Amir estaba preocupado por Jade. Sabía que no había comido nada desde el día anterior y se la pasaba llorando. Cada plato que le habían servido lo había tirado.
Para colmo había recibido una llamada de Nasser muy alterando exigiéndole que le contará la verdad.
—¿La verdad? ¿cuál verdad? ¿De qué me estas hablado? –Amir no le entendía.
—La verdad sobre quien es en realidad tu hermana. Tu padre me dijo que se había criado en occidente pero que conocía y seguía nuestras costumbres, que es virgen. Y ahora me llegan rumores de que tu hermana ha tenido novios, que se ha acostado con ellos y encima es amante de Shariff–Amir estaba perplejo no podía creerlo.
—¡¡Eso es mentira!! ¿quién te ha contado semejante blasfemia? No puedes creer eso.
—Le pediré a tu padre una prueba de la pureza de Jade.
—Estas en tu derecho. Pero eso es una ofensa para ella.–se lo dijo enfadado no podía creer que fuera tan cerrado.
—¿Y qué hago? ¡No puedo quedarme con esta duda!
–Será mejor que nos veamos.
—Está bien. En las dunas donde las carreras.
—Ok.
Amir no se lo podía creer no sabía quien había podido ser tan ruin de decir eso de Jade. Si eso llegaba a oídos de algunas personas, Jade podía tener problemas.
Se encaminó a ver a su hermana necesitaba saber como estaba y darle un poco de ánimo. Él si conocía a Jade y sabía como era, tenía claro que lo que a Nasser le habían contado era mentira.
Fue a verla y le llevó una bandeja de comida que le habían preparado.
— Ujt (hermana) Soy amir. Llamó a la puerta por si estaba dormida–Jade estaba sentada abrazándose un cojín y mirando a la ventana sollozando en silencio.
—Ajj (hermano) –se giró hacia él, se levantó para abrazarlo llorando.
—Ya está pequeña. Tienes que hacerte a la idea. Nasser es amigo mío es un buen hombre te cuidará bien y será un buen esposo para ti.
Jade estaba harta de escuchar eso de todos .
— Pero Ajj (Hermano) yo no quiero esto. No estoy preparada.
—Tienes que estarlo. Todos lo estamos. Te hará feliz, te enamoradas de él, tendrás hijos y yo se que serás feliz–Jade sollozaba en silencio.
—Ayúdame. por favor.
—¿A escapar?. Sabes que no puedo.
—Lo sé. Tienes que ayudarme a que pueda hablar con él. Tengo que persuadirlo de que desista del matrimonio, por favor. Tu lo conoces,¡Ayúdame!
Amir pensó que no iba a servir de nada, pero ya que había quedado con Nasser esa misma noche, llevaría a Jade al desierto con ellos así aclararían el problema.
Bien entrada la madrugada Amir abrió la puerta de la habitación de Jade, le pidió que se colocara una abaya negra y el niqab para que nadie la viera. Se montaron en un jeep y partieron.
Cuando llegaron Nasser ya los esperaba allí había cogido su Jet privado y luego un Mercedes G 63 AMG 6x6 para llegar lo más rápido posible la cita. Estaba cabreado y quería hablar con Amir y aclarar la situación. Amir le dijo a Jade que no bajará del coche que el saldría y hablaría con él primero. Luego le avisaría a ella cuando podía bajar.
Jade estaba nerviosa por el momento, apenas comió lo que su hermano le trajo. No le entraba nada en ese momento y ahora se arrepentía porque se sentía mareada.
—Quiero que me digas quien te ha dicho esa estupidez sobre Jade–Amir lo abordó mordazmente no estaba de acuerdo en que dudará de su hermana.
—Solo quiero saber si es verdad. Asumiré lo que sea.
—Pues es mentira. No sé de donde te habrás sacado eso. Pero hay mucha gente que vive en mi casa que no quiere a Jade. Mi madre, por ejemplo, o la tonta de mi prima Raissa que la envidia desde que son niñas. Ellas son capaces de contar eso sobre Jade para hacerle daño.
—Me parece fatal que simplemente hayas creido rumores. ¿ Pero mejor por qué no se lo preguntas a Jade directamente? Está en el coche. Quiere hablar contigo. Quiere que desistas del compromiso, como ves ella no se quiere casar contigo. Y la verdad no sé merece un marido tan cerrado como tú. ¡Necesitas una maldita sábana manchada de su sangre para sentirte más hombre acaso!–Nasser se quedó impresionado por las palabras de su amigo. Se notaba ofendido.
—No es eso. Solo no quiero que se case conmigo pensando en otro. Quiero que seamos felices y no podría vivir sabiendo que ama a otro.– Amir asintió, en el fondo, como hombre entendía a su amigo.
— Pues no ama a nadie. Mi padre se ha encargado personalmente, todos estos años, de eliminar de su lado a todos los hombres que se le han acercado.–Nasser miró avergonzado a su amigo.
—Mejor le diré que entre...así habláis.–Amir fue a buscar a Jade al coche. Ellos estaban en una especie de jaima.
Jade entró y Amir esperó fuera.
Estaba nerviosa. En el fondo ese hombre le imponía mucho.
Nasser permanencia de espaldas a ella, iba ataviado con suriyah y el ghutra en la cabeza como la primera y única vez que lo había visto. Ella entró, pero él al principio no se dio la vuelta, como si no se hubiera dado cuenta que estaba ahí. Se quitó el hijab y carraspeó un poco para hacerse notar.
— ¡Jade! ¡Jade! Así que vienes con la intención de hacerme desistir de este matrimonio. –cuando dijo su nombre con esa voz seductora, Jade sintió mucho calor y sus mejillas rojas.—¡Por Allah que voz! pensó.
—Eeh...bueno...si! Quiero...quiero que desista de este absurdo compromiso.–Al principio dudó pero continuó hablando— Yo tenía una vida en EEUU y muchos planes, pensaba graduarme en un mes. Si usted desiste mi padre me dejará volver.
El hombre ya se había girado, Jade no quería mirarlo a los ojos, sino estaría perdida. Se sentía pequeña frente a un hombre tan guapo e imponente. Bajó la cabeza. Nasser iba acercándose a ella poco a poco.
—¿Y por qué habría de hacerlo?
—Por...que. Porque no me conoce.
—En nuestra religión no es costumbre conocerse mucho antes del matrimonio. Tendremos tiempo de conocernos y muy bien Jade–¡Allah! pensó Jade. Eso iba con segundas. No sabía que responderle a eso.
—Pero... –Nasser no la dejó replicar.
—Quisiera preguntarte algo. Tienes o has tenido novio o relaciones con hombres en EE.UU?–¿a qué venía esa pregunta?
—No.
—¿Estás segura?–sabía por dónde iba la pregunta. Jade alzó la cabeza orgullosa y contesto:
—No!–Nasser sonrío de manera demasiado seductora para gusto de Jade.
—Perfecto Jabibata.–Nasser acarició el rostro de Jade delicadamente. Se perdía en sus ojos si lo miraba.
—¿Por qué quieres casarte conmigo? Yo no soy como las demás. –ella insistía en querer convencerle.
Nasser sonrió. — ¿Y como son las demás? ¿ Y como eres tú?
Jade no sabía cómo expresarlo le costaba hablarlo y ya si le miraba a los ojos peor. Pero acostumbraba a mirar a las personas a la cara y leer sus labios.
—Pues no sé. Normales, tal vez.Tengo una condición diferente. Tampoco soy una mujer sumisa educada en la religion y las costumbres.–Nasser podía entender lo que quería decir, y también sabía de su condición tal vez era que tenía miedo al rechazo.–Jade quería convencerlo.
— Normales. Ya. Pero a mi no me gustan las mujeres normales. A mi me gustas tú.–Allah! Jade no supo qué decir, por alguna razón esa última frase le había provocado una especie de escalofrío que le erizó la piel.
—No quiero que pienses nada de eso. No hay nada en ti que no me guste, Habibata. Jade asintió y se rubirizo por el alago.
—¿ Y qué tal si no soy suficiente como esposa y buscas más esposas?¿ O otras mujeres?–Jade se refería a concubinas.
—¿Tu quieres que hayan más esposas? –Jade negó.
—Entonces no habrán más esposas ni más mujeres.–Jade por primera vez timidamente sonrió.
Nasser podía mirarla a los ojos y darse cuenta de que Jade era una muchacha que quería ser aceptada y no ser despreciada por su condición. En su interior ese podía ser su miedo. También se dió cuenta de que había sido estúpido y que era mentira todo lo que le habían contado. A pesar de eso no podía dejar de sentir celos de que otros hombres estuviesen interesados en ella o pudieran mirarla.
—Jade sé que te has criado en otra cultura diferente pero a partir de ahora preferiría que utilizaras hiyab, a ser posible niqab y que te vistieras de manera tradicional como rigen nuestras costumbres. –A Jade la tímida sonrisa que tenía se le borró inmediatamente de la cara.—Te rogaría amablemente que lo hicieras. No me gusta que otros hombres admiren lo que es mío. Eres muy bella.–Nasser intentó volver acariciarla pero Jade se apartó.
—¡No pienso hacerlo! nunca nadie me obligó a utilizar hiyab, eso una decisión personal. –Jade estaba molesta por la imposición.
—Jade entiende que ahora eres mi prometida y acatarás mis decisiones y muy pronto serás mi esposa y aprenderás a amarme y respetarme.–no quería verse vulnerable delante de él, pero solo tenía ganas de llorar. Sería una esclava de sus imposiciones.
Jade apretaba las manos en un puño haciéndose daño con las uñas, solo lo miró y asintió. Estaba decepcionada.
Podría haberse negado en eso momento, pero no lo hizo, no quería saber en ese momento hasta que punto podía llegar ese hombre con tal de imponerse. Temía que también buscara chantajearla con su madre.
Ella quería marcharse inmediatamente de ese lugar. No había conseguido nada. Solo había descubierto una parte de Nasser que no le gustaba. Su posesividad y sus celos.
—Tengo que volver, Amir me está esperando. –Está bien.–Nasser se acercó un poco más a Jade y le besó en la frente. Nasser pudo oler su aroma. Desprendía una fragancia cautivadora llena de sensualidad y elegancia, juraría que tenía toques de jazmín y rosas que le aportaban una aroma divino. Jade lo tenía hechizado. Ahora podía conocerla un poco más y sabía que esa pelirroja sería su locura.
Jade subió al coche. No dijo ni una palabra en todo el camino de vuelta. Cuando llegó a su cuarto se quitó la ropa y se dio una ducha.
Podía llorar pero no le servía de nada. El plan no le había funcionado y encima estaba peor.
Después de la ducha se acostó en su cama, pensado en que tenía que escapar o por lo menos intentarlo. Necesitaba un plan.