Esa misma noche, luego de volver casi arrastras del laboratorio para la dichosa muestra de sangre, ingresa un jovencito a quien dejan en la misma habitación donde yo estaba, al parecer tuvo una caída que le ocasiono una lesión craneoencefálica, estaba tranquilo pero lo dejaron para observación; mientras, no deje de retorcerme del dolor que me agobiaba, fue tan intenso y constante que el niño se percato que no estaba muy cómodo donde estaba y me ofreció una almohada para que intentara descansar, -¡Voilá! - me resulto la almohada, pude conciliar un poco el sueño, el trajín, el dolor y la incertidumbre me derrumbaron enseguida, mas la cómoda almohada me dieron un respiro.
Ya para el amanecer, me devuelve a la realidad el “Doctorcito desubicado”, esta vez acompañado de una linda doctora que le miraba como me despertaba dándome ordenes de ir hacerme un ecograma para saber qué es lo que tenia, le insistí en mi condición y de una vez me replico que para eso tenía familia, la medico que le acompañaba enseguida reacciono al notar que sobre mi cuerpo había un papel que se suponía era los resultado del bioanálisis que me hicieron en la madrugada, y con un gesto de preocupación le indico a su colega que los valores que arrojaba las muestras no eran para nada normales.
Se trataba lo que la medico cubana en una oportunidad me manifestó acertadamente, tenía una Apendicetomía, hace horas mi apéndice había explotado y debía estar por supuesto, hace horas en un quirófano, lo que sorprendió muchísimo al desorientado galeno de urgencias, se retiro por un buen rato lo que me permitía tratar de conciliar sueño, y casi para dormirme, me sobresalte cuando lo escuche de nuevo, esta vez me dejo una lista inmensa de cosas que debía comprar para ser operador, lo que me molesto muchísimo y le dije que si no se sentía en capacidad, que llamara otro medico o me dijera como hacerlo y yo mismo me operaba, le molesto mucho y se retiro.
En esta vida cuando aceptas a Cristo en tu corazón y procuras hacer el bien, el señor te resguarda de cualquier cosa de acuerdo a tu fe. Ya amanecía cuando llego mi esposa y mi cuñado Beto, les di los pormenores del caso y no sabía si la molestia era más grande por mi condición o por tener un medico negligente cuando les mostré la lista de compras mi cuñado hizo contacto con la segunda al mando del hospital muy amiga de él, quien también se sorprendió por lo que me pedían alegando que todo estaba en los depósitos del hospital fue a buscarlos y regreso con cada artículo solicitado.
Volvió “El doctor chimbin” -Chimbin o chimbo para denotar que un objeto está gastado por el uso o que es falso o ha sido fabricado imitando a otro de mejor calidad.- Y mi esposa le entrego todo lo que pidió, pero tenía otra traba, debía esperar que según hubo consenso para determinar mi operación, por lo que debía seguir esperando, mientras tuvimos que hacer parte del trabajo que los médicos normales y en su cabal profesión hacen al momento de operar, que es despejar de vellos el área donde intervendría, pues resulta que me subieron al fin al mediodía para la supuesta operación pero debía esperar una hora más; pues el galeno que se encargaría de la operación está en su hora de almuerzo, así que dije:
-“Apéndice, quédate quieta, el Doctor esta comiendo, trata de dolerme en una hora".
Que desgracia, no reniego del profesionalismo de nuestros médicos venezolanos, pero parece que mientras más saben, mas se creen Dioses, y de paso “Peseteros”, fue una larga lucha por lo que atravesé, y faltaba la recuperación post operatoria. Cuando al fin fui atendido en quirófano, no supe mas de mi hasta pasadas calculo unas tres o cuatro horas, me desperté en una especie de habitación obscura, lleno de equipos y muebles para quirófanos, tuve un sentimiento de agradecimiento cuando abrí mis ojos y estaba a mi lado un compañero de labores, Oswaldo. -un gran amigo regordete como yo, extrovertido pero los que se les dice “Un Pana”-.
Quise saludarle, el no me lo permitió, me pidió no hablar hasta que pasara el efecto de la anestesia, fue a dar aviso de mi condición y me trasladaron a otra habitación, más amplia iluminada naturalmente, -buenas ventanas grandes- y de paso acompañado de otro paciente, un caballero que había sufrido una fractura a nivel de fémur izquierdo, producto de un caída, durante la estadía que nos toco, el señor muy conversador me confesaba su gran frustración por que le había sucedido, pues era hombre de estar trabajando y no acostado, me recordó a mi abuelo Luis, que no sabía lo que era descansar, solo sabia trabajar por horas.
Esa condición llevo al compañero de cuarto a tomar actitudes un tanto violentas con el mismo, mas no con su acompañante, o sea yo; en ocasiones me decía que deseaba lanzarse por la ventana y acabar con todo, me toco hacer uso de mis principios religiosos y darle consejos, hablando de manera apacible, y ganando su confianza para que olvidara esos pensamientos suicidas, a los pocos rato de mi ingreso llego una dama de aspecto distraída, muy delgada madura de edad, era la esposa del compañero de cuarto, ella muy preocupada y abnegada por el amigo, pero el tenia un trato hacia ella mas como su hija, a empujones como se diría por la forma de pedirle cosas.
Pero luego de una semana, me cambiaron de acompañante, el caballero se iría a otro sitio, para su operación ya que en ocasiones veía como los “zánganos” -Zángano o Zángana es una persona a la que no le gusta trabajar y que evita hacerlo siempre que puede.- de los médicos le ofertaban las prótesis que el hospital tenia gratis para sus pacientes, pensé que ya e tocaba operación, pero no lo vi mas, quedando conmigo un “Cuarto bate”, -Un joven de contextura muy obesa, me veía anoréxico si me colocaba a su lado- le acompañaba en la habitación su esposa, quien le complacía sus gustos culinarios a pesar de estar esperando una operación, igualmente sufrió fractura, me sorprendía la manera de comer del nuevo acompañante y parecía tener hambre a cada rato.
Mi sorpresa no era tanto ver las gigantes hamburguesas que cena cada noche, mientras yo estaba alimentado con infusiones de solución a través de mis venas, sino; el momento que le tocaba descargar lo que había ingerido, -¡Por todos los cielos! el ambiente se tornaba pesadísimamente atroz, con un nauseabundo olor a sanitario público- el peor trabajo lo tenía la joven que lo acompañaba, ya que debía hacer grandes esfuerzos por limpiar ese desastre y cual bebe grande; cambiar pañales, pobre chica; pero ya nuestro Dios le tendría su recompensa por tan increíble labor que ella fomentaba a esa persona que atendía.