Mariano. No fui capaz de pensar con claridad. Mis actos posiblemente no sean bien vistos por Alondra, pero a estas alturas ya no me importa. Estoy perdido completamente en las mieles de sus labios y no pude detenerme. Mi lengua invadió su cavidad bucal con pasión, mi mano se aferró a su estrecha cintura con posesión, quemando cada rincón de mis células, embotando mis sentidos, provocando que el fuego en mi sangre me consumiera totalmente. La apreté a mi humanidad, para que sintiera el producto de mi excitación, ella se movió restregándose contra mi dureza. Estaba sumergido en ella, la escuché gemir y eso agitó mi sangre casi llevándome al borde de la locura. La recosté contra la puerta y comencé a besar su cuello, su olor y sabor eran más deliciosos que cualquier exquisito vino y esta

