La brisa fresca mese mi lacia cabellera rubia, me permito respirar profundo, deseando con todas mis fuerzas que ese viento fresco del sur me llevase lejos de los muros de este castillo, no había notado la pesadez de mis piernas hasta que di mis primeros pasos en el enorme jardín central que se deja ver imponente a través de una enorme cúpula que permite al sol abrazar a los árboles que nos brinda cobertura con sus grandes ramas, por más que lo intento no consigo ver el final de este jardín ¿Podría huir si solo me alejo del castillo?
—No se aleje demasiado, podría perderse—Me advierte Opal siguiéndome el paso de cerca cuando me aproximo al kiosco que se deja ver ante nosotras, tomo asiento contemplando la belleza que guarda el inmenso jardín, me cuesta creer que tal belleza pertenezca a ese demonio, el sonido de la naturaleza acaricia mi corazón con dulzura disipando algo de mi temor, mientras que el canto de los pájaros libres me hace sentir envidia, siento que mi corazón se estruja al pensar en mi familia y como he terminado en el olvido.
—¿Qué tan lejos podría llegar?—Cuestiono al recordar la presencia de Opal a mi lado, estoy decidida a dar mi vida por mi libertad.
—Tanto como usted lo desee lo de antes no es tan cierto si llega al final del sendero se encontrará con el ala sur del castillo ahí cualquier sirviente la ayudaría a volver—Responde con soltura mostrando una radiante sonrisa quizás piensa que me interesa recorre el castillo pero su respuesta solo me desalentó, esfumando una oportunidad valiosa, este jardín es solo otra prisión.
—Quiero recorre un poco el jardín—Le hago saber poniéndome de pie ocultando con todas mis fuerzas mi desaliento no quiero que sospeche de mis intenciones sería falta que Aurelio se enterará.
—Está bien, el Rey le ha dado su permiso así que es libre de recorrer cuanto quiera—Sus palabras producen que mi cuerpo se tense provocando un hormigueo en mis manos, es humillante saber que adonde vaya necesito su aprobación, me guardo mis palabras y con una inmensa necesidad de aire puro comienzo a seguir el sendero que sale del kiosco, acaricio la corteza de los arboles temblando cuando los recuerdos asaltan mi mente, ese bosque oscuro, gritos, sangre, muerte… No puedo, siento como su peso me oprime el pecho no puedo respirar.
—¿Se encuentra bien Señorita?—Cuestiona un hombre de ojos celestes sus facciones son delicadas y su… sonrisa es hipnotizarte mente encantadora, cortésmente me tiende su pañuelo, no me había percatado de mis lágrimas—Ahora veo que hasta los Ángeles pueden llorar.
—¿Ángel? Se equivoca—Respondo con la voz quebrada por las lágrimas, avergonzada por la penosa escena que ha presenciado esté agraciado desconocido.
—¡Princesa!—Opal grita detrás de nosotros aproximándose con rapidez seguida por los dos guardias que antes nos acompañaban, llega hasta dónde estamos y el joven debe apartarse permitiendo que Opal se cerciore de mi bienestar—¿Qué ocurrió? ¿Está usted bien?
—Hace un momento nos cruzamos por casualidad vi que lloraba y me he acercado en su ayuda, pero desconozco el motivo de sus lágrimas—Responde hábilmente el joven al ver que me cuesta hablar, aun siento que me falta el aire, ha captado la atención de todos en el lugar y los guardias permanecen a la expectativa es lo que percibo pero su aura es tan cálida que resulta atrayente es imposible no mirar en su dirección.
—¿Cuál es su nombre? —Cuestiono luego de unos segundos recobrando el aliento, me muestra una diminuta sonrisa que hace a mi corazón saltar, es extraño, pero me agrada su presencia.
—Conde Federick Contarinni es un honor ¿Señorita?—Responde haciendo una reverencia toma mi mano y la besa enviando corrientes por todo mi cuerpo, es extraño la forma en la que mis ojos siguen todos sus movimientos.
—Princesa Wisteria Aileen Roosevolt, el placer es todo mío—Correspondo a su saludo cordial con una leve reverencia tomando el borde mi vestido, es un hombre noble no me sorprende su porte lo demuestra.
—Es hora de retirarnos, con permiso Conde Contarinni—Opal me toma del brazo con ímpetu a legándome del conde con insistencia.
—Espero volver a verla—Pronuncia con dulzura, mis ojos le observan mientras soy arrastrada lejos de su presencia, nunca había escuchado ese tono irritado en ella, es como si le molestara que nos hubiéramos visto, me hizo dudar de si había actuado de forma inapropiada delante de él tanto que provocará que ella me hiciera volver a mi habitación de esta forma tan abrupta.
—¿Quién eres para hacerme volver de esta manera?—Interrogo caminando de un lado al otro en la habitación, frustrada al verme encerrada en estás cuatro paredes, ella me mira y avergonzada agacha la cabeza guardando silencio—¡Respóndeme!
—Lo siento pero nadie debe saber de su presencia en el palacio, son órdenes—Responde con la voz temblorosa y la mirada en sus zapatos, su respuesta me deja helada, había esperanza de que mi Reino no estuviera perdido, por ello me esconden.
—¿Es esa la razón de que estoy siento custodiada? —Interrogo, necesito encontrar la forma de enviar un mensaje, hacerle saber a los míos que aún estoy con vida y que la esperanza aún puede relucir sobre nosotros.
—Es por su seguridad Princesa—Concede levantando un poco la mirada, solo para ver que mis ojos brillan, una puerta se ha abierto ante mí, solo necesito encontrar al aliado correcto que me ayude, su rostro viene a mi mente, son completamente distintos, seguro él podrá ayudarme si soy capaz de hacer que vea mi sufrir seguro su corazón es tan noble como su mirada celeste…