Días antes...
Despacho personal del emir Said
— ¿Cómo llevas la investigación sobre mi hermano Ahmed?–Hakim dudo un poco en contarle al emir todo lo que sabía.
—Señor, usted tenía razón hay un complot en su contra para destituirlo del cargo.–el hombre apenado bajó la cabeza unos segundos y continuó.–su hermano se reunió anoche con miembros del consejo de la federación de emiratos. Está buscando el apoyo de estos.
— ¿Y crees que lo consiga?–el hombre profundamente apenado asintió.
—Es muy probable señor. El hombre alega que tras la muerte de su hijo Mohammed usted no está en condiciones de continuar en el cargo y que Amir todavía no está preparado.
Said quedó devastado tras la muerte de su hijo Mohammed en un accidente hacia poco más de un año, todavía pasaba noches llorando por él. Ahmed quería aprovechar su condición para arrebatarle el cargo.
El emir se levantó de su asiento abruptamente y contestó.
— ¡Maldito traidor!–el emir estaba exaltado.
Al principio cuando le llegaron rumores de parte del consejo de que su hermano hablaba mal de él a sus espaldas no podía creerlo. Pero ahora no tenía dudas su hermano era un vil traidor.
—Señor si me permite el consejo usted debería hacer lo mismo.—el jeque lo miró a la cara sabía a lo que se refería.— Debería buscar el apoyo de alguien que refuerce su puesto y el de Amir, sino pasará a sus manos y Shariff, sería el príncipe heredero.
Shariff era el hijo mayor de Ahmed, era cruel, y ambicioso. Se había casado hasta 3 veces y todas su esposas habían huido de emiratos gracias a la ayuda de terceros.Era un tipo despiadado que ambicionaba algo o mejor dicho a alguien, Jade. En múltiples ocasiones pidió al jeque Said la mano de su hija pero el jeque se negó en rotundo.
Tras pensarlo fríamente al jeque solo le vino un nombre a la cabeza. Alguien poderoso que pudiera apoyarle. Nasser Bin Sabdullah.
—Entiendo. Lo llamaré y lo invitaré personalmente. A él también le beneficiará.
–¿Y que hará señor? ¿Se lo planteará directamente?
—No por supuesto que no. Así no aceptaría.
—Dejaré que los hilos del destino confabulen a mi favor. –Hakim no sabía a quese refería pero no preguntó más y se marchó.
El emir se quedó solo en su despacho preparando su plan. Confiaba en la belleza y personalidad de Jade para seducir al árabe.
En su interior el hombre decía:
—"Mi amada y preciosa Jade es el momento de honrar a tu sangre"
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El jeque acostumbraba a hacerle regalos a Jade desde espectaculares vestidos, ostentosos joyas hasta incluso caballos. Nada era suficiente para él. Ella ya estaba acostumbrada a la manera se ser del jeque aunque si le preguntarán a ella prefería que le dedicara tiempo como su madre hacía que todo lo demas.
Ese día no fué la excepción, cuando llamaron a la puerta de Jade unos sirvientes del emir con un montón de cajas de marcas de diseño.
Jade estaba sentada en su tocador, Marian junto con otra empleada estaban arreglandole el cabello. Al tenerlo tan largo y abundante le dedicaba mucho tiempo cuando tenía un evento importante.
—Creo que están llamando–le dijo Camille a Marian. La muchacha era muy tímida y no se atrevía a abrir ella. Jade no lo escucho casi le leyó los labios. Mientras le peinaban se había quitado el audífono de su oreja derecha. No escuchaba casi nada sin él.
Jade nació con sordera total del oído izquierdo y con sordera parcial en el derecho. Con ayuda del audífono no dirías que era sorda. En el habla no se le notaba y muchas personas ni tan siquiera lo sabían, y ella lo sabía disimular muy bien. No quería que la menospreciaran o le tuviesen lastima bastante tenía con Raissa que se lo recordaba a cada momento.
—No se preocupe señorita yo abro la puerta–Marian toco sus hombros y la miró tras el espejo y se apresuró a abrir.–son personal del emir le han traído regalos de su padre.
—¡Mientras no me regale otro tigre!–rió por la ocurrencia. El emir en su último cumpleaños le había regalado un tigre de bengala blanco. Un felino todavia bebé que se paseaba a sus anchas por su cuarto y tenía a más de uno asustado. Para Jade era inofensivo, puesto que lo había criado de biberón, lo que no eran tan inofensivas eran sus zarpas que destrozadan cortinas y cojines a diario.
—Insallah señorita–Marian abrió mucho lo ojos y alzó sus manos rogando a allah. Jade y Camille sonrieron por su expresión en la cara. Marian ya estaba acostumbrada a lidiar con un tigre pero no tenía muy claro que pudiese aguantar a dos.
Halil entró a la estancia junto con dos mujeres. El guardaspaldas era de los pocos hombres ajenos a su familia autorizados a entrar a su cuarto.
—Gracias Halil, gracias señoritas– Jade mientras se acercaban a la estancia se había colocado el audífono y se levantó entusiasmada.—Aber que tenemos aquí...Allah Allah ¡Qué divinidad!–las 3 muchachas se impresionaron. Jade había abierto en primer lugar la caja más grande. Era rectangular en color n***o y dorado. Ya la caja era espectacular pero el contenido la dejósin palabras. Era un vestido largo dorado estilo árabe, con brillantes. Las mangas eran largas de tejido fino con escote en punta pero sin ser escotado. Era largo hasta los pies pero mostraría sutilmente sus pies con los tacones al caminar. Lo acompañaba una especie de capa del mismo color cosida al vestido que estaba segura arrastraría por el suelo. ¡Era diseñado para una jequesa!
Después de la impresión siguió abriendo las demás cajas junto a Marien y Camille que le ayudaban. Había desde los zapatos de tacón del diseñador Giuseppe Zanotti a un brazalete en oro y esmeraldas verdes a juego con el anillos y pendientes. Era una fortuna en joyas pero era más bien sencillo y elegante nada ostentoso que llegara a ser vulgar. A ella como legítima árabe le encantaba el oro y las joyas pero más bien finas, con elegancia y el jeque lo sabía.
—Todo es precioso. Va a estar usted muy bonita esta noche en la boda de su hermano.
—Muchas gracias.
—Lo colocaré en el maniquí para que no se arrugue y vengo a terminarle el peinado no tardo—la muchacha corrió al vestidor y Jade se quedó leyendo la tarjeta que su padre le había mandado con los regalo.
"Querida hija, espero que te hayan gustado mis presentes. Los escoji pensando en mí esmeralda rebelde del desierto. Jade harías feliz a tu padre si está noche lo usarás en la fiesta. Quiero decirte que te quiero y quiero lo mejor para ti, pero que a veces uno como padre y emir de Abhu Dhabi debe hacer lo mejor para el país y la familia"
Pdata: No salgas yo iré a buscarte.
Fdo: Said Bin Algallah
Jade se preguntaba: ¿Que habrá querido decir mi padre?¿ Y para qué querrá que le espere? No entiendo nada– se quedó pensándolo unos minutos pero se le hacía tarde así que no le dió mayor importancia y continuó preparándose para el acontecimiento de esta noche.
En otra parte alejada de palacio...
Un hombre permanecía escondido esperando detrás de un pilar esperando a que pasará su hija con su primas. Sabía que habían salido de compras por Abhu Dhabi y no tardarian en llegar.
La muchacha iba hablando tranquilamente con sus primas sobre esta noche.
—Raissa–el hombre llamó a su hija de forma autoritaria como siempre hacia.m y las muchachas se sobresaltaros
—Allah Allah padre. ¡ Qué susto nos has dado!–el hombre seguía serio y con el ceño fruncido.
—Massa al-jayr tío "Buenas tardes tio" – timidamente le habló una de las gemelas, Amira.
—Massa al noor " buenas tarde" – contestó el hombre falsamente. No le apetecía ni ser agradable en ese momento.
Viendo que estaban sobrando en el lugar las gemelas decidieron marcharse caminando por los pasillos hasta su cuarto. No les apetecía ser reprendidas por su tio Ahmed, el hombre tenía un carácter horrible y era un tirano.
—Quiero hablar contigo–el hombre de dirigió a su hija, que un poco asustada asintió. Conocía a su padre y sabía que estaba de mal humor. —Tu tío Said no es tan fácil de derrocar como yo creía está buscando apoyos para mantenerse en el cargo.
—¿Y qué va a hacer padre? ¡No podemos rendirnos! ¡Usted se merece ese puesto y yo también.! Ya estoy cansada de ser la segundona, que pasa desapercibida siempre, por detrás de Jade–se exalto la muchacha que ya se veía como la hija del emir de Abhu Dhabi.
—Tranquila tengo un plan. El emir ha invitado a Nasser Bin Sabdullah. Quiere casar a Jade con él.
— ¿Que? ¡Jamás!–Raissa abrió mucho los ojos no podía creerlo
—Tranquila.Serás tú quien se case con él.— la muchacha sonrió por la idea de su padre. No conocía al hombre personalmente, pero si en fotos y sabía que era un hombre guapo, poderoso y millonario. Que mujer no querría casarse con él. Ella estaría encantada y haría todo por lograrlo. —Tienes que seducir al tipo. Sé que le gustan mucho las mujeres. Haz que se fije en ti antes que en Jade y lo tendrás comiendo de tu mano. Ensalza tus virtudes y echa por tierra las de Jade que por lo que sé se te da muy bien– ambos sonrieron con maldad.
—¡Eso está hecho!. ¡No dudes que lo haré, le ganaré a Jade!—alzo la voz, se sentía confiada—¿Se imagina padre? Usted emir a Abhu Dhabi y yo princesa de Arabia Saudita— Raissa estaba encantada de solo pensar que el heredero de Arabia Saudita la pudiera tomar por esposa y sabía que Jade se opondría a la voluntad de su padre. Jade no estaba a favor de los matrimonios arreglados entre familias, por lo tanto, no sería rival para ella. ¡Se convertiría en su esposa si o si!
Ya Jade estaba casi preparada apenas le quedaba colocarse las joyas y esperaba a su padre en su cuarto. La acompañaban Marien, Camille y la señora Hamdah.
—Mi niña estás preciosa—alabó la anciana.
—Si Jade estás guapísima – la anciana miró mal a marien por las confianzas que se tomaba para con Jade y la pelirroja se dió cuenta de esa mirada aniquiladora—Quiero decir señorita Jade.
—¡Muchas gracias! Y marien sabes que prefiero que solo me llames por mi nombre por favor. Me siento más cómoda no me gusta tanta formalidad con gente que forma parte de mi vida diaria.
—Gracias.—La muchacha bajó la cabeza, se sentía cohibida por la mirada de la señora Hamdah que apretó los labios y no dijo más. Sabía que a Jade no la haría cambiar de opinión, con respecto a la formalidad con los empleados. Jade consideraba a muchos como de su familia incluida a ella. Por su parte, la señora Hamdah pedía a otros lo que ella no hacía. Siempre la llamaba mi niña de manera cariñosa. La había visto nacer.
—¿Y que haréis vosotras esta noche? ¿es vuestra noche libre.–preguntó a Marien y Camille.
–Iremos al hysteria club con unos amigos y bailaremos hasta que no podamos más–contestó entusiasma Camille.
—Oooh! que ganas de poder hacer yo lo mismo–las muchachas se miraron entendían a Jade, ella tenía muchos lujos y comodidades pero también muchas limitaciones.
—El emir está próximo a entrar a la estancia.–les habló Halil que entró llamando a la puerta para que se retirarán y dejaran a Jade sola.
El emir entró al lugar portando un cofre de madera con ribetes en oro que parecía muy antiguo.
—Mi preciosa Jade. Dau ayuni "Luz de mis ojos". Doy gracias a Allah por bendecirme con la hija más bella del desierto.
—Gracias Papá. Y yo doy gracias a él por tenerte. —beso y abrazó efusivamente a su padre.
—Mi niña tengo un presente que darte–el hombre le mostró el cofre.
—¿Otro? ¿ No te parece poco con todo lo que me has regalado esta mañana?
— Para ti nunca es suficiente. Además este es diferente–el emir procedió a abrir la caja y Jade curiosa se acercó más.
—Es una tiara que pertenecía a tu abuela, mi padre se la regaló y mi madre siempre quiso que fuese para ti.
Jade estaba impresionada con la joya. No era para menos. La pieza se componía de varios diamantes y 19 esmeraldas (verde tal cual sus ojos) con forma de pera invertida, algunas de hasta 15 quilates conjuntamente con el brazalete de esmeralda de 20 quilates y diamantes que ya llevaba puesto, y los pendientes.
—Allah Allah. Esto es demasiado papá. – lo besó para agradecerle el presente y el hombre se marchó para que le ayudaran a colocarsela.
Una vez estuvo lista salió rumbo al salón donde esperaban las mujeres para proceder a entrar. Las casadas primero y luego las solteras por orden de jerarquía, pero a la inversa de menos a más.
Tenían que bajar una escaleras de mármol muy grandes y barandilla en oro. Una vez habian bajado Hana, Mariem, Amira y Raissa era el turno de Jade. Estaba nerviosa se conocía el protocolo lo que podía hacer y lo que no, pero no le gustaba este tipo de fiestas.
Jade bajó despacio de manera elegante con una tímida sonrisa, mirando a un punto fijo en el frente. No quería pensar en la cantidad de gente que estaba ya en el salón y la miraba porque entonces se pondría nerviosa y caería. Sentiria mucha vergüenza y Raissa y compañia se reirían de ella. Así que se concentró en la música árabe en directo que tocaban y bajó. Cuando estuvo en el salón felicitó a los novios que estaban en los sillones, que se ponían para la ocasión. Hizo una pequeña reverencia a su padre y se marchó a su lugar en la mesa junto a las demás muchachas.
Raissa la miraba bajar ya sentada en su lugar ardía de celos.
—¡ Qué pasada de vestido! ¡Será maldita. Mil veces maldita!–no podía evitar los celos que la carcomian por dentro. Ella que pensaba que su espectacular vestido rojo de DIOR acapararía todas las miradas. El vestido era bonito pero el de Jade te dejaba sin palabras.
Minutos antes...
El emir Said entró a la estancia y saludó a los hombres que estaban en el salón. Les sirvieron bebidas para acompañar la velada y la comida. Se sentó junto a Nasser que venía acompañado de su hermano, a un lado y a su hijo Amir al otro. Conversaron sobre política y otros temas mientras llegaban las damas y se empezaba a comer. A Nasser la velada no le parecía interesante era una simple boda. Veía entrar a mujeres, muchas vestían de n***o, saludaban y se sentaban. De un momento a otro la música cambió y disminuyeron las luces, o eso le pareció a él, para iluminar a una joven muchacha de rojos cabellos, bajar elegantemente las escaleras de palacio. ¡No podía quitarle la vista de encima! Todo de ella le llamaba como si solo estuviera ella en todo el salón. Esa tímida sonrisa, sus expresivos ojos, que no sabía decir en ese momento si eran azules o verdes,su pelo largo decorado por esa tiara. Se quedó embelesado hasta que su hermano disimuladamente le dio un codazo.
La muchacha se acercó un poco hizo un tímida reverencia hacia donde el estaba y se volvió para su lugar. Decir que estaba impresionado era poco, quedarse así de empanado mirando no le había pasado nunca. Quería saber de ella tenía que ser familia cercana del emir sino no abría entrado la última ni llevaría una tiara como esa. Pero preguntarle al emir o a Amir era dejarse mucho en evidencia. Se acercó un poco al oído de su hermano que lo miraba extrañado pensando que le pasaba y por qué se había quedado así.
— Akram ¿quién es esa muchacha pelirroja que acaba de bajar?–su hermano lo miró con una sonrisa burlona sabía que le había gustado. Normal le había gustado hasta a él.
— Será la última esposa del emir— Nasser negó. Eso no podía ser. La muchacha había bajado después de las casadas.—o tal vez es su hija o su sobrina–aportó su hermano.
—¿Hija? Said solo tiene hijos varones.
—Lo que estoy seguro es que tiene que ser alguien importante para el emir. En cuanto puedas levántate y averiguame todo sobre ella. Quiero saber todo sobre esa pelirroja.—Akram sonrió. Estaba divertido con su hermano. No sabía que le causaba más gracia, si la cara de ansioso que tenía o que se hubiese quedado sin palabras por una mujer, con la cantidad de mujeres que paseaban por su cama a diario.
El jeque había visto la mirada de Nasser a Jade lo sabía. Sabía que Jade impresionaría al árabe. Había algo que se lo decía. Había mirado sus ojos como detallaban a la muchacha. Sabía como un hombre miraba a una mujer cuando le gustaba. El primer paso estaba dando sus frutos.
Unos minutos después Akram disimuladamente se levantó. La música sonaba y los novios estaban bailando en el centro del salón y la gente les aplaudía y animaba. Nasser no paraba de mirarla, no le podía quitar los ojos de encima, y por otro lado no quería ser evidente para otros.
Jade en cambio, era ajena a esa mirada ella sonreía y hablaba con las demás mujeres.
Nasser vió a su hermano aparecer y sentarse a su lado le hizo un asentimiento de que había entrado lo que buscaba. Akram tenía una habilidad de sacar la información disimuladamente a la gente.
—Se trata de Jade Bin Algallah, única hija del emir. Tiene 22 años y está soltera. No sabíamos nada de ella porque reside en Texas con su madre. Todos dicen que es su predilecta.—Nasser asintió, era un comienzo ya sabía quien era.
Jade, Hana y Mariem se levantaron de la mesa después de terminar de cenar para ir al baño. Solían ir juntas siempre.
—Habéis visto la cantidad de hombre guapos que hay esta noche aqui–les dijo Hana entusiasmada. Ella disimuladamente si había mirado quería encontrar marido pronto y si era rico y poderoso su padre lo aceptaría.
—La verdad que hay algunos muy interesantes, también hay un montón de viejos que buscan más esposas. PUAGG!!!–Marien no pudo evitar hacer mala cara y las demás se rieron
— ¡Que allah nos libre chicas! Yo no he querido ni mirar por no ver a Shariff–Jade hizo una mueca y sus amigas le siguieron. No soportaba a Shariff ni las miradas que le echaba —me fijaré después de salir del baño. Pero ya sabéis que pienso yo del matrimonio...
Las tres salieron del baño y Jade miró disimuladamente a los hombres de la estancia como le había dicho que haría a sus amigas, pero no pudo continuar, porque unos ojos la miraban fijamente a ella. Se quedó embobada mirando a ese guapo árabe de ojos negros. Era como si solo estuvieran sus ojos y los suyos. Apenas caminaba, si le hubieran preguntado dónde estaba ni se acordaba. Hana al ver que su prima no respondía la llamó:
—Jade Jade ¿vienes o qué?– al ver qué no respondía la cogió del brazo para llevarla a la pista de baile donde había un dj emiratí muy famoso. Pero incluso en ese momento ella volvió a mirarlo. Él también la miraba.
Se ruborizó y bajó la cabeza. Se dio cuenta de que había mirado demasiado a un hombre y eso no estaba permitido. ¿Pero y él si podía mirarla como lo hacía?
Y encima al verla sonrojarse él la miró con una sonrisa socarrona y seductora al mismo tiempo, que hizo que a Jade se le acelerara el corazón y una extraña sensación se acumulará en su vientre y más abajo. En un lugar todavia inexplorado para ella. Trago saliva. Se puso nerviosa.
Intentó no mirarlo más, falló en el intento. Pero debía dejar de mirar y concentrarse todas estaban, bailando y cantando ella también debería.
Al terminar la música del Dj emirati contratado para la ocasión sonó una música muy particular que avisaba que la fiesta del las damas ya había terminado. Los hombres podían continuar o no la velada. Ahí aparecerían mujeres bailando la danza del vientre que le harían a más de uno amena la noche. Algunos podrían gozar del baile y algo más, los casados deberían abstenerse y los solteros simplemente divertirse.
Jade llegó a su cuarto y mientras se quitaba el maquillaje no podía dejar de pensar en esos ojos. Allah ¿por qué le habían llamado la atención? Ella misma se decia:
— Allah ¿Pero qué tiene ese hombre?— Se reprendió mentalmente. Jade olvídate. Céntrate. Ha sido simple casualidad. Será mejor ir a dormir, mañana será otro dia y eso hombre habrá desparecido de tu mente.
El que no quería o mejor dicho no podía sacarla de su mente era Nasser. Había hablado con su hermano, quería saber todo de ella. Tras la cena le había confesado sentirse impactado por la chica y que de casarse, se casaría sólo con ella. La quería a ella.
—Jade. Jade. Bella pelirroja. Tu y yo tenemos algo pendiente. —Nasser lo tenía claro hablaría mañana mismo con el jeque Said.