Capítulo 02.

1039 Words
No quiero morir… No debo morir aquí. La carreta en la que estamos huele a sangre y a podrido, siento nauseas, ellos se han negado a oír mis palabras en cambio nos han atado las manos y cubierto los ojos para así llevarnos en su carreta de bandidos, ellos son tres y están armados, en estas condiciones es imposible hacerles frente, solo necesito una oportunidad para huir de ellos. —¡Descansemos!—Gritan sobresaltándome, el carruaje se detiene, los dioses han escuchado mis plegarias. —Estoy cansada, este olor es insoportable quiero bajar—Digo tan fuerte como puedo esperando que alguno de ellos pueda escucharme y atienda mi petición. —¡Bow, no la escuches! Ya no está en su palacio alteza —Grita uno de ellos con un tono burlón, negándose a mi pedido, no creía que fueran tan descorteces con alguien de la familia real, en mi palacio no tardarían en ser castigados. —Solo quiero tomar aire, por favor—Le hago saber con un tono suave a quien responde al nombre de Bow, es humillante tener que bajar la cabeza pero no me queda de otra, Amara y yo no podemos quedarnos más tiempo con estos criminales. —No hacemos favores a nuestra mercancía—Responde cortante en un tono insultante dejándome helada al escuchar que nos ha llamado “mercancía”, estos bandidos planean intercambiarnos por un par de monedas de oro. —Si no nos dejan ir te aseguro que serán castigados, y no serán condescendientes al pensar en su castigo—Aseguro amenazante al pensar en que no dejaré pasar esta ofensa, y seré clara al pedir que sean enjuiciados por esto, los criminales como ellos no son bienvenidos en nuestro Reino. —Apuesto a que sí—Contraataca insolente golpeando la carreta sobresaltándome, su risa rasposa que me hace gruñir al ver que me ha tomado el pelo. —Princesa por favor, es mejor que no los haga enojar podrían lastimarla—Me ruega Amara, su voz temblorosa estremece mi interior, ella conoce de lo que son capaces estos hombres sin honor mejor que yo, hace ya mucho tiempo mi padre rescato a su familia de bandidos como estos cuando ella era una niña luego la puso a mi cuidado. —Estos bandidos no decidirán mi destino, debemos huir—Afirmo removiéndome en mi lugar pero las cuerdas me lastiman la piel, son unos barbaros al atar a una princesa como si fuese un animal. —No desespere ellos podrían oírla—Insiste en sus suplicas cuando un grito llama nuestra atención, el choque de las espadas no se hace esperar, está es nuestra oportunidad. —Han venido por nosotras—Digo esperanzada poniéndome de pie. —¡Es el ejército de Carvelez!—Grita la voz de Box, ese es el reino de nuestro enemigo, nos han alcanzado, no puedo dejar que me capturen, eso sería peor que ser vendida. —¡Princesa corramos!—Grita Amara quitando la venda de mis ojos, ella se ha liberado de las cuerdas, sus manos están llenas de sangre, se ha hecho daño pero lo ha conseguido ahora debemos salir de aquí. Box junto con los demás se apresuran a entrar en la carreta para huir de ellos, al vernos salir de la carreta Box se apresuran a abalanzarse sobre Amara pero ella lo esquiva con una velocidad que me deja impresionada dejando que caiga sobre el suelo justo a mi lado, ella me ayuda a bajar ya que no hemos tenido tiempo de desatarme. —Malditas—Gruñe tras nosotras uno de los tres bandidos que nos han raptado. —¡Princesa corra!—Grita Amara protegiéndome cuando el bandido desenfunda su daga, mis pies pegados al suelo, al ver como ese hombre desalmado atraviesa la piel de mi doncella que suelta un grito estrangulado cuando el aire vital deja su cuerpo. —Tú vales más que ella—Asegura tirando el cuerpo de Amara al suelo, su ojos carentes de todo brillo vital me hacen salir del trance, echo a correr, con las lágrimas nublándome la visión corro tan rápido como puedo escuchando los pasos grotesco de ese desalmado tras de mí, mi corazón retumba en mis oídos siento que el aire deja mis pulmones con cada paso que doy, lo escucho gritar, miro por encima de mi hombro y sin querer tropiezo, se desvanece la tierra bajo mis pies caigo en una fosa llena de agua, mi vestido mojado no me permite salir a la superficie, me quedo sin aire cuando el agua me cubre por completo. Lucho por salir a la superficie pero mis esfuerzos son en vano, solo mis piernas no son suficientes, me quedo sin fuerzas para cargar con el peso de mi propio cuerpo, el aire se escapa de mis pulmones sin que lo consienta, la oscuridad me arropa sin compasión, me rindo al ver que mi cuerpo es arrastrado cruelmente al fondo, mis rodillas chocan con el fondo de está fosa, que promete ser mi tumba, me rindo esperando que la muerte me reúna con mi seres queridos… Tengo una visión, la luz de la luna ilumina la figura varonil de un noble guerrero que se acerca a mí, despojándome de mis ataduras, me libera, sus ojos negros infinitos como el cosmos miran los míos revitalizando mi ser, sus labios carnosos reclaman los míos sin permiso junta nuestros labios, la calidez de ellos hace latir mi corazón pronto el aire vuelve a mis pulmones, sus brazos rodean mi cuerpo llevándome consigo a la superficie. —Traigan algo para cubrirla—Grita el hombre de piel acaramelada, su voz es como una melodía celestial para mis oídos, pero mi cuerpo ha comenzado a resentirse, me cuesta mantener la mirada fija en su magnética figura. —¿Qu-Quien eres tú? —Pregunto con el ultimo atisbo de mis fuerzas, llamando su atención, sus ojos se encuentran con los míos y su expresión tétrica me hace ser consiente del frío que me hiela los huesos, cortándome la respiración. —Aurelio Dor Raverscroft—Responde, su voz áspera llega a mis oídos justo cuando mi cuerpo ha dejado de responder, estoy en brazos de mi enemigo…
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