Habiendo concretado un cambio transcendental en mi vida religiosa, sentí que una pieza del inmenso rompecabezas de la vida, comenzaba a tomar forma cuando la tarde de 19 de Diciembre del año de 1999, asumí aceptar bautizarme en la iglesia dónde los Misioneros que tuvieron la oportunidad de enseñarme la senda correcta, y que dentro de mi sentí la verdad pura e ilustrada como jamás la conocía, sentía y que habían muchas cosas que no me habían dicho y tenía que seguir conociendo más sobre esos relatos fabulosos de cómo el mundo y sus pecados fue canjeado por un ser lleno de amor.
Venia la parte más personal. -Y es que a mi señora esposa no sabía que había cambiados “Mis hábitos religiosos.”-
De regreso a casa desde la capilla donde pacte convenios con el Salvador, me dirigía a mi casa con mi vehículo tracción sangre: -Mi bici- Mi bicicleta, mi transporte único y practico con el que me movilizaba por todo el pueblo, sin que me preocupara por algún desperfecto de motor o falta de gasolina, además una excelente manera de estar en forma, pero también experimente casos fantásticos sobre ella, cuando en una ocasión me quede dormido. - ¡Así mismo es! dormido manejando la “Bici”-
Fue una noche de paseos y relajados con mi gran primo y amigo Carlos Torres, a quien llamábamos por apodo - “Paito”. - mecánico experimentado en ese oficio por herencia de sus padres y tíos, nos dirigimos a las adyacencias del terminal de pasajeros del pueblo, donde se estaba llevando un bingo bailable a beneficio de alguien que necesitaba una operación, esa noche en nuestros vehículos de dos ruedas hacíamos recorridos y nos estacionábamos en puntos donde se podía apreciar los invitados como se divertían, bailaban y bromeaban mientras degustaban sus bebidas, ya entrada la medianoche y algo más, me entro un apetito voraz, aprovechando las dádivas y buenas intenciones mi buen primo Paito, le pedí me brindara la cena de medianoche en un lugar de la población muy popular que se conocía como ‘Las Cuatro Bocas’.
Lugar donde llegaban los viajeros por estar en la vía principal, ofrecían las mejores parrillas de la zona, abundante y deliciosa; nos enrumbamos -que significa que uno está pasándola bien en una fiesta, pero en este caso, quise decir nos emocionamos- hasta allá solicitamos un par de esas maravillosas parrillas y mientras nos contábamos todo lo ocurrido en nuestros quehaceres diarios, hablábamos hasta por los codos, cuando llegaron las parrillas, nuestras lenguas se desconectaron de manera automática, -Sería el hambre que tenía- pero me parecieron las mejores del mundo, hasta que no quedo nada en los platos, fue tan especial que enseguida mi cerebro me daba una orden diferente, por la hora me invadió un terrible sueño, aun nos faltaba camino por recorrer hasta nuestras casa.
Quede como dice el refrán: “Como hijo de cocinera.” -son dichos y refranes muy populares en Venezuela-
Nos dispusimos a continuar el camino a nuestros aposentos, pero paso algo inaudito, gracioso y poco creíble, mientras conducía mi mente proyectaba recuerdos del día como un recuento o un resumen y el mundo exterior se desapareció en esos instantes, ni siquiera escuchaba la continua plática del primo, quien acelero el paso mientras el mío disminuyo y lo que me hizo entrar a la realidad fue una sacudida que experimento mi Bicicleta que termino estrellándose contra la cerca de una Estación de Flujo, una instalación de la empresa petrolera en la vía.
¡Qué horror!
Me había dormido manejando la Bicicleta de camino a casa.
Cuando abrí mis ojos, me vi rodeado de vegetación tendido en el suelo, mientras apreciaba un cielo estrellado, me sentí como un personaje de caricatura, aun no salía de mi asombro, cuando sentí llegar a mi primo quien, con su también sorpresa de verme tendido en el suelo, me pregunto -Y claro al decirle no dejo de reír por un buen rato- me propuso que, para despabilar el sueño, pedaleara fuerte para que el sueño no me atacar, al rato el salió delante, mientras me incorporaba.
Hice lo que me dijo pedaleé con lo que me permitía mi descomunal sueño, recuerdo que incline mi mirada al suelo por segundos, -Es lo que yo creía- cuando nuevamente sentí la sacudida de mi Bicicleta, pero esta vez en caída libre, pues había caído en una zanja como especie de un caño cubierta por maleza, nuevamente me vi tendido sobre la vegetación con la vista fija en el firmamento, ahora mucho más desubicado porque de verdad no sabía ni siquiera donde estaba, no me quedo de otra más que gritar pidiendo ayuda para ver donde estaba mi primo, use el silbido para que me ubicara; lo sorprendente es que comencé a escucharlo a él, muy lejos desde donde me encontraba.
¡VAYA NOCHE!
Una ridícula historia increíble para la posteridad.
-Pero cosa que vale la pena contar, a veces nuestras tragedias suelen ser graciosas después de que miras atrás. A mi hija mayor cada vez que le cuento está historia o lo hago delante de ella, no para de reír.-
A la llegada del primo, me ayudo a salir del hueco donde había caído, agradecí al Padre que no estuviera lleno de agua como habitualmente se mantienen esos lugares.
En fin, con ese nuevo susto el sueño tomo otro rumbo, y nos quedó reír por todo el camino, mientras el primo me insistía que él contaba eso y nadie le creería, fue una noche como ninguna, mas experiencias de un par que salidas cada noche en Bicicletas a ver dónde estaba el entretenimiento del pueblo para salir de rutina, y termine siendo el entretenimiento de esa noche.
-Volviendo a mi Experiencia Religiosa-
Había algo que resolver: ¿Cómo se lo diría a mi esposa? ¿Y que respondería cuando le diga mi cambio de hábitos?
Así que, al llegar a casa no tardo en notar un cambio en mí, pero no de actitud, sino que mi cabello estaba mojado por la ordenanza de la inmersión y pues, me ahorre algunas explicaciones, así que fui directo y le dije que me había bautizado en la iglesia a la que los Misioneros me habían invitado, por lo que ella me recrimino por no haberle dicho antes, -Y es que podría adivinar su negativa si se lo manifestaba antes y tal vez jamás lo hubiese hecho- pero bueno las cosas de Dios, son solo de Dios, y el sabe cómo suceden las cosas, pues es Dios.
A final de todo, algún par de meses después le tocaría saber lo que yo aprendí y la decisión que tome, pero deje que fuese ella quien lo descubriera, al sí le dije, que según lo aprendido de que es el libre albedrío, el hecho de ser su esposo no me permitía obligarla a seguirme en ese camino; seria ella quien descubriría porque tome esa decisión.
La estrategia, la aplicaron los misioneros que me enseñaron a mí, y al cabo de unos [4] cuatro meses, ya estaba ella aceptando convenios con el Salvador a través de las aguas bautismales, había recibido el mensaje en su corazón y sin mucho protocolo, pues había experimentado un cambio en su corazón, supo y conoció la verdad de la cual ella tomó su propia decisión, ya era parte del club de aquellos que experimentamos nuestra propia respuesta personal, una invitación especial de la cual solo el que busca hallará, y solo el que pide se le concederá.
¡ENHORABUENA!
Bienvenida a la verdad, esposa mía.