El día antes de viajar siempre era un día especial entre madre e hija. Para Azahara cada vez era más complicado verla marchar. Su pequeña niña se hacía mayor, ya era una mujer adulta, tarde o temprano debía cumplir con su familia y las tradiciones.
Por alguna razón que en ese momento no entendía esa mañana Azahara se despertó con un mal presentimiento. No sabía por qué, supuso que era la tristeza de ver marchar a su niña. Estaban muy unidas y aunque Jade se marchara por unos días, o ese era el plan, le entristecía y sabía que se echarían de menos mutuamente.
Ese día se dedicaron tiempo juntas charlaron, comieron, vieron películas, montaron a caballo al atardecer, e incluso se hicieron tratamientos de belleza juntas. Era como un ritual entre madre e hija. Al finalizar el día cenaron junto a Carl en el porche de la casa. Cenaron la especialidad de la nana de Carl, la señora Meri, fajitas de pollo tex-mex bien picantes (Jade como musulmana no comía cerdo) y unas deliciosas enchiladas de queso. Hacía una noche estupenda para cenar al aire libre y decidieron sentarse lo cuatro en familia a la mesa.
A la mañana siguiente Jade despertó, salió como siempre hacia a las cuadras a montar a Gitana y de paso despedirse de su mejor amiga. Al finalizar su trote matutino con Gitana, desayuno con su madre y Carl para partir a Abu Dhabi.
Se vistió con ropa cómoda; una sudadera gris clara de Guess, con una camisa blanca debajo que sobresalía, jeans grises oscuros casi negros, un cinturón de evilla plateada y converse negras, sus favoritas. Se cogió su largo cabello en un moño desarreglado y partió rumbo al Jet privado que tenía a siempre a su disposición. Ya allí se ducharia y prepararía para llegar a palacio.
Se acercaba el momento de la partida y Azahara seguía teniendo el mismo presentimiento del día anterior. Necesitaba quitarse ese peso del pecho. Por eso, decidió hablar con su hija. Respiro y exhaló profundamente, cogió las delgadas y cuidadas manos de Jade. La miró a los ojos y le sonrió con profundo cariño. Sus ojos brillaban por las lágrimas que amenazaban con salir.
—Jade mi vida, ten buen viaje y avísame cuando llegues. Por favor, cuídate mucho. Escúchame sabes que siempre puedes y podrás contar conmigo, solo una llamada y estoy para escucharte. Porque como una madre nadie te quiere. El día que seas madre me entenderás.
Jade la miró sin entender muy bien todo lo que su madre quería expresarle.
—Mamá ¡qué sentimental! ¿Estas bien? ¿que te ocurre?
— Nada hija sabes que me pongo muy melancólica cuando te marchas. No me hagas mucho caso.
—No se lo tengas muy en cuenta a tu madre Jade. A veces se pone sentimental. - Carl intentó quitar importancia al asunto y no preocupar a la muchacha antes de su viaje.
Carl era un apoyo importante para las dos. Un robusto texano, rubio de profundos ojos claros. Amigo de la infancia de Azahara, que siempre se había dedicado a la cría de caballos y años después, tras el sonado divorcio de su madre se reencontraron y no se volvieron a separar. Se querían y vivían juntos pero sin casarse. Ese fue uno de los tantos requisitos del jeque. No quería que su exesposa estuviera casada con otro hombre.
—Te quiero mamá cuidaros mucho. Tu también Carl.
Besó y abrazó efusivamente a los dos y fué a coger su maleta. Carl subió a ayudarla.
Mientras tanto, a solas Azahara quería hablar con Halil...a pesar de saber que Halil informaba a Abhu Dhabi de todo lo que sucedía en su casa y lo que Jade hacia. Azahara sabia que era un buen hombre y apreciaba a su hija por eso confiaba en él.
— Halil sabes que el jeque no tardará en casar a Jade. También sabes que me la tiene jurada desde que le pedí el divorcio y no puedo pisar los emiratos. Como también sabes que no me dejará ser partícipe de un momento tan importante para mi hija. Por eso te pido que el día que eso pase estés con ella y la ayudes. Te pido que la protegas.
—Con mi vida siempre señora.- El hombre asintió sabiendo que tarde o temprano eso pasaría y que tal vez Jade no estaba tan consciente de ello.
Azahara tenía la mano en el pecho, había algo ese viaje que no le gustaba nada.
—¿Algo más señora?
—Si Halil, sé que tienes un deber para con el jeque y solo le debes lealtad a él. Pero por favor, recuerda que en ese lugar no todos ven con buenos ojos a mi hija. Recuerda que muchos la ven como la hija de la traidora extranjera.
—Lo sé señora. Puede quedarse tranquila yo siempre velare por la princesa.
Muchos consideraron a Azahara una traidora por huir de palacio y pedir el divorcio. A ella la opinión de los demás le daba absolutamente igual siempre y cuando no perjudicará a Jade.
Había pasado demasiado tiempo bsjo los muros del palacio y sabía de muchos que por ambición y envidia eran capaces de cualquier cosa. Desde la amargada y malintencionada de Asra Said Bin Algallah primera esposa y prima del jeque. Madre del heredero y de 5 vástagos más. Que a pesar de ser una mujer muy devota y pegada a las tradiciones, nunca aceptó a las demás esposas de su marido. Confabuló muchas veces en contra de ella. No podía aceptar que el jeque se casara con una hermosa extranjera. Era una mujer cruel y despidada. La otra esposa del jeque era Zulema una hermosa musulmana descendiente de la tribu zuweitat muy devota, callada y sumisa pero de profundo gran corazón. Fue dada en matrimonio al jeque a la edad de 18 años y tuvo 3 hijos varones.
Por otro lado estaban los hombres de la familias desde los hijos del emir, los hermanos de este y sobrinos. Ocupaban importantes cargos dentro del gobierno de Abu Dhabi. Una familia muy numerosa con mucho dinero y poder.
Ya en el jet Jade se preguntaba qué habría querido decir su madre. No podía dejar de pensar en que tendría que cumplir con las tradiciones como iba a hacer su hermano Ahmed que se casaría con su prima Rania, sobrina de Nasser Bin Sabdullah por su madre e hija de su tío Ali, medio hermano de su padre. Oraba a Allah que a ella no le tocara, que ningún árabe quisiera casarse con ella. Todavía tenía planes y metas no se sentía preparada.
Al final decidió dormir un poco para estar más descansada y un poco antes de aterrizar ducharse y prepararse para los acontecimientos que le esperaban al llegar a palacio.