CUANDO TU VIDA RECIBE UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD (Parte I)

1102 Words
En una oportunidad comentaba sobre un incidente que casi me costó la vida, cuando en función de mis labores como bomberos por allá en año de 1995, atendiendo una comunidad que se encontraba damnificada por inundaciones, ocurridas tras grandes precipitaciones pluviales, en la zona; tuve el infortunio de caer en una alcantarilla rota sobre la acera de la calle, quedando atrapado hasta el cuello, lo que evito que pudiera morir ahogado fue mi brazo izquierdo que se incrusto en el borde del hoyo donde ingresaba las toneladas de agua residual de lluvia. Este fue el primero de mis anécdotas, donde pude tutearme con la muerte. Para Marzo del 2003, trabajaba para las contratistas petroleras, por periodos cortos, pero eran constantes las contrataciones, también estaba de estudiante universitario en la localidad donde labore como bombero en el tiempo mencionado; afanado en mis rutinas diarias, el ir y venir cada día, una noche de esas, comencé a sentir síntomas anormales en mi cuerpo, desconocidos aun para mí; y algunos espumosos vómitos que me hicieron visitar al médico, como era de esperar de los médicos; no había algo concreto en los diagnósticos más que indagaciones, colitis, faringitis, y algunas otras cosas que llevan “ITIS”. Y como para no lidiar con mi caso, me aplicaban algún analgésico, que solo me calmaba por algunas horas, más tarde volvería el mismo dolor y molestia, tuve que bregar con mi dolor y así mismo laboraba y asistía por las noche a la universidad, en los días sucesivos, me topé con una médico cubana, estaban recién debutando en nuestras localidades, y le pregunte sobre mi caso, esta médico, con cierto recelo me dijo que no podía darme un diagnóstico acertado hasta no recibir una evaluación hematológica completa, para así poder dar con mi problema, mas sin embargo su experiencia le hizo saber y con mucha convicción, me aseguro que lo mío podría ser una “Apendicetomía”. Me retire del sitio donde residía la galeno extranjera, aun escuchando detrás de mi sus palabras sobre que no me aseguraba lo concertado por no tener un examen de laboratorio, pero podría asegurar que tenía lo que ella decía, con resignación llegue a casa con un dolor aún más fuerte que los otros días, optando por volver al centro asistencial, con el mismo protocolo que la pasada visita y nuevamente el analgésico para ocultar el dolor, tal vez para no ahondar tanto sobre mi caso, -Excelente vocación del galeno- ya tenía alivio por unas horas más, esa misma noche; a unos tres días si más recuerdo desde mi primer dolor, tome el autobús que nos llevaría a la universidad. Al llegar a la sede universitaria, comencé a sentir mayores síntomas: mi estómago mucho más pesado, escalofríos con mucha sudoración, casi no podía mantenerme en pie, casi estábamos finalizando las horas educativas, me toco esperar en la plazoleta de la universidad, el transporte que iría a mi pueblo, por reglas del Centro de estudiantes, ningún autobús podía marcharse hasta tanto no llegaran todos los que distribuirían a los estudiantes en los diferentes municipios, el nuestros se había atrasado y debido a la molestia intensa que mantenía, me subí a otro autobús para poder descansar mientras el nuestro llegaba.  Sentí que había caído en un ligero sueño, cuando repentinamente un dolor muy agudo y penetrante me irrumpió el descanso, sentía que algo me quemaba por dentro y estaba empapado de sudor, las primeras en notar mi malestar fueron unas compañeras que se alarmaron al notarme pálido como un papel, todo sudoroso y casi sin respiración, fueron ellas las que tomaron la iniciativa de pedir al chofer de un autobús me trasladara al hospital más cercano, pero el resto de los estudiante no querían dejar salir  vehículo, hasta tanto no llegaran todos los transportes, entre peleas de las mujeres y el resto de los estudiantes, había transcurrido unos diez minutos hasta que llego el último de los buses. De inmediato abrieron los portones y el autobús con la destreza del conductor, salió, cual imitación de ambulancia, solo faltaba el ulular de una sirena, alcance a ver la preocupación de algunos paisanos y me di cuenta que nos estaba muy bien, el bus ingreso por el área de emergencias del hospital, enseguida las poderosas mujeres me levantaron en peso junto a unos pocos “machomen” que tuvieron la voluntad de apoyar la causa, me dejaron en una camina en la sala de emergencias y antes de irse le pedí a una de ellas que me permitiera llamar a casa,  eran algo más de las 10 de la noche, pues sabía que esa noche no volvería, con mucha calma le explique a mi esposa mi condición. Le pedí que no se preocupara todo estaría bien, para que no saliera a esas horas buscar algún taxi que la trajera hasta donde estaba, porque estaba totalmente seguro que lo haría, ella  es una gran guerrera del hogar  creo que el vago soy yo, lo reconozco, en fin; pude convencerla que no se movilizara hasta el día siguiente ya que con estaba siendo atendido, es lo que creí cuando llegue al hospital, me recibió un médico joven con cierto mohín delicado y algo tosco en su comunicación, como si atender a las personas para el fuese una carga muy pesada, como era de esperar; opto por colocar analgésicos para el dolor. Esta vez los efectos fueron menos perdurables ya mi preocupación iba en aumento, quede en observaciones como para saber cómo evolucionaría luego del pinchazo, pero allí quede en ese pequeño cuarto solitario frio y desesperado por saber de mi familia. Mi dolor cada hora se volvía más insoportable, y pasada la medianoche; llego el delicado doctorcito a proporcionarme otro pinchazo, así él podría irse a dormir unas horas más, que no le resulto puesto que comencé a insistir en mis dolores y en vista de esa insistencia, me dijo que debía ir al laboratorio para realizarme unos análisis de sangre; tal vez si aprendió algo en la facultad de medicina, podría dar con mi caso. Lo mire con cara de dolor, que por cierto  verdadera cara de dolor, le dije que no podía levantarme, que al menos me ofreciera una silla de ruedas, su respuesta me perturbo cuando de manera descarada dijo que me levantara y que así sea arrastrándome debía ir al laboratorio hacerme el análisis,  fue lo que hice; casi arrastras llegue al laboratorio del hospital me tomaron la muestra y de nuevo el calvario de regreso, el recorrido no superaba los 15 o 20 metros tal vez, pero me pareció un kilómetros.      
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD