Capítulo 4

4466 Words
Comúnmente mi padre nos lleva al instituto, pero hoy es el día libre de Tadeo y le pidió prestado el auto a mi padre para ahorrarle transportarnos hasta allá. ¿Acaso cree que Mabel y yo somos tan bobos? No puede ser. Sus intenciones son demasiado predecibles, quiere el auto para pasear un rato por la ciudad a hacer quien sabe qué. En general el clima en la ciudad es cálido, pero estamos en tiempo de lloviznas que se presentan de la nada. Para nuestra mala suerte, poco antes de aproximarnos al plantel, comenzó una fuerte llovizna y Tadeo se detuvo cerca de la entrada del instituto. — ¿Por qué te detienes aquí? —examinó la mediana de ojos verdosos. — ¿Cómo que por qué? aquí es la parte de la película adonde bajan del auto y se mojan en la lluvia entusiastas— Mabel y yo cruzamos miradas. Sabíamos que Tadeo intentaba hacernos una maldad. —No me voy a bajar aquí, conduce hasta la entrada—protestó Mabel con llamas en los ojos. — ¿O salen el auto ahora mismo o los llevo de vuelta a casa? La hora corre, propongo que tomen una decisión rápida, ya están llegando tarde irresponsables— sonrió mojigato y ondeó una de sus cejas; el disfrutaba hacernos sufrir. Mabel comenzó a discutir con Tadeo. Aunque es un despiadado obligándonos a mojarnos en la lluvia, sabe cómo hacer enfadar a la pequeña molestia. Yo no iba unirme a la discusión, así que me largué del auto y troteé con todas mis fuerzas para no empaparme. No obstante, no valió la pena que me apresurara. El agua no paso desprevenida en mi ropa, fue un esfuerzo con un resultado predecible. Transcurría por los pasillos completamente mojado en dirección a la clase de Literatura. No había nadie por los pasillos, y no esperaba menos; faltaba poco para las ocho. No me atrevía a entrar a la clase en tal aspecto así que decidí que me quedaría sentado en uno de los banquillos junto al muro a esperar que mi ropa se secara un poco. —Jonas, no me digas que tampoco te dejaron pasar al salón— Mabel se acercó y se amoldó junto a mí en los banquillos. Mientras caminaba, sus tenis rechinaban. —No. En realidad no entre por que no pienso dejar que el profesor y mis compañeros se burlen de mí por culpa de Tadeo. Pero está bien, de todos modos, la clase de Literatura es aburrida— sonreí con suficiencia tanteando mi melena para sacudir las gotas. El timbre nos avisó el cambio de clases. Tanto la ropa de Mabel como la mía, seguían un poco húmedas, pero estaban presentables como para pasar desapercibidos. Me volví a encontrar con Damiano en la cafetería. Platicábamos sobré la comida. Ella reía cada vez que bromeaba sobre el origen del puré de papa y las uñas largas de la cocinera. Era algo ridículo, pero lo bizarro nos parecía gracioso. Me agradaba compartir un poco con Damiano, pero ella no podía volver a escucharme ni tocando la guitarra ni cantando. Si lo hacía, tendría que alejarme de ella. —Eres un profesional inventando calumnias sobré la cocinera, ¿No has pensado a dedicarte a ello? —bufoneó embozando una carcajada. —Tal vez, y tú deberías dedicarte a sugerirle empleos a tontos como yo ¿Vale? – le provee un sorbo a mi refresco y despegué el tenedor del puré de papas que parecía cemento. Nos llevábamos tan bien, que tenía que ser el primero en aceptarlo. Había empezado a gustarme y eso se notaba. Ambos bromeábamos, ambos la pasábamos bien, nos gustaban las mismas cosas y solo era tiempo para que terminara sintiéndome de esta forma. —Trato hecho, pero me retractó de lo dicho— le proporcionó una mordida a su pizza y el queso chorrea en su plato. —Ni siquiera en un empleo de prepago te contratarían, menos inventando calumnias— suelta varias risotadas. —No me causo nada de gracia tu chiste sobre mis probabilidades de trabajo—intenté contener una carcajada y que el refresco no saliera por mi nariz. — ¿Que vas a hacer esta tarde? —Estaba pensado en ir a la feria de atracciones. Si vas, nos vemos hay. Luego de clases, acordé con Charlie en encontrarnos en la nueva feria atracciones. Matt tenía un ensayo y le era imposible venir. Contemplaba a las personas caminar de una atracción a otra desde una banca. Charlie y Marnie ya habían tardado un buen rato. ¿Dónde estarán esos dos? Al girar mi cabeza, estacionaban el auto cerca de la entrada. Me levanté al ver al rubio y a su novia encontrarme con la mirada y dirigirse hacia mí. Luego de saludarlos, a Charlie se le ocurrió comprar tickets para subir a la rueda de la fortuna. Al aproximarnos a la atracción, las filas para subir eran kilométricas. Si pretendíamos subir hoy, teníamos que buscar una mejor estrategia. Así que se nos ocurrió colarnos frente a unos chicos distraídos. Nos colocamos disimuladamente en la fila. Tenía el presentimiento de que esos chicos nos descubrirían y nos sacarían a patadas. Al esperar algunos minutos, la fila progresaba, al parecer, ya era nuestro turno de abordar. Deje pasar a Charlie y a Marnie para que se sentaran juntos. Luego, al subir los escalones, el portero me inmovilizó para señalarme que debía esperar al siguiente turno; eran los últimos asientos. En estos instantes de mi vida, no sería una sorpresa que me abandonaran mientras ellos se besuquean. — ¿Estabas en este lugar antes? — mi respiración se aceleró al escuchar al chico detrás de mí. Sentí que le corazón se me saldría por la boca. — ¿Intentas colarte en frente de nosotros?— me atropelló exigiendo atención. ¿No se los dije? Era mala idea. Ese mamut con apariencia de pandillero me va a asesinar luego de sacarme a empujones de la fila. Me va a comer el cerebro y hará un festín con mis tripas. Genial. Antes de que consiguiera expresarle algo, una párvula vocecilla me interrumpió. —Tranquilízate Mike, el viene conmigo. Le pedí que esperara aquí mientras yo compraba los tickets— se dividieron para que la pequeña pelirroja me acompañara en la fila. Bajaron a las personas del ciclo anterior, y ascendimos los del nuevo turno. Damiano me seguía el paso; sobreentendí que ella subiría conmigo a la atracción. Nos amoldamos en un rotundo silencio. Me sentía extraño, una chica me defendió y eso nunca me había pasado. No sé porque, pero me ha cautivado del todo. No apoyaba a ningún movimiento, pero a veces hay que dejar que las chicas nos defiendan, eso demuestra que tienen un carácter fuerte y esa era la clase de chicas que llamaban mi atención. Si soy sincero, me salvo de una monumental paliza. — ¿Apeteces tomarme una foto? —  chasqueó la lengua y miró hacia abajo.  —Me has mirado mucho para mi gusto desde que subimos, me empalagas— concretó retirando mi cara para desviar mi mirada de ella. —Es que aún no lo supero ¿Cómo diablos me salvaste de eso? — ella cubría su boca para no reír. Su cabellera con ondas y ese color tan particular la forjaban aún más atractiva. No les engañare. Damiano era muy bonita y no solo yo, cualquiera podía pensarlo.   —Solo cállate. Quiero disfrutar el paseo— rodeé su espalda con mi brazo, yo sabía que eso la haría sentirse protegida. Me zarandeé un poco cuando la rueda comenzó a circular. Aisló mi brazo de un atropello en vista de que comenzó a ruborizarse. —Solo añadiré que tienes una deuda que saldar conmigo por devolverte los cigarrillos. —Yo no te correspondo nada, tú tienes una deuda conmigo por…— cerré sus labios con mi dedo índice. —Favor por favor—extendí mi mano para ofrecerle un apretón de cierre de negocios. —Hablando de favores, requiero uno para después. —Es encantadora tu propuesta. Habla—tronó estrechando mi mano. —Me preguntaba si te apetecía ir conmigo este fin a comer a algún lugar— formulé. No esperaba que aceptará. Su aptitud conmigo era tan suelta, que no sabía si yo le atraía aunque sea un poquito. —Está bien, este es mi número. Me avisas el lugar y la hora— extrajo de su bolsa una libreta, arrancó un pedacito de hoja y con un marcador, me escribió el respectivo número de su móvil. — ¿No quieres que te pase buscando por tu casa?— guardé el papel en mi bolsillo. —Por supuesto que no, mi madre puede llevarme y también puede ir por mí. No te molestes y tampoco insistas. ¿Qué estás haciendo Jonas? Ella te gusta, pero también puede sospechar de lo del cupido de la guitarra. Respira, exhala, todo estará bien. Ella no se enterara de nada. Percibíamos desde lo alto a las demás atracciones. Me sentía agradable y lujurioso junto a Damiano. Dialogamos soserías por un buen rato hasta que el portero ejecuto la seña para notificarnos que ya era la última vuelta. Al alcanzar nuevamente lo alto, no lograba desistir de admirarla, ella contemplaba a las personas que cursaban bajó nuestros pies. No podía renunciar a la oportunidad de hacer algo. —Damiano— le dije provocando que sus ojos se estacionaran en los míos. — ¿Sabías que cuando las pupilas de las personas se expanden es porque les gusta lo que ven? —No. No lo sabía— denegó desviando nuevamente la mirada. — ¿Y a qué viene la pregunta? —Cada vez que te veo, mis pupilas se expanden— aseveré. No sabía ni que carajos estaba intentando decirle. Lo más seguro es que recibiría una bofetada y estaba listo. No quería parecer un casanova, pero yo era bueno diciendo cosas bonitas solo cuando cantaba. Se colocó una mano en cada cien y comenzó a reír. —Claro, claro. Gracias por eso, ya era hora de desempolvar mi baúl de labias. Es hora estúpido, bésala. Este es el momento. La invadí de la cintura aproximándola hacia mí hasta que conseguí que nuestras narices se tocaran sutilmente, acerqué mi boca hasta la suya apoyándola con exquisitez y le robé un beso en los labios. Bueno, fue más rocé que cualquier cosa. Al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, se opuso y me golpeó el rostro con su mano huesuda. De haberme alejado, habría sido suficiente. No haría nada que ella no quisiera. Me aparte restregando el golpe en mi cara, ella me sonreía tocando sus labios. ¿Estaba feliz? ¿Estaba enojada? Eres un imbécil Jonas. Ni siquiera sabias lo que sentía. —No. es muy pronto Jonas— susurró bajando la mirada. Le devolví la sonrisa y la entendí completamente, yo soy un desconocido para ella. Nos conocimos la semana pasada y ya quería estar sobre ella, no lo pensé bien; en mi cabeza lo imaginaba mejor. Levanté su cara con mi pulgar y le proporcione una caricia en la mejilla. Debía tratarla con respeto. Créame, no tenía nada más que ingenuidad con Damiano, no sería capaz de tratarla como una cualquiera; ni a ella, ni a ninguna mujer. La rueda se detuvo, correspondía que bajáramos de la atracción. Curioseaba a esa melena pelirroja descendiendo de los escalones mientras yo le seguía el paso. Alcancé su mano entrelazando nuestros dedos. Quería llamar su atención, tenía que esforzarme para que no me olvidara. Ella se dejaba llevar, me inspeccionaba de reojo mientras caminábamos lado a lado. Charlie y Marnie nos localizaron entré la multitud. —Ella es Damiano, también va al mismo instituto que nosotros— les anuncié. Ambos le estrecharon la mano. —Un placer conocerte Damiano. Nunca te había visto, pero ya sabes cómo son estas cosas. El instituto es tan grande que no llegas a conocer a todos— gentilizó Marnie. — ¡Damiano es hora de irnos! — exclamó Mike subiéndose a la motocicleta. Ella jadea al tener que desprender mi mano de la suya. Parece que la estaba pasando bien, pero no puedo pedirle que se quede. Se despidió de mis amigos y se retiró. No podía permitir que se fuera así como así, algo tenía que pasar. La perseguí para sujetar su mano. La llevé hacia mí para plantearle un último beso en los labios, ella apartó sus labios de los míos y metió sus manos bajó mis axilas para abrazarme. No lo sé, a mi parecer fue muy espontaneo. Su respiración cae en mi cuello. Mi cuerpo no quiere soltarla, pero tengo que dejarla ir. ¿Qué ocurre contigo Jonas? No le gustas. Debería dejarla ir. Quizás era solo un capricho. Nos separamos y ella caminó hacia el estacionamiento donde la esperaban; se giró para examinar mi fisionomía. Me despedí sacudiendo la mano mientras se subía a la motocicleta con Mike; los contemplaba alejarse hasta que se perdieron en la autopista. Ya puedes bajar tu mano imbécil. Regresé a casa encandilado, no puedo olvidar lo que ha pasado en la tarde. Saboreé mis labios para sentir ese sabor a frutilla que Damiano ha dejado sobré mi boca. Cerré mis ojos para inmortalizar ese momento. Quisiera saber más sobré ella. No me sentía invisible junto a Damiano, ella es una chica que me hizo sentir algo diferente, no consigo explicarlo con palabras Antes de acostarme a dormir, Tadeo entró a mi dormitorio inculcando mi armario. Seguro que quería que le prestara una camisa para alguna fiesta. No me importaba que tomara prestada mi ropa sin pedirla, lo que si me molesta, es que encontrar camisetas muy sucias en mi armario. El mayor idiota de los Phoenix no arruinaría mi tranquilidad, al menos no por esta noche. Solo pensaba en lo que había pasado hoy en la rueda de la fortuna, no podía creer que me estuviera gustando Damiano o después de tanto tiempo, alguna chica. No tengo muy claros mis sentimientos, pero estaba pensando en que quiero mucho más que una amistad con ella. Solo el tiempo aclarara si es correspondido o si solo es una ilusión de adolescentes; aún queda mucho tiempo para concretar si quiero o no seguir con esto. Llego el fin de semana, lo que significaba que era el día que acorde en encontrarme con Damiano. Mi entusiasmo aumentaba a un máximo, tal y como lo hacía mi nerviosismo. No estaba mal sentirme así. Ya tenía bastante tiempo sin saber de este tipo de cosas. Solo pensaba en esa salida. Ya que la idea de invitarla a salir me surgió de momento, no tenía planificado absolutamente nada, ni siquiera tenía la mínima idea de adonde la llevaría. Al recordar algunas películas románticas, pensé que esa salida sería un completo desastre. Lo único que faltaría es que la lluvia estuviera contra mí. Estaba sentando en el borde de mi cama, mi armario estaba completamente desordenado. Los jeans complementan el alfombrado de mi dormitorio, mi ropa interior desborda sobré mi cama y mis camisetas, desaparecieron. Esto tiene que ser obra de Tadeo. Justamente el día de hoy al mayor de los desgraciados se le ocurre poner de cabeza mi armario. Espero que se esté divirtiendo con mi ropa donde sea que se encuentre. — ¡Tadeo!— repetía inspeccionando toda la casa. Mi madre tenía unos rolletes en la cabeza y una crema de aguacate en la cara. — ¡Jonas basta!, me duele la cabeza y tus gritos no me ayudan para nada. Tadeo salió desde esta mañana y aún no ha regresado. —Dejo mi alcoba hecha un completo desastre, esta misma tarde tengo una salida con amigos y no tengo que ponerme— le expresé mi abatimiento a mi madre aunque no esperaba que me ayudara en algo. — ¿Pensaste en buscar en el dormitorio de tu hermano? — mencionó llevando un pieza de pepino a su boca. —Seguro encuentras algo que ponerte, solo tranquilízate y no te desesperes— me planteó un beso en la mejilla antes de bajar las escaleras. Consiguió sobresaltarme con su cariño repentino. Puedo asegurar que esta misma mañana se realizó un lavado cerebral y se le ha olvidado que comúnmente sus propios hijos le estorban. No puedo encontrar una explicación al comportamiento adecuado de mi madre, pero es posible que una persona idéntica a ella concurriera a robarle la identidad y ahora se haga pasar por señora Phoenix. Nunca había sido tan atenta y jamás me había dado algún tipo de comentario que me ayudara, supongo que un gran cambio ha ocurrido en mi madre de la noche a la mañana. No puedo explicar lo que está ocurriendo en mi vida, pero muchas cosas se sitúan en su lugar y otras se colisionan contra mí. No sé si debería haberle contando a mi madre sobre la salida con Damiano o era mejor la mentira que le he planteado. Ingresé a la habitación de Tadeo; inculcaba en el armario y en las gavetas de su cómoda. No puede ser que mis camisetas desaparecieran. Mi ropa no tiene piernas, así que la conclusión de que se fueron caminando por si solas, es totalmente nula. Tal vez debería inventarme una excusa y llamar a Damiano para cancelar la salida. Regresé a mi habitación y me recosté boca arriba en mi cama. —Voy a asesinar a Tadeo— entoné con firmeza al descubrir que todas mis camisetas están adheridas al techo de mi dormitorio; intenté derribarlas saltado sobré mi cama y estirando mis brazos todo lo que se me hacía posible. — ¿Y este desorden Hol?— examinó Mabel al ingresar a mi dormitorio. —Esto ha sido obra de Tadeo, pero esto no se va a quedar así. No va a arruinar mi salida. Se tumbó sobré la cama y suspiró. — ¿Chica nueva? —Yip. La invite a salir a esta misma tarde, pero no tengo ni idea de adonde llevarla ni que ponerme— le expresé mi preocupación sobando mis cienes. —Lo menos que deseo es arruinar esta oportunidad con ella. —Te voy a ayudar, pero me tienes que devolver el favor o no hay trato— condicionó con firmeza. No importaba lo que me fuera a pedir después, lo único importante ahora, era resolver este conflicto. —Bien. Me sugirió que usara un pantalón de mezclilla y una camiseta timbrada azul marina acompañada con unos converse del mismo color. Además, tomó mi móvil y le envió un mensaje a Damiano con los datos sobre el lugar de encuentro. —La llevaras a un cafetín, he estado hay varias veces, solo sigue las indicaciones en el mensaje que le envié a la chica. Intenta que sea una buena cita. —Esto no es una cita. No lo era. Era una simple salida de amigos y nada más. No es que yo estaba esperando volver a besarla ni nada por el estilo o… ¿sí? ¡Rayos! Tiene que ser una vidente. —Van a estar solo los dos y te gusta ¿Qué salida de amigos es esta Jonas? —No-Es-Una-Cita—ultimé mientras doblaba mi ropa interior y las lanzaba a las gavetas de la cómoda. — ¿Quieres más razones hermanito? — la fulmine con una mueca de desagrado y ella retrocedió. —Lo que tú digas. Mi madre permitió que usaras su auto y te ha dejado las llaves en la sala. Hasta conducir me resultaba un enorme pánico debido al lugar de llegada. Al ingresar en el cafetín, me senté en la barra cerca de la ventana. Una mesera se acercó a mí. —Estoy esperando a alguien, gracias— entoné y ella devolvió su marcador a las espirales de su libreta. Para distraerme un poco, examinaba el menú. Creí haberme tragado mi propia lengua cuando vi a Damiano entrado por la puerta principal. Estaba increíblemente despampanante con una chaquetilla negra, una blusa de encaje y un short. Conectamos miradas, inmediatamente ella me distinguió y se acercó hacia mí con una enorme sonrisa. —No sabía que te gustaba Chocolate Fogoso. Creí que un chico como tú jamás vendría a un sitio como este— se acomodó en el asiento junto a mí y tomó una servilleta para instalarla sobre su regazo. —Quiero ser sincero— mordí mis labios y troné mis dedos. —Mi hermana me ayudo a planificar esta salida contigo y nunca había venido aquí antes de que ella lo planeara así, pero el lugar no está nada mal. Sus pómulos subieron cuando volvió a sonreír. —Está bien, mi hermana también me ayudo eligiendo mi atuendo. —Lo estas, te ves hermosísima— gentilicé tanteando. Nuevamente se aproximó la mesera e interrumpió lo que intentaba condensar. Solo quería tener una buena plática. Algo que le hiciera pensar que esto era mucho más que una salida de simples amigos. — ¿Qué quieres pedir Damiano? —Mi acompañante y yo queremos dos malteadas de chocolate búfalo— asumió. La mesera tomó la orden y se retiró. —Gracias por pedir por los dos— precisé sarcástico. —Tranquilo, es una malteada grande especial. Prometo que te encantará— orientó. La mesera colocó las malteadas sobré la mesa. Examiné el contenido de la copa y fruncí el ceño. —Tiene gomitas, galletas oreo y explosión de chispas. Aunque habría la probabilidad que me provocará diabetes por tanto azúcar, me sacrificare y lo probare solo por ti. —La bebida no es extraña, sucede que tú eres muy aburrido— tomó la copa y empezó a tomar por pequeños sorbos haciendo que algo de espuma quedara sobré su labio superior. — ¿Aburrido? —dramaticé cogiendo una servilleta y removiendo la espuma de su boca. —Si yo termino mí malteada más rápido, tú me darás algo que yo quiera y viceversa si tú ganas. —Me gusta la idea. Establecemos la cuenta regresiva y comenzamos a beber con mucha rapidez las malteadas. No me importaba ganar, solo quería que fuéramos algo diferente a lo que hacen los demás. Ya había removido el miedo de lo de la guitarra y lo de mi otra vida, por eso decidí que tenía que intentarlo. Quiero ser lo suficiente adecuado para Damiano y no lo sé, corresponderle. Pero creo que me ve con unos ojos muy diferentes con los que la veo yo. Se comporta tan suelta, no creo que Damiano me quiera más que como su amigo. No ha dejado nada claro aún. — Duh, soy la ganadora—se sobresaltó colisionando suavemente la copa vacía contra la barra. —En tu cara Phoenix— retrajo los dedos y bajó ambos pulgares. —Dime Damiano ¿Un beso, un abrazo o una noche en Pasadena? Puedes tener lo que quieras — presenté las posibles opciones ondeando las cejas y tomando del pitillo. Reza por los besos Jonas, reza. —Quiero que coloques tus manos por debajo de la mesa. ¿Bajo la mesa? ¿Que estará pensando? Yo no soy Christian ni ella Anastasia. Realicé lo encomendado e inmediatamente aparté mis manos luego de tocar los chicles pegados de debajo de la mesa. Nunca me imaginé que ella pediría algo así, es cómico e inusual, pero jamás de tantas cosas que podría haber conseguido me imagine que Damiano me pediría que tocara los asquerosos chicles viejos de la mesa. Tiene un punto de vista un poco retorcido y bizarro. Al verme asqueado con uno de esos chicles adheridos a la mano, se caraDamianoba y soltaba risotadas sin lograr controlarse. Aunque era muy asqueroso, me gustaba verla de esa manera, así que me propuse a seguir un rato con la goma en la mano. Al calmarse y limpiar las lágrimas de su rostro, tomó una servilleta y retiró la goma sucia de mi piel. Me levanté a pagar las malteadas, pero le excusé a Damiano que solo iba al baño. Sabía que intentaría persuadirme a pagar la mitad de la cuenta, y yo como buen amigo, no me resignaría a que ella lo hiciera. Intentaría confrontarme por movimientos como los derechos de las mujeres y no llegaríamos a nada; terminaría en discusiones innecesarias. Rápidamente regresé a la mesa y Damiano comenzó a sospechar que algo raro pasaba. —Damiano, no tengo dinero para pagar la cuenta— falseé. —Vamos a salir sin que se den cuenta. A las tres tomas mi mano y escapamos de aquí, ¿Copiado y pegado? — emití en un falso agobio. Limpiaría la errónea idea de que yo era aburrido de su mente. —Espera un momento. No podemos, ¿Estás loco Jonas? —su boca titubeó al igual que sus manos se estreñían. —Yo tengo dinero, yo pagaré. Interrumpo desenfrenado. —Uno, dos, tres. La cogí del brazo y evacuamos Chocolate Fogoso corriendo como unos maratonistas. Las personas en el establecimiento quedaron un poco confundidas. Locuras adolescentes, anótenlas. Me impresionaba que Damiano me siguiera el paso sin oponerse del todo, pero aun estaba desconcertada de lo que finalizaba de acontecer. Ni siquiera se imaginó que había pagado las malteadas anteriormente y que todo este escenario del gran escape, es una farsa. Se apoyó de sus rodillas mientras descansamos en el estacionamiento. Respiraba rápido y merodeaba los alrededores como si tuviera mucha experiencia criminal. — ¡Que te pasa!— me empujó al recobrar fuerza. —Jamás voy a poder comprar de nuevo hay, eres un idiota. Te dije que tenía dinero para pagar y aun así no me hiciste caso. Volveré a pagar la cuenta y no quiero que me hables. —Damiano cálmate— la aferré del codo e inmediatamente aíslo mi mano de un atropello. —Pagué las malteadas cuando iba de camino al baño. — ¿Que? — sujetó su frente indignada. —Tu dijiste que era aburrido, solo quería que cambiaras de opinión— formulé sin lograr embozar mi gracia a su indignación. — ¿Y ya lo hiciste verdad? Viéndolo bien, si esta era mi idea de conquistar, estaba frito. Apretó los dientes y dio una vuelta caminando lejos de mí. Al parecer la broma le cayó muy pesada en el estómago. Siempre de inútil Jonas. Esto no está bien, tengo que arreglarlo sea como sea. Inmediatamente troteé siguiéndole el paso y al acercarme lo suficiente, le rodeé el torso con mis brazos trasladándola hasta mi auto a rastras. Otra vez, estaba actuando como el loco de la camioneta negra que secuestra niños, pero me vi en la situación de insistir. Soporté sus puños e intentos de mordidas mientras la cargaba. Puedo expresar con legitimidad que está muy molesta. Si apaleara más fuerza, seguro que un brazo roto hubiera sido poco.
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