Caí de rodillas cuando su cuerpo fue llevado hasta su cama, mis oídos estaban sellados, no quería oír lo que pasaba, no quería ver lo que había hecho, ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Acaso mi corazón no fue capaz de ver su maldad?
—¡¿Cómo pudo pasar esto?! —Grita Hank venciendo el alboroto que se ha formado, liberándome de mi trance, de alguna forma consigo arrastrarme hasta su cama sin ser realmente notada por alguno de ellos.
—Abre los ojos te lo ruego—Suplico, su rostro pálido me hace ahogar un sollozo, tomo su mano con urgencia alarmándome al sentir el frío de la muerte cernirse sobre él, yo no quería que esto pasara lo hice creyendo en que se repondría, la culpa quema mi pecho, sé que esto es por mí, y si muere no podré vivir.
—Apártese princesa—Me pide Merlot apresuradamente a mi espalda, le dejo el camino libre poniéndome de pie, me cubro el rostro con las manos deseando que todo esto sea solo un mal sueño, una pesadilla.
—Merlot tienes que hacer algo—Pido al ver que sus manos se mueven de un lado al otro buscando algo en su maletín cuando lo encuentra vuelve a poner su manos sobre el pecho del Rey y rompe su camisa dejando su pecho al descubierto, casi no respira, siento que yo tampoco soy capaz de hacerlo.
—Princesa no debe ver esto por favor—La voz de Hank me sorprende, sus brazos me envuelven haciéndome girar quedando frente a él, el peso que llevo es insoportable y sin que lo piense entierro mi rostro en su pecho dejando libres algunas de mis lágrimas, he cavado mi propia tumba.
—Su majestad—Repite Merlot una y otra vez extendiendo mi calvario, cada llamado es un estremecimiento que mi cuerpo sufre sin compasión.
—Él no puede morir—Me lamento en voz alta deseando que suceda un milagro, contengo la respiración cuando el silencio llena la habitación, siento que mi corazón se detiene ante la duda y en contra de las acciones de Hank consigo girarme cuando Merlot se aparta sus ojos profundos me llevan devuelto a ese abismo que ahora me reconforta.
—Wisteria…—Su voz rasposa me llama con dificultad, no lo dudo me acerco a él vacilante como si se tratara de un espejismo.
—Temí perderte—Confieso con las lágrimas nublando mi visión consigo tomar su mano que ahora me transmite algo de calidez.
—Nada me impedirá estar a tú lado mi Princesa—Asegura, utilizando mi mano de apoyo se sienta en la cama, mira por encima de mí, sigo su mirada encendida en ira hasta que me encuentro con la figura de Hank de pie ahí firme ante su Rey.
—Su majestad, me alegro de que esté bien—Pronuncia haciendo una reverencia pero la mirada de su señor no cambia al contrario está se endurece.
—Y te dices llamar mi amigo, ¡Casi muero bajo tú cuidado Hank! ¡No una sino dos veces! —Sus gritos resuenan por toda la habitación haciéndome temblar, mi voz se pierde al sentir que el miedo se apodera de mí, ¿Qué me hará si lo descubre? Pero no es justo que Hank cargue con una culpa que es mía.
—Los catadores probaron la comida antes cuando salió de la cocina es imposible que alguien burlara la seguridad—Se justifica con avidez pero eso no es suficiente, no para a placar la ira de Aurelio.
—¿Imposible? Es que tú arrogancia no te deja ver que has fracasado en tu deber, abre los ojos Hank—Le reprende levantando la voz, eso lo desgata haciendo que tosa un poco, eso vuelve asustarme.
—Aurelio, no sigas por favor—Ruego colocando una mano sobre su pecho.
—Su majestad, se equivoca algo está mal—Asegura mirando en mí dirección haciendo que un escalofrío recorra mi espalda, estoy segura que lo sabe, si lo dice Aurelio no me creerá seguro seré enviada al calabozo más profundo del castillo.
—¡¿Te atreves a cuestionarme?! —Pregunta Aurelio colérico apartando mi mano de su pecho en un movimiento brusco, no sé cómo detener esto, no quiero que esto continúe pero decir la verdad solo me llevaría al abismo.
—No es mi intención ser insolente, solo defiendo mi honor su majestad—Explica haciendo una reverencia al ver que realmente ha perdido el favor del Rey, esto parece que no termina, siento que no resisto tanta carga pero mi voz parece que se ha perdido entre los muros de este castillo.
—Sal de mi vista no quiero ver tú rostro—Ordena desviando la mirada, suelto un jadeo cuando su mirada café cristalizada por la vergüenza se cruza con la mía al ver que el Rey se niega a verle se retira con rapidez dejando solo al médico Real junto a nosotros—Tú también Merlot sal de aquí.
—Yo…—No sé cómo comenzar a decir, siento que las palabras se atoran en mi garganta, quizás también me pida que me vaya.
— ¿Tuviste miedo? —Pregunta acariciando mi mejilla, siento que mi estómago revolotea y por un segundo el miedo no me perturba.
— Yo no quiero perderte—Confieso derramando mis lágrimas sobre él, no puedo decirle lo que he hecho pero juro que Contarinni pagará por lo que ha hecho, no descansaré hasta ver que su cabeza ruede por traición.
—Y no lo harás, ven duerme a mi lado—Me pide apoyando su cabeza sobre la almohada invitándome a poner mi cabeza sobre su pecho lo obedezco y el suave latír de su corazón me hace dormír plácidamente.
***
El sol se cuela por las ventanas despertándome, por instinto busco a Aurelio que se encuentra justo a mi lado.
—Buenos días mi Princesa—Saluda con gentileza.
—Buenos días su majestad—Correspondo sonriendo ampliamente, dormir a su lado me aleja de las pesadillas, pienso en eso justo cuando escucho golpes en la puerta.
—Adelante—Dice Aurelio cuando las puertas se abren tiemblo de rabia, apretando los puños, están descarado para aparecer delante de mí después de haberme engañado, por su causa casi Aurelio muere, pero está allí con su sonrisa que se me parece siniestra el Conde Contarini.
—Buenos días su majestad—Saluda petulante intercambiando una breve mirada conmigo.
—Te he llamado para que asumas el puesto de Guardián del pabellón Real e informes a Hank de que será relegado a la guardia de la ciudad, no me decepciones—Anuncia Aurelio dejándome sin habla, la sonrisa del Conde de amplia satisfecho, esto no puede estar pasando es imposible…