Sentí mi cuerpo flotar ante las palabras dichas por Mariano. Quería resistirme y hacerle saber mi molestia; pero sus manos me sostenían con delicadeza y ya no había nada rudo en él. Sus labios me besaron con ternura y mis lágrimas se desbordaron de mis ojos, corrieron por mis mejillas, entre aquel beso puro que acariciaba mi cuerpo y me desnudaba el alma. Haciéndome sentir importante para él. —No llores ángel mío. Lamento ser el culpable. Mientras hablaba, también acariciaba mis mejillas con ambas manos, limpiando todo rastro de agua salda en ellos. Mi mirada se conectó con la suya y sabía que sus palabras serán sinceras. Tenían que serlo y yo quería creerlo. —¿Ella de verdad es solo una amiga? —pregunté. Necesitaba confirmar lo que antes me había dicho, lo necesitaba casi como

