EMPEZAR DE NUEVO.

2090 Words
Por primera vez no sabía qué decir o cómo agradecer tener la oportunidad de comenzar de nuevo. No era una continuación, mi vida antes de estar en prisión era parte del pasado y no deseaba que formará parte del presente que estaba viviendo ahora. Mis padres se marcharon sin mirar atrás, sin importarles que gritará como loca ser inocente, Nunca les importo saber o conocer la verdad, no quisieron ahondar en las investigaciones, he estado sola desde entonces.   —Mi nombre es Marta y estoy para servirle en todo lo que necesité señorita —la vi dudar por un momento. Me di cuenta que, la razón era porque no sabía mi nombre, por lo que me apresuré a presentarme.   —Alondra Franco, es un gusto conocerla Marta —dibuje una sonrisa en mi rostro al ver que ella me sonreía. Me pregunte si ella me sonreiría de la misma manera de saber que soy una expresidiaria y que estuve doce años en prisión. Me regañe mentalmente, debía cerrar ese capítulo amargo de mi vida, hacer de cuenta que solo fue una horrenda pesadilla y nada más.   —El placer es mío señorita Alondra —girándose me sirvió una taza de arroz, carne y verduras. Hasta ese momento no había sentido hambre; pero recoger el aroma de la comida caliente, hizo a mi estómago gruñir. Sentí un poco de vergüenza y puedo jurar que mis mejillas se tornaron rojizas. Marta sonrió y mi pena aumentó.   —Sírvase por favor, debe estar hambrienta, se ha saltado el almuerzo y en dos horas serviremos la cena. Es la primera vez que hay tanto movimiento en esta cocina, el señor Mariano no acostumbra a comer en casa y siempre está ausente —por un momento temí que él me dejara abandonada; pero recordé que solo estaría allí por un corto tiempo. Se que no sería fácil retomar mi vida. Decidida a hacer mi mejor esfuerzo olvidé mis preocupaciones y me concentré en el manjar que tenía frente a mis ojos.   Después de terminar, recogí y limpié la mesa, para luego lavar la vajilla que utilice, para cuando Marta llegó la cocina estaba en completo orden. Lo que me llevó a pensar que existía una forma de pagar mi estadía en esta casa. Le pediría a Mariano que me contratara para limpiar, no sabía que tan buena idea podía ser; pero debía intentarlo, tenía que hacer algo en ocupar mi tiempo y como pagar lo que se me diera.   —¿Ha limpiado? —Marta me preguntó con los ojos abiertos, imagine que la razón eran mis acciones. Mordí mi labio antes de asentir.   —¿Puedes revisar que todo haya quedado en su sitio? —pedí. Ella asintió.   —Por supuesto, pero no tiene que hacerlo señorita Alondra, estoy aquí para ocuparme de usted, me lo ha pedido el señor Mariano. Si llega a enterarse de que usted se ha hecho cargo de mi trabajo, posiblemente me despida —el miedo se instaló en mi estómago. No podía suceder tal cosa. Personalmente hablaría con Mariano, para exponerle mi caso.   —No lo sabrá por mí y si tú no le dices nada al respecto. No tiene por qué enterarse de nada. En todo caso hablaré con él, no quiero ser una carga para nadie —dije con una sonrisa nerviosa. Ante la posibilidad de que Marta perdiera el empleo. —Gracias señorita Alondra, es usted muy amable y una buena persona —sentí un pequeño calor colarse en mi pecho ante sus palabras. Pues había olvidado lo que era un trato amable hacia mi persona, la cárcel me enseñó de la manera más dura y cruel que no debía esperar bondad, todo lo contrario, viví doce años de mi vida, temiendo un día no despertar. Pero recordé que no estaba más en prisión, que era una mujer libre, aunque marcada por un pasado terrible, tenía oportunidad de vivir a mi manera y de conocer personas como Mariano y Marta, capaces de hacerme sentir humana.   Evité que las lágrimas abandonaran mis ojos, pues temía que una vez se rompiera el dique que me mantenía erguida sería imposible parar. Camine fuera de la cocina, en busca de Mariano, necesitaba aclarar mi situación con él, pues no permanecería sin hacer nada, debía ganarme la comida que me llevaría a la boca todos los días.   Camine por unos minutos, no sabía a donde dirigirme o donde podía encontrar a Mariano. Escuché la voz de Marta en el jardín, por lo que me dirigí hacia afuera, esperando ella pudiera ayudarme de nuevo.   —Señorita buenas noches —el chófer me saludó con amabilidad. Ahí estaba de nuevo esa sensación extraña dentro de mi pecho. Él sabía muy bien de qué lugar provenía y, aun así, no había nada en su mirada que me indicará reproche o desagrado.   —Buenas noches, ustedes puedan perdonar la interrupción; pero me gustaría poder hablar con el señor Mariano —pedí, esperando obtener una respuesta positiva de alguno de ellos.   —Señorita Alondra, déjeme presentarle a Ernesto, es el chófer del señor Marino —sonreí, sabía que era el chófer, pero no sabía su nombre. Me acerqué para tenderle la mano.   —Un placer señor Ernesto y por favor llámenme por mi nombre simplemente —pedí, el que se dirigieran a mí de manera tan formal me hacía sentir extraña.   —No podría señorita, el señor Mariano podría molestarse y considerarlo una falta de respeto hacia su persona —dijo bajando la mirada. ¡Dios si ella supiera! Suspiré, quizás debía hablar primero con Mariano y luego tratar de explicar mi situación a Marta.   —¿Podrías llevarme a él? —pedí al darme cuenta que no la convencería de tratarme como una igual, pues no era yo más que ella. Ella asintió, se despidió de Ernesto y camino de regreso a la casa, seguí sus pasos tratando de memorizar cada rincón de ella para no perderme, era una cosa majestuosa, muy parecida a la casa donde crecí. Aparte los pensamientos de mi cabeza, no tenía caso recordar lo que no volvería a tener, sobre todo porque no sabía nada de mis padres, no sabía si seguían vivos o no.   —Esta es la biblioteca y es donde encontrará al señor siempre que lo necesité, parece ser una especie de santuario para él —asentí mientras ella llamaba a la puerta con dos toques suaves. Respiré de manera profunda al escuchar la profunda y ronca voz de Mariano, mis piernas temblaron y mi corazón saltó emocionado. Sensaciones que creí nunca volver a sentir.   ***** Dos golpes suaves a la puerta me sacaron de mis pensamientos, guarde la fotografía de Camila, no tenía razón para tenerla entre mis manos, sin embargo, no puede evitar conservarla en mi poder, una foto robada que, de ser descubierta por alguno de ellos, con seguridad nuestra amistad llegaría a su fin.   —Pase —dije acomodándome en la silla, para ver a Marta entrar, seguida muy de cerca por Alondra. Sus ojos se fijaron en mí, pude comprobar que las ojeras habían desaparecido, el descanso le hizo bien y me alegré por ella.   —Señor, la señorita ha pedido hablar con usted —Marta giró sobre sus pies y salió sin esperar una respuesta de mi parte.   —¿Has descansado? —pregunté, mientras me puse de pie y le indiqué a mi invitada tomará asiento en uno de los sillones que adornaban la biblioteca.   —Si, gracias de verdad, no tengo palabras para agradecer todo lo que haces por mí, no me alcanzará la vida para pagar tu gesto y bondad —su voz era suave y modesta. Pensé en todo lo que debió sufrir y mi corazón se estrujo dentro de mi pecho, no podía hacer nada con su pasado; pero me había propuesto hacer de su presente algo mejor y tratar de asegurar su futuro.   —No tienes nada que pagarme Alondra, lo que hago por ti, lo hago de corazón, trato de compensar la injusticia cometida hacia tu persona.   —Pero no has sido tú quien la ha cometido, no te sientas obligado a compensarme Mariano. Ya me siento muy agradecida contigo por haberme devuelto la libertad cuando ya no tenía esperanzas. Ahora quiero empezar de nuevo y labrarme una vida fuera de los barrotes. Me gustaría poder trabajar para ti, sé que no tengo estudios y cartas de recomendación más que una excarcelación, pero puedo limpiar y ayudar a Marta en todo lo referente a la casa. Por favor, permíteme ser de utilidad y ganarme cada bocado que me lleve a la boca —sus palabras lograron más que estrujar mi corazón, el nudo en mi garganta de apretó ¿Podría negarle lo que me pedía? No me agradaba la idea de verla limpiando, pero tampoco quería que se sintiera incómoda por lo que sin pensarlo mucho tiempo le respondí.   —Preferiría te ocuparas de llevar mi agenda, puedo enseñarte, sé que eres una mujer inteligente y el hecho de que no terminarás los estudios no te limita ¿Aceptas? —pregunte, pude ver en sus ojos la sorpresa, imagine no se esperaba mi propuesta.   —¿Tu agenda? —preguntó, parpadeando varias veces. Una acción que se me hizo muy tierna. ¿Qué diablos estaba pensando? Me pregunté.   —Si, te enseñare, no tienes por qué preocuparte, sé que podrás con eso y con todo lo que te propongas Alondra, tengo fe en ti —dije sin pensarlo, sus ojos se cristalizaron y, no supe qué fue lo que me llevó a envolver su cuerpo entre mis brazos, sus lágrimas mojaron mi hombro ¿Qué había dicho que le hizo llorar de esa manera tan desgarradora? No lo sabía, lo cierto era que mi corazón quiso llorar con ella.   **** “Tengo fe en ti” esas cuatro palabras se repetían en mi cabeza, no podía evitar sentirme emocionada y desgarrada por dentro. Mariano me estaba dando lo que mi propia familia me negó, lo que mis padres nunca fueron capaces de tener. Nunca confiaron en mi inocencia y un desconocido no solo me liberó de mi encierro, sino que también me tenía fe. No pude evitar derramar las lágrimas que había tratado de contener minutos atrás. Mi corazón se sentía aliviado al llorar de aquella manera, se sentía libre y emocionado de tener la fe de un hombre como Mariano.   No sé cuánto tiempo me sostuvo entre el calor de sus brazos, ni siquiera fui consciente del momento en el que mis ojos se cerraron, estaba tan cansada y tan confiada, que volví a quedarme dormida.   **** Observe el rostro de Alondra, mientras recostaba su cuerpo sobre el sillón largo. Sus mejillas estaban húmedas producto del llanto, sus párpados hinchados y rojos, sentí la necesidad de ser su pañuelo y protector. Era el sentimiento más intenso que he tenido en toda mi vida. Ni siquiera Camila había despertado esa necesidad abrumadora en mí. Pues en el fondo sabía que Maximiliano la adoraba. Pero Alondra era un caso totalmente distinto. Estuvo sola tanto tiempo, apresaron su cuerpo, pero deseaba con todo mi ser que no su alma y quería darle el impulso que necesitaba para volar tan alto, mucho más alto que el cóndor y el águila real.   Mis pensamientos se ven interrumpidos por el sonido estridente de mi móvil, juro por todo lo sagrado que no tenía deseos de contestar. Pues cada vez que ha sonado últimamente ha sido para traer problemas y más problemas; pero ante la insistencia no tengo otra opción más que atender la llamada. Sobre todo, porque no deseaba que nada interfiriera con el descanso de Alondra.   —Maximiliano —saludé rápidamente. Quería evitarlo por cuanto tiempo me fuera posible, quería olvidarme de todo y de todos, sin embargo, le había prometido a Altaír pasar por su casa esa noche y casi lo olvido.   —“La casa Salvatierra ha sido incendiada, Camila está destrozada”—no quería pensar más en Camila, no deseaba preocuparme tampoco, pero como amigo no podía hacer caso omiso al llamado.   —Estaré allí —dije ya sin pensarlo más, llame a Altaír, para cancelar mi visita. Cogí el saco con rapidez y entonces mi mirada se dirigió a la hermosa mujer dormida en el sillón, no quería dejarla ahí, pero llevaba prisa. Me acerqué a ella, le pedí una disculpa silenciosa, coloque el saco sobre su cuerpo para protegerla del frío y sin pensar le deje un besó sobre su frente.
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