a la estancia sus ojos se abren como platos al ver el rostro de Aurelio tornarse rojo mientras lucha por respirar. —¡Guardias! ¡El Rey ha sido envenenado! —Grita aturdiendo mis oídos ¿Qué he hecho? …
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD