Riad
Un hombre moreno de metro ochenta de estatura golpeaba con dureza un saco de boxeo. Era la manera de sacar el estrés que el cargo que ocupaba le provocaba. Iba sin camiseta solo con unos pantalones cortos negros y la cantidad de sudor en su cuerpo daba cuenta de las horas que llevaba golpeándolo. Había corrido en una cinta levantado pesas y estaba exhausto.
Terminó su rutina habitual de ejercicios, se ducho y preparó para empezar su día. Se dirigió a su despacho donde ya lo esperaba Akram su hermano. Era el segundo al mando y mano derecha, confiaba en él y aparte de hermanos eran buenos amigos.
—As-salamu alaikum hermano contestó Akram al entrar al despacho.
— Wa-alaikum as-slaam Karim. ¿Que tenemos para hoy?
— Uf como todos los días tenemos una apretada agenda.
Ahmed sonrió sabiendo la responsabilidad diaria que tenía y asintió.
Era el príncipe heredero y desde que su padre enfermó, se desempeñaba como primer ministro del país. Era presidente del Consejo de Asuntos Económicos y de Desarrollo, presidente del Consejo de Asuntos Políticos y de Seguridad y ministro de defensa, siendo el más joven del mundo al momento de su nombramiento. Era el poder detrás del trono de su padre, el rey Salah Bin Sabdullah Al Saud quien padecia la enfermedad de parkison y estaba aquejado de cáncer de páncreas. Fue nombrado príncipe heredero después de la decisión del rey Salah de destituir a su medio hermano Mohammed Bin Sabdullah Al Saud.
Ahmed manejaba directamente el Fondo de Inversión Pública y la empresa petrolera Arabcom, tenía inversiónes en innumerables empresas de muchos desde el sector inmobiliario a incluso la adquisición de equipos de fútbol europeos. Su fortuna superaba los 320 mil millones de dólares.
Desde su llegada al cargo había impulsado numerosas reformas de desarrollo en el país, tanto sociales, que mejoraban el papel de la mujer, a económicas, con un plan de diversificación de la economía saudí o culturales, como conciertos públicos o la presencia de mujeres en estadios de fútbol.
Era un hombre reservado, frío, poderoso, seguro de sí mismo, muy interesante, excéntrico como pocos, visionario y autoritario que acumulaba el poder a golpe de aquí mando yo. Y por último, y para tortura futura de Jade endiabladamente guapo.
De profundos ojos ámbar, piel morena, nariz ancha y labios carnosos era considerado uno de los hombres árabes más guapos. Tenía 32 años y no estaba casado. Algo raro en un árabe de la realeza. Los hombres más conservadores no veían con buenos ojos que un hombre con tanto poder no estuviera casado, pues un hombre casado y con familia estaba mucho mejor visto en la sociedad.
Tenía previsto un viaje a Abhu Dhabi para la boda de una sobrina. Le aburría asistir a estos compromisos familiares, de normal mandaba enviar un fastuso regalo a los novios y evitaba ir. Pero estaba vez no podía, porque el mismísimo emir Said, amigo de su padre, le había llamado personalmente para invitarlo. No debía hacerle el desaire.
Ya en Abu Dhabi fue recibido y agasajado a la ocasión. Al ser invitado especial y un mandatario importante ocupó la mesa junto al emir.
Los hombres entraron a la recepción antes, donde todo ya estaba servido y engalanado. Las mujeres entrarían después junto a la novia y ocuparían la otra parte del salón. Se sentarían en mesas separadas por hombre y mujeres. Se verían pero no interactuarian.