Alondra. Me mordí el labio, al escuchar la puerta abrirse, supe inmediatamente que no se trataba de Marta, pues el olor masculino inconfundible de Mariano llenó la habitación, era varonil y provocativo. Sabía que no estaba en condiciones para recibirlo por lo tanto me rehusé a girarme y darle tiempo para escapar, lo que nunca imaginé es que volvería a llamar. —Alondra soy yo, ¿puedo pasar? Sonreí involuntariamente, camine hacía el closet para ponerme algo decente para recibirlo, aunque en mi cabeza la idea de conquistarlo se había trazado con fuerza, no quería ser tan descarada, quería enamorarlo y no solamente alimentar su deseo carnal, deseaba su corazón más que su cuerpo. —¡Espera por favor! —grité en respuesta, mientras escogía el vestido al azar, me vestí rápidamente y c

