Capítulo 05.

1032 Words
El miedo a morir se esfuma, mi corazón se llena de decepción cuando mis ojos se abren lentamente cegados por la luz que entra por las ventanas, he sobrevivido, sigo encerrada en está jaula de hierro con un monstruo que promete devorar hasta la última de mis esperanzas de ser libre por fin. — ¡Princesa! ¡Que alivio! Nos espantó a todos—Opal se acerca velozmente dejándose caer a un costado de mi toma mi mano con la intención de besarla pero la aparto de inmediato, junto las cejas juzgándola con la mirada por su acto tan descortés, ella es doncella de ese monstruo no tiene derecho a besar mi mano, su mirada decae mientras yo solo desvío mi rostro hacia el lado opuesto—Haré llamar al médico. —Detente, ¿Dónde está tú Señor? —Cuestiono al recordar la razón de mis heridas, sé que no dejará pasar mi desobediencia así que no deseo su falsa clemencia, si va a castigarme que sea ahora. —Resolviendo asuntos del Reino pidió que se le informara de su condición y que sea atendida por el medico palacio, vendrá a verla apenas pueda—Responde con un tono formal, ahora su postura es rígida sus manos juntas en el centro de su regazo, inclina su cabeza impidiéndome que pueda verla a los ojos, lo correcto al ser la doncella de ese demonio.—No lo veré hasta que tú Señor venga a verme—Le hago saber apartando las sabanas con la intención de dirigirme a la sillas que están junto a la ventana para esperarle pero mis piernas fallan por las heridas que han dejado los cristales. —¡Princesa! Por favor no se levante—Me ruega tomando mi brazo impidiendo que mi rostro choque contra el suelo. —¡No me toques! Solo déjame—Pronuncio haciendo que mi voz retumbe por toda la habitación, ante su mirada inquieta me levanto con dificultad apoyándome de la pared camino hasta tomar asiento mirando por la ventana los prados verdes que me recuerdan tanto a mi hogar. —Sus heridas son graves, las velas la han quemado por favor permita que el medico la cure—Me ruega a mi espalda, siento como sus palabras le dan razón al ardor que escose mis brazos, esos que están cubierto ahora con vendajes de lino, no sé qué tanto podré soportar o si llegaré a verle pero si no es así solo me favorece, si no puedo escapar la muerte será mi salvación. —Ya me has oído, solo dejaré que me curen si tú señor viene a verme—Pronuncio manteniendo la mirada fija en el paisaje ignorando el dolor que azota mi cuerpo. —Como ordene, se lo haré saber a su majestad—Concede retirándose de la habitación, asiento, esperando pacientemente que la negligencia de este demonio me lleve hasta las puertas de la muerte, estoy segura que no hará ni un esfuerzo por cumplir con mi petición le falta corazón para sentir pesar por mí. Al mediodía con el sol en su cumbre una capa ligera de sudor cubre mi rostro, mi visión se distorsiona, la respiración se me ha vuelto una tarea un tanto dificultosa, siento que el ardor de mis brazos ha cobrado fuerza torturándome, me muerdo los labios ahogando los gritos que se aglomeran en mi garganta no quiero que nadie se atreva a detener mi dolor, que espero pronto sea un recuerdo en el paraíso. Escucho sus pasos resonar a los lejos, se acerca lentamente llamándome, cuando no consigue respuesta se impacienta rodeando la silla que nos dividía su rostro se descompone al ver mi estado, Pronto me toma entre sus brazos depositándome sobre la cama, no creí que vendría tan pronto, ha traído a un hombre de piel canela consigo que lo aparta en contra de su voluntad desatando mis vendajes con una habilidad impresionante, las heridas se han tornado de un rojo sangre que me aturde nublando mis sentidos no soporto verlas y termino perdiendo la conciencia. *** El calor de mi cuerpo ha cesado, la luz de las velas es más gentil con mis ojos, no así su mirada inquisitiva, verlo al despertar es una antesala del temor que me provoca y retuerce mis entrañas, está justo sentando en una silla a mi lado. —No te levantes—Me ordena con su habitual tono profundo paralizándome justo en mi lugar, no puedo contradecirlo así que solo obedezco esperando paciente su siguiente orden—¿Qué pretendías hacer? —Me niego a vivir de esta manera—Respondo tragándome el miedo que se asoma por mi garganta luchando por sostenerle la mirada—No soy un tesoro que puedas poseer. —Escucha con atención… —Pronuncia con la voz rasposa y profunda poniéndose de pie obligándome a buscar de nuevo el abismo de sus ojos que ahora parecen desprender fuego quemándome—Si no consigo dominarte, voy a doblegarte pero juro que conseguiré lo que deseo de ti. —Eres un monstruo, te detesto—Gruño presa del miedo al ver que está decidido a tomar de mí todo lo que su corazón codicioso desea, a utilizarme a su antojo sin compasión hasta que deje de resistirme, no lo haré lucharé hasta mi último respiro. —Eso no cambia que me perteneces—Responde sin inmutarse manteniendo una coraza que me es imposible de penetrar, mis palabras no son sufrientes para herirlo eso lo sé pero no cambia el coraje que siento al ver que no siente nada—Por ello Merlot vendrá a curarte cada mañana hasta que tus heridas sanen, lo haré yo mismo si te niegas. —No es necesario, lo aceptaré—Concuerdo, me provoca nauseas pensar en sus manos sobre mi piel, no le permitiré tocarme de nuevo, si debo escoger prefiero a ese hombre por sobre él. —Opal se quedará contigo está noche, vigilándote, no pienses que no sabré si intentas una locura como está de nuevo—Me advierte dándome la espalda, mi pecho se relaja cuando sale de mis aposentos pero su voz sigue resonando en mi cabeza como una melodía infernal…
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