Tras larguísimas horas de vuelo a primera hora de la tarde Jade y séquito pisaron suelo emiratí. Se sentía agotada pero sabía que al llegar a palacio tendría una cantidad de compromisos que atender junto a su familia.
Ya antes de aterrizar su secretaria personal Marian una joven chica muy educada, de ojos grises y sonrisa sincera, le había puesto al día. Era la encargada de cuadrar sus compromisos cuando aterrizaba en el país. Siempre estaba para colaborarle y a ella le consultaba que es lo que debía o no hacer en cada momento. También le ayudaba a elegir vestuario apropiado al momento y se encargaba de las compras de vestuario y demás cosas que Jade pudiera necesitar. Para Jade era importante tenerla y sabía que al ser joven la entendía cuando se sentía abrumada.
Todos viajaban en el mismo avión desde su equipo de seguridad entre ellos Halil, su asistente Marian junto con su ayudante y secretaria Camila, hasta la señora Hamdah que aparte de su institutriz desde pequeña era algo así como su veladora. Era una señora ya bien entrada en años estricta y devota musulmana que como buena protectora de Jade siempre estaba para acompañarla y proveerla de sabios consejos muy arraigados en la religion y las tradiciones, pero que Jade agradecía tenerla.
Nadie le había informado que ese día el propio jeque había decidido esperar a su hija a la salida del avión en el hangar privado de la familia. Junto al heredero, su hermano Amir, Ahmed y el más pequeño de sus hermanos Assad de solo 7 años. Tambien lo acompañaban junto con su séquito de guardaspaldas su tío Abdel, padre de Raissa su odiosa prima. Tenían prácticamente la misma edad y nunca se habían llevado bien. Envidiaba todo de Jade y al mismo tiempo la menospreciaba frente a los demás. Siempre tenía algún comentario despectivo que hacer de ella. Jade la consideraba su archienemiga número 1 en palacio, si ella iba por un lado Jade se iba por el otro.
Jade bajó del avión enfundada en un elegante caftan rosa palo algo entallado a la cintura que caia hasta los pies. Con ribetes dorados a los lados y mangas ovaladas también doradas. Un pequeño bolso Louis Vuitton y unas precios tacones dorados. Siempre que podía evitaba el hiyab, puesto que el país no lo obligaba, lo sugería. Si estaba obligada a llevarlo en sitios de culto o en algunas recepciones familiares. Por eso acostumbraba a llevar un pañuelo tirado al cuello por si acaso.
Jade bajó del avión y fue hacia su padre.
—Oh mi preciosa Dau ayuni "Luz de mis ojos". Allah ha escuchado mis oraciones. Abraza a este viejo que tanto añoraba verte.
Jade besó la mano de su padre como siempre hacia en señal de respeto y se abrazó a él. El jeque no era muy efusivo con sus hijos pero con ella sí. Se notaba que tenía predilección por ella.
Acto seguido besó la mano de su tío Abdel aunque no con muchas ganas. Jade no se llevaba muy bien con él, le parecía un tipo soberbio y autoritario que hacía y deshacía a su antojo bajó los muros de palacio. El jeque Said al ser su hermano más cercano le tenía estima y era uno de sus hombres de confianza. De eso se aprovechaba su tío.
Abrazó a sus hermanos con cariño. Jade los quería mucho, aunque al ser tantos no podía decir que con todos tenía la misma afinidad. Con Amir y Ahmed era con los que más relación tenía, de hecho, hablaban habitualmente por teléfono vía w******p o por Skype, o se veían en las competiciones hípicas alrededor del mundo. La mayoria de los hijos del jeque compartían la afición por los caballos y se sabía que la familia real de Abhu Dahbi poseía los mejores ejemplares pura sangre entre sus cuadras. Ahmed era un ferviente competidor y estaba considerado como uno de los mejores jinetes del mundo.
A Assad llevaba mucho tiempo sin verlo, puesto que la última vez que estuvo en el país, el niño estaba ingresado en un hospital de Londres debido a un recaída de su enfermedad del corazón. Sufría una cardopatía congénita desde que nació y requería de muchos tratamientos, cuidados y de varias cirugías. A pesar de eso era un niño que siempre sonreía y estaba de buen humor. A diferencia de los demás solo le apasionaban los coches de alta gama. Jade lo adoraba.
Al llegar a palacio Jade fué trasladada a sus aposentos. Ella como familia directa del jeque ocupaba el ala oeste del palacio pero en la zona más apartada a la familia. Era una forma que Asra tenía de hacerle saber que no era bienvenida. A Jade le daba igual cuanto menos la viera y conviviera con ella mucho mejor.
Disponía de un lujoso salón con enormes ventanales todo decorado en tonos crudos y dorados, con preciosas vistas a los jardines. Tenía comedor privado, sala de estudio, sala de televisión que más parecía un cine, 3 baños, cocina privada muy equipada por si no deseaba acudir al gran comedor. También albergaba una habitación de invitados personal, habitaciones para su servicio doméstico, guardaspaldas y demás personal. Todo lujo y comodidad. Y por último su dormitorio diseñado por Kelly Wearstler, una de las mejores diseñadoras de interiores del mundo, en exclusiva para ella. Decorado en oro, con una impresionante lámpara de araña dorada, tapices en crudo, obras de arte, enorme vestidor y una cama 2x2 redonda con doseles en blanco.Tenía acceso a una espectacular terraza con piscina, jacuzzi y sauna. Era una mansión dentro de palacio. El jeque ya no sabía cuanto dinero gastar, a qué decorador llamar o que regalo comprarle para que su hija decidiese trasladarse a ese lugar. No entendía como si hija teniendo esos lujos prefería vivir en un rancho que aunque tenía comodidades y era muy bonito no se comparaba ni mucho al palacio. Él quería que abandonara a su madre y se trasladara a vivir a emiratos. En más de una ocasión le había trasladado sus deseos pero Jade daba largas al asunto.
Ya en su cuarto decidió descansar un rato esa noche empezaría la celebración de la boda que duraría varios días.
Los novios firmarían el nikah, que es el contrato de matrimonio que firman los novios en presencia de testigos masculinos y el tutor de la novia. Tras la ceremonia del nikah los novios intercambiarian los anillos para proceder a celebrar una recepción separada entre hombres y mujeres.
Para la recepción Jade eligió un espectacular vestido verde esmeralda que le quedaba impresionante. Se acoplada a su cintura y caderas y caía hasta los pies. Las mangas eran de un tejido casi transparente con piedrecitas muy brillantes, con tacones y bolso de mano dorado. Para cumplir con el protocolo de la fiesta se decantó por una abaya negra y hiyab en un todo más claro.
Sabía que entre otras invitadas estarían todas las mujeres de su familia desde sus tías y primas hasta las esposas de su padre.
Ya en la recepción se quitó la abaya y saludó a las mujeres conforme iba entrando al salón. Evitó saludar a Asra que estaba algo más apartada, fingió no haberla visto y continuó.
Se abrazó efusivamente con sus primas y amigas Hana y Mariem, hija del emir de Ajmán y sobrina del emir de Dubai respectivamente. Tenían la misma edad las tres, e incluso estudiaron juntas durante dos años en un internado de EEUU. Ninguna de las dos estaba casada. Charlaron animadamente contándose sus cosas hasta que apareció Raissa junto con las gemelas Amina y Amira que parecían dos patitos siguiendo a la mamá pato y riendo todas su tonterías.
—Vaya, vaya mira quien se ha dignado a visitarnos chicas, si es nuestra querida prima la ranchera ¿cómo tú por aquí? ¿Ya te has cansado de la vida en el campo?
Jade respiró contó hasta tres mentalmente, le sonrió cínicamente y contestó:
— Pues ya ves me aburría estos días en mi vida de rancho y digo voy a pasarme de visita.
—Pues como ves no se te hecha de menos. Por cierto estas más gordita. ¿no?
— Já. Pues no. Estoy estupenda como puedes ver.
— No sé será el vestido. Bueno chicas disfrutad de la fiesta.
Las tres se marcharon y ellas continuaron disfrutando de la fiesta como si nada.
Al día siguiente se llevaría a cabo la noche de la Henna, una fiesta privada para la novia con bailes acompañada sólo de mujeres y donde le pintarían las manos y los pies de henna a la novia. Algo así como su despedida de soltera. Y por último, la fastuosa celebración de la boda, donde los novios agasajarian a sus invitados. Antiguamente se celebraba por separado pero en lo últimos años, se permitía celebrar el festejo en conjunto en un mismo recinto pero en mesas separadas. Se veían pero no interactuaban.
Esa noche aparecería él en su tranquila vida y marcaría un antes y después para Jade.