Capítulo 20.

1057 Words
Me quede petrificada al ver su sonrisa espeluznante… —Por mi honor me esforzaré, su bienestar es mi prioridad—Juro con tal cinismo que me provoca nauseas, quiero decir algo, impedir que esto continué pero los ojos del Conde me miran de reojo con una complicidad que me enferma. —También estarás a cargo de la Princesa… —Ordena por último, en ese momento mi voz resuena interrumpiendo su orden. —¡No!—Al fin mi voz consigue su camino y se hace escuchar provocando que ambos hombres me miren, tomo una gran bocanada de aire antes de decir—Solo permitiré que el Márquez me cuide. —Le aseguro que soy lo suficientemente capaz de protegerla su alteza—Se inclina en una reverencia pronunciando con demasiada familiaridad sus palabras, me siento acorralada, debo encontrar la forma de decir la verdad sin que me salpique. —No podría confiar mi vida a alguien a quien apenas conozco—Niego, sé que es mis motivos son vagos pero no se me ocurre que decir que lo haga retroceder, la sonrisa de Contarini se oscurece en mi dirección al ver que no cedo. —No debe temer su alteza, le aseguro que incluso sus secretos más oscuros estarán a salvo conmigo—Insiste amenazante torciendo su sonrisa, mi cuerpo se estremece al oírlo, será capaz de decirlo, si lo hace estaría acabada yo puse el veneno en su copa nadie creerá en que lo hacía bajo su engaño y él lo usa justo para dejarme bajo su control. —Respetaré tu decisión, decide a quien creas conveniente—Aurelio me anima acariciando mi mejilla con sus dedos, quisiera que el pudiera salvarme en este momento pero sé que no lo hará porque no sabe la batalla que estoy librando. —Estoy bajo su cuidado Conde—Aseguro bajando la cabeza, me siento derrotada, quisiera llorar pero la ira bloquea mis lágrimas, le haré pagar está humillación con sangre. —Retírate—Ordena su majestad en un tono mecánico, estoy temblando por la ira que recorre mi cuerpo. —No quiero perderte —Confieso lanzándome a sus brazos enterrando mi rostro en su pecho luego que la puerta se ha cerrado y nuevamente estamos solos, sé no puedo esconderme eternamente pero me aterra la posibilidad—No me dejes. —No lo haré, no voy a dejarte eres parte de mi ser Wisteria—Confiesa siento que mi pecho arde, es imposible mirarlo a los ojos sin sentirme culpable, debo hacer algo no permitiré que lo lastimen. —Voy a protegerte, no permitiré que te lastimen—Aseguro apretando los dientes forman una línea con los labios, el sonríe lleno de ternura, sé que quizás él no me ve como una amenaza pero debo hacer lo que sea para mantenerlo a salvo. —No necesito que hagas nada solo mantenerte a salvo—Niega volviendo a tomar mi mejilla, contengo la respiración cuando siento su aliento sobre mis labios, cierro los ojos justo cuando su boca choca con la mía, es un beso dulce, suave, que me lleva al cielo. Cuando el sonido de la puerta nos obliga a separarnos uno de los sirvientes anuncia la llegada de un noble, en contra de mis deseos debo retirarme, al cruzar la puerta la sonrisa cínica de Contarinni me recibe, no le devuelvo la mirada en cambio me apresuro a llegar a mí habitación con él siguiéndome el paso. —¿Cómo pudiste engañarme así? —Cuestiono enfadada cuando ambos cruzamos la puerta de mis aposentos, detesto que su sonrisa siga intacta. —Pensé que no querría hablar conmigo—Responde con un tono relajado restándole importancia. —¿Qué crees que pasará cuando todos lo sepan? —Insisto buscando alguna pizca de temor en su mirada pero su calma es inalterable, estoy perdiendo el control. —Usted no se lo dirá, es inteligente por eso es que ambos conservamos nuestras cabezas en su lugar—Insinúa con soltura sentándose en el sofá, intento mantener firme pero el miedo me paraliza. —¿Está usted amenazándome? —Cuestiono con la voz temblorosa retrocediendo chocando con la cama pierdo el equilibrio cayendo sobre la cama, no puedo dejar de temblar al ver su mirada sádica. —No me atrevería, su ayuda fue muy útil para sacar a Hank de mi camino—Confiesa sonriendo ampliamente, pensé que su objetivo era Aurelio pero no me he equivocado, solo deseaba el puesto de Hank y lo ha conseguido por mí culpa. —No me siento bien, quiero ir al jardín —Pido con la voz en un hilo, Cntarinni asiente y se pone de pie pero en el instante que intenta tocarme palmeo su mano poniéndome de pie, me da asco, salimos de mi habitación y mientras caminamos mantengo la mirada en el suelo cabizbaja cuando de repente al final de la escalera escucho su voz, levanto la cabeza y sus ojos conectan con los míos a lo lejos no lo pienso. —¡Princesa! —Grita Contarrini a mi espalda pero no lo escucho y corro hasta que estoy delante de Hank, no importo lo que pueda pasarme, solo no permitiré que vuelva a salir lastimado. —¿Por qué ha huido así? Yo ya no soy… —No lo dejo terminar me cuesta hablar, mis pulmones arden de tanto correr pero no me importa de alguna forma mi voz consigue su camino. —Contarinni fue quien me ordenó envenenar al Rey y está es la prueba—Confieso haciendo que mi voz resuene por el lugar sacando de mi vestido el frasco, el rostro de Hank se descompone en una mueca de disgusto extendiendo su mano hacia mí, me cubro con los brazos esperando su golpe. —¡Maldito! —Grita, tomando a Contarinni del cuello lo estrella contra el piso impidiéndole que pudiera golpearme, suelto un jadeo al verlos revolcarse en el suelo, pronto más sirvientes se acercan pero no hacen falta Hank consigue controlarlo demostrando su gran fuerza. —¡¿Es que acaso no te importa tú vida?! —Grita Contarinni fuera de sí pero ya no siento miedo. —Cuando llegue a este palacio acepte que morir era mi destino—Respondo con tanta calma que todos me miran aterrados como si hubiera perdido la cabeza…
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