Capítulo 3

4997 Words
Desde que el curso en el instituto comenzó, me hablaron de él, decían que era un chico con el que en secreto todos querían estar, pero en público solo querían ignorar; un problema, una catástrofe, un desgraciado demente. Decían que vivía solo porque casi mata a su padre y a su madre de una paliza, que su hermano lo odiaba, que sembraba m*******a en su departamento, que tenía herpes, y que su novia era una chica trans-género. Eso solo era parte de lo que había escuchado, o verdades que habían salido a la luz quizás, pero estaba muy consciente de que las personas quieren verse mejor que los demás e inventan cosas terribles para hacer que la reputación de alguien se vea muy mal, pero a mí no me importaba realmente, la vida de Adam no era problema mío, como dije, el no existía en mi mundo. Me mordí ambos labios y bajé la cabeza para procesar su equivocación; era evidente que Adam había entrado en la ventana incorrecta y claramente no había sido su culpa. —Rodrigo de mierda— dije entre dientes. No era el único chico que había entrado a mi ventana en la última semana por error, creí haber asegurado esas ventanas. Rodrigo se empeñaba en hacerme molestar desde mi llegada al edificio. Su madre y mi padre estaban saliendo, y por alguna razón, pagaba los platos rotos conmigo. El padre de Rodrigo se mudó al extranjero cuando acepto después de mucho tiempo que le gustaban los hombres; Rodrigo estaba resentido y lo curaba con odio, alcohol y éxtasis. Él no era homofóbico, solo le dolido que se fuera y que lo dejara con su madre, que atravesaba problemas con las drogas. Su infancia no fue fácil, le dejo efectos colaterales como ansiedad. Su madre quedo destrozada, y además embarazada, y mi padre, el único vecino del piso que había sido amable con ella, la invito a salir, y hoy en día ellos estaban en planes de tener una relación formal, criar al hijo que lleva en el vientre como si fuera de ambos y casarse. Aunque claro, Rodrigo ya lo sabía, mi padre a veces despertaba en su departamento. En lo personal, no me interesaba que salieran, me gustaba su relación. Quizás por eso Rodrigo no me toleraba, su madre siempre me usaba de buen ejemplo, aunque claro, yo no lo era, al menos no del todo, para que mentir, yo no hacia cosas buenas. — ¿Dijiste algo? — interpelo el chico de pie frente a mí. No lo quería fuera de mi departamento porque mi padre fuese a molestarse, él ni siquiera se encontraba en casa, el había salido con la madre de Rodrigo, Rosario, a una cita, solo quería que saliera de mi habitación. Adam no era bienvenido, igual que cualquier otro amigo de Rodrigo. —Dije que… Rodrigo vive al lado — reincidí en un suspiro. Abrió la boca y se golpeó la frente con su palma. —Me equivoqué de departamento, tenía que llegar a una fiesta; a su fiesta— asumió. Cuando Adam retiro la mano de su frente, una mancha roja de su huella quedo plasmada en su piel. Adam guío sus ojos hacia su mano ensangrentada, yo estaba algo asustada, parecía estar herido. — ¿De quién es la sangre? — me preguntó extrañado. Mi mandíbula se tensó y mis ojos se encasillaron sobre la sangre junto a la lámpara rota. —Creo que es tuya. Tomé su mano y Adam tenía una pequeña cortada en la palma. La sangre ya de por sí, era escandalosa y la hemorragia florecía; fue evidentemente provocada por el colapso contra el vidrio de la lámpara. Adam no demostraba ser una mala persona, solo algo torpe en mi criterio. —Quédate aquí, buscare algo para enmendar esto— agregue antes de levantarme. Mediante caminaba a coger el botiquín del baño, pensaba — ¿Por qué las personas hablaban tanto de la vida de este chico? ¿Será tan interesante su vida como todos dicen? — pero, haya hecho lo que haya hecho, no merecía que hablaran tan mal de el a sus espaldas. Limpié la herida con alcohol y le coloqué una gasa. El castaño se levantó como un resorte del sofá. —Disculpa por esto, no quería asustarte. Se supone que iba a una fiesta en la casa de Rodrigo. Nunca había venido a su edificio y afuera está muy oscuro, no distinguí muy bien las ventanas— índico resaltando la herida y apagando la lucidez de su rostro. Vamos a suponer que me importa que Rodrigo no me invitara a su fiesta; como dije, supongamos. —Creo que volveré a bajar por la hilera y dejaré que sigas durmiendo— abrió la ventana y se sujetó del marco, un aire frio cruzó por sus brazos. Regresar por ahí teniendo en cuenta sus actitudes, era un lecho de muerte. Su cabello estaba revuelto, su caminar entorpecido; se veía tan chusco. Plasmé un mohín con los labios y me moví hacia la puerta de la habitación, sus ojos me seguían y no es que me importase tanto, pero no quería que le pasara algo malo, aun tenia empatía en las venas. Deseaba hacer algo para intentar ser amable con él. —Oh, vamos, no permitiré que bajes por allí, sígueme. Encendí todas las luces, me aseguré de que la Nana estuviera dormida y que mi padre siguiera ausente, y lo guíe hasta la sala. — ¿No hay problema con que yo esté aquí? Se inmovilizó junto a la vidriera, recorriendo las paredes con la mirada. Me di cuenta que tenía unos apolíneos ojos castaños muy bonitos. —No. Se supone que ya no estás aquí— abrí la puerta y lo empujé hasta el pasillo sometiéndolo de la sudadera. — ¿Así nada más? —moduló a mi repudio. — ¿Qué quieres? ¿Un obsequio de despedida?— señalé sin recatos arqueando ambas cejas. —No, pero esperaba que me dijeras tu nombre al menos— se encogió de hombros idealista. A pesar de compartir una clase durante todo un curso, Adam no sabía mi nombre, y ni siquiera significaba algo para mí, pero me sentía algo refractaria por saber de él. Que dilema, tal parece que el existía más en mi mundo, que yo en el suyo. Asentí con una sonrisa tallada en mis labios y rebotando el filo de mis uñas contra la pared. —Por supuesto que si, como no te lo iba a decir, que tonta soy— lamí mis labios, simulando calamidad. —Me llamo delito por invasión a la propiedad privada. Cerré la puerta de viga frente a mí, ya era suficiente. Mis pensamientos me decían que seguro Rodrigo lo había enviado con la intención de que Adam me fastidiase la noche o me robara algo, como una prenda. Tomé una taza y me serví café, pero lo devolví a la cafetera, no me haría bien quedarme toda la noche despierta. Regresé a la habitación escoltando bostezos. Rasqué mi cabeza, podía ser caspa, pero tenía tanto sueño que solo quería tumbarme sobre la cama, no tenía ni fuerzas para lavarme con gel. Me acosté, pero un bulto bajó la sabana me encolerizaba. Era una gorra con el estampado del instituto, obviamente no era mía; olía a la colonia barata de Adam. Rodeé los ojos y la desalojé sobré el cesto. Cuando desperté a la medianoche por un ataque de insomnio, entre a escribir en mi laptop, estaba esperando el correo de una editorial a la que le había enviado mi primer libro, deseaba con todas mis fuerzas ser publicada, pero la probabilidad era de una en un millón. Recibí la desafortunada respuesta de que no sería publicado. Dijeron que mi libro era muy “ordinario”. Que no había nada interesante, que un amor de instituto no era la gran cosa, que era algo que ya se había hecho, y había miles de historias así, que la mía no tenía nada de interesante, me dijeron que era “una pérdida de tiempo haber leído tanto cliché”. Hay millones de escritores en el mundo, ¿Por qué publicar la misma historia repetitiva de basura adolescente que no se apega para nada a la realidad? Ellos buscaban una historia diferente, algo que sorprendiera a la editorial; sabía que una persona era la correcta. En lo que respecta al personaje principal masculino, buscaba a alguien que no se metiera en el estereotipo del galán, y Adam tenía ese algo, todo estaba muy fresco en mi mente. Su vida no era perfecta, y eso era lo que me agradaba. Tampoco andaba tras la gente desmintiendo lo que sabían de él, y eso me hizo pensar que realmente a él no le importaba la opinión de la gente. Tampoco tenía una belleza de modelo, pero era empotrado y tenía bonitos rasgos, su nariz aunque era un poco grande, no importaba, compactaba con él. Cabello café, ojos cafés; perfectos, basta del típico chico de ojos azules y cabello rubio con físico de Aquiles, eso estaba totalmente descartado, yo escribiría sobre un chico real, perfectamente imperfecto. Adam era tan colosal que alguien podría identificarse fácilmente con él. Tenía que prestar atención a cada detalle, todo era importante y no podía dejar de pensar como escritora; haciendo una pequeña narración en mi cabeza de como suceden los acontecimientos. Claramente yo no era el estereotipo que buscaba para la protagonista del libro, tan solo de mirarme, era una chica muy insólita y sarcástica hasta las pestañas. Antes, jamás en mi sano juicio me pondría a mi como protagonista, pero como quieren algo diferente, nadie mejor que yo para encarnar a la protagonista. Aunque seamos realistas, a la gente le encantan esos clichés que la editorial rechaza y que secretamente también publica, es decir, dicen que rechazan clichés, pero siguen publicando las mismas historias ordinarias. Al terminar el primer glorioso capítulo, me arriesgue y lo subí a una plataforma que me había recomendado una prima cercana. De allí, algo dio un vuelco, y se tornó todo más interesante. Capítulo 2 Pensamientos de Adam Estando en el pasillo, corrí hasta la puerta y toque el timbre sucesivamente para que Rodrigo me abriera lo más rápido posible. Ya había hecho el papel de imbécil en la habitación de esa mujer y la vergüenza me carcomía. Menos mal no estaba desnuda, ni muy loca, ni su padre salió con una escopeta a atacarme, en realidad había sido muy amable conmigo, aunque no me lo merecía, me merecía un golpe al menos. Era una chica de ojos cafés, nariz perfilada y con una voz aguda. No era esbelta, ni muy delgada, tenía curvas, en realidad, tenía algunos rollitos que la hacían aún más atractiva, ella no era nada plástica, era muy natural. Algo en ella se me hacía muy familiar, sabía que la había visto en algún lugar antes. Tal vez en el instituto o en una fiesta. No lo sabía con certeza, usualmente no me fijaba mucho en las personas a mi alrededor. La puerta se abrió de par en par y una de las “amigas” de Rodrigo me recibió. Si, “amigas” entre comillas, porque sólo salen con él para conseguir algo, y si, ese algo es drogas, alcohol, y un lugar donde quedarse de vez en cuando. Nadie las obligaba a tener sexo con Rodrigo, solo lo hacían para obtener mercancía gratis. — ¿Y Rodrigo? —le pregunté caminando hacia el interior. —Está en la cocina — me respondió ella, un hedor fuerte a alcohol y a mal sudor llego hasta mi nariz. Seguí ruta a la cocina y encontré a Rodrigo apagando un cigarro contra la pared. El departamento estaba completamente hecho un asco, al parecer, la fiesta ya tenía días activa. —Rodrigo, ¿Es que acaso estás loco? — modulé con cara de pocos amigos. — ¿Cómo pudiste enviarme a la habitación de esa mujer a propósito? Me había llamado diciéndome que la entrada a la fiesta seria por medio de la ventana de su habitación para no despertar a su madre con el timbre de la entrada. Era claro que solo me había jugado una mala broma, me pude haber metido en muchos problemas. —Cálmate amigo — dijo cruzando su brazo por mi cuello y bebiendo ron de un vaso de vidrio en mal estado. — ¿Quieres que me calme? ¿Y si hubiera llamado a la policía? Estas realmente loco Rodrigo, tu sabes lo que pasa en prisión, sobre todo por molestar a las mujeres, me pudieron haber violado hasta con un tubo. —Sólo fue una broma. Ya era hora de que estuvieras con otra además de tu hombre con peluca. Ani había sido mi mejor amiga por años, y ahora, andábamos. No todo era tan bueno como creíamos que seria, tal parece que compactábamos más como amigos. Rodrigo se burlaba de Ani porque descubrió que era trans-género, es decir, ella había nacido como hombre y luego había hecho su transición. No la conocí como Anton, y aunque la hubiera conocido así, igual no la juzgaría. Rodrigo le había dicho a todo el mundo que ella era un hombre con peluca, Ani intentó suicidarse porque se sentía como una basura, ella no se quería así misma. Por todo la juzgaban, por su orientación s****l, por su religión, por sus creencias. Aunque siempre hay gente que lo entiende igual que yo, ella también tenía un grupo de amigos grande que la amaba. La primera vez que nos besamos, fue en el verano, en una fiesta jugando a la botella. Era todo menos romántico, pero nos habíamos dado cuenta que sentíamos atracción uno por el otro. El beso fue esa línea que no cruzas jamás en una amistad, ya que puedes empezar a sentir cosas, y eso fue lo que nos pasó. Pensamos que lo mejor era ser más que amigos; ser exclusivos, pero eso ya no funcionaba. La amaba, pero no de la manera en la que creí que lo hacía. Aun así, no estaba con nadie más, no quería herirla, ella se veía feliz conmigo y yo la quería demasiado para verla desmoronarse. —No quiero estar con nadie más, ya te lo dije—intercepte golpeando la mesa con la mano sana. —Es una farsa lo de ustedes dos, ya búscate a alguien que de verdad te guste. Él tenía toda la razón, y no tenía nada que ver con su pasado, ella me había gustado tal y como era, como una persona. Lo que paso fue que su esencia ya no me atraía, pero no podía hacerlo, seria egoísta luchar tanto por algo para permitir que se rompa de la nada. Ani me había dado todo de sí, y yo no podía herirla. No era problema, ya que no me gustaba nadie, no me había interesado en otra mujer desde que estaba con ella. —Tengo que irme Rodrigo, nos vemos luego, quédate con toda esta mierda, te la has ganado—refunfuñe. Al llegar a mi frio y solitario departamento, me di cuenta que había extraviado mi gorra. Me la había regalado mi hermano, Trevor, y era importante para mí, pero no recordaba donde la había dejado, quizás en el departamento de Rodrigo. Capítulo 3 — "Es lindo saber que es una ecologista y que reutilizó toda la porquería del basurero para coserlo”— Christine Kavanaugh. Pensaba en la llamada que me había hecho mi madre antes de subir al auto; era imposible no estar molesta. Ser hijo de padres divorciados tiene sus enormes desventajas. Mi madre es una arqueóloga, de esas que buscan restos fósiles en diversas comarcas, quiero decir que visiblemente viaja demasiado, llegó hasta un punto en el que pasaba meses fuera, así que decidió que estaría mis dos últimos años de instituto en casa de mi padre; cual padre me ignoraba, se llenaba de trabajo para no estar en casa y me obligaba a estar con el hijo de unas personas para que no lo metieran en prisión. Mi padre es co-propietario de una empresa de telecomunicaciones; la herencia que le dejo mi abuelo. El verano pasado contrato a una mujer sin revisar sus papeles, solo la contrato porque quería aprovecharse de ella, y así fue, llevo a cabo lo que le cobraría hasta las entrañas. No mucho después descubrió que era una menor de edad, y era hija de personas importantes, era hija de los nuevos co-propietarios de la empresa y para no presentar una demanda, mi padre les ofreció un trato, yo sería la prometida de su hijo mayor a cambio de su silencio. Mi padre asume que le tendieron una trampa, es decir, ¿Por qué justamente fue la hija de los co-propietarios de la empresa? ¿Por qué justamente ella llego buscando un trabajo y olvido sus papeles? ¿Serían sus padres el cerebro de esto? ¿Cómo consiguieron una grabación de ellos en sus encuentros íntimos?, era como si todo hubiera estado rígida y sigilosamente planificado. ¿Y Qué tengo yo de importante? Pues mi padre había puesto la mitad de la empresa a mi nombre, era la heredera universal, y si nos casaban, y mi padre moría por el cáncer de estómago que se estaba tratando, serían los propietarios de toda la empresa, recalcando su valor en millones. Era algo intransferible, así lo había dejado estipulado mi abuelo antes de morir en su testamento, junto con una cláusula de que si esto se intentara llevar a cabo, la perderíamos y seria dejado al medio hermano de mi padre, ambos se odiaban, así que quedaríamos en la calle, la muerte de mi padre seria súbita por no poder costear las quimios y yo no iría a la universidad, que era mi interés principal en todo el asunto. La única heredera era yo, y si me casaba con Aarón, eso lo haría dueño también. Sus planes eran que fuéramos novios para no levantar sospechas, se estaba manejando mucho dinero, luego nos casarían cuando yo tuviera veintiuno, luego de graduarme en la universidad y un poco antes que mi padre muriera. Ya me había cansado de llorar y que la depresión me consumiera por esta situación, Aarón tampoco quería casarse, pero él también estaba obligado, no lo odiaba, en realidad, quitando lo malo del asunto, no era tan mala persona, nos acordaron una cita en un restaurant y tuvimos una cierta química, intentaron no hacerlo tan difícil para ambos, solo que me retorcía pensar que Aarón era una cadena que me privaba de ser totalmente libre, de hacer lo que quisiera de mi vida. Pensar en ello, me hacía perder la cabeza y todo por un padre que no teme romperme hasta dejar los huesos. Aunque nuestra relación no fuera la idónea, no quería que el fuera a prisión, y tampoco quería perderlo todo, sobre todo, no poder ir a la universidad y que mi padre muriera sin poder hacer nada. El merecía ir a la cárcel, lo hubieran engañado o no, ya no importaba, pero en vez de afrontar su castigo, me lo dejo a mí y el seguirá con su vida como si nada hubiera pasado hasta que le llegara el día de su muerte. El vivirá el resto de su vida feliz con Rosario, viviendo en su bonito departamento, cuidando al bebe que viene en camino, y yo, estaré triste en un departamento frio y lúgubre viviendo con Aarón, una persona a la cual quería, pero que jamás sería suficiente; quizás porque me habían obligado a quererlo, fue como el campo de protección de mi mente, quererlo para que no se me hiciera tan difícil y no derrumbarme. Nos lo quitarían todo, nuestra casa, la casa de mi madre, los automóviles, todo en la cuenta del banco, tendría que salirme del instituto, trabajar y probablemente vivir en un motel, llevaríamos a la Nana a un asilo y mi padre, el estaría tras una celda esperando a ser condenado. En clases de literatura Griega, intentaba calcar los apuntes del pizarrón para un trabajó en dúo, pero el chico sentado frente a mí, me distraía, hablaba muy fuerte con el sujeto sentado a su lado. Me ensanché y rocé su hombro, ya de por sí, su tamaño no me había dejado ver absolutamente nada; estaba aproximadamente entre el 1.79 y yo de 1.57, era obvio que parecía un edificio para mí. — ¿Podrías guardar silencio?— le exigí con una modulación poco amistosa. Él se giró a medias, enseñándome el perfil de su rostro, y era Adam, lo que me dejo con un nudo en la garganta, pero no hizo ni dijo nada, solo volvió a mirar hacia adelante y permaneció en silencio durante el resto de la clase. No quería parecer impulsiva, pero necesitaba esos puntos para tener una buena calificación y aprobar la materia. No lo había visto desde aquella noche, es decir, alrededor de un mes más o menos, y en realidad me sorprendió verlo, sabía que estaba en mi clase, pero fue como —personaje desbloqueado—, nunca me había dado cuenta de que estaba allí hasta que me hablo por primera vez. Bebía refresco de mi frasco con grabado de rosas mientras miraba las flechas del reloj ir de un lado a otro; esperando la hora de salida. Cuando el timbre sonó, me levanté subiendo mis pantalones hasta el ombligo. Tomé mis cosas y salí del salón. Deposité algunos libros en el casillero, tome mi libro de cálculo y la gorra de Adam cayo a mis pies, había olvidado regresársela. Cerré la puerta metálica para seguir caminando hacia la salida por los pasillos. Lo primero en lo que mis ojos se posaron, fue en Adam. Él estaba en el aparcamiento del instituto sobre su viejo Volvo, junto a su novia. No tenía oportunidad de devolverle la gorra a Adam. Su novia haría muchas preguntas, y lo menos que quería era que Adam tuviera problemas. La novia de Adam, Ani, es sublime y dulce. No tenía nada malo que decir respecto a ella. Es educada, de buena familia, decente y muy inteligente. Lo que la gente dijera de ella, parecía no importarle, siempre estaba sonriente y trataba a todos con mucha delicadeza. Había escuchado rumores de que ella había nacido como un hombre, que después se realizó múltiples operaciones para cambiarse el sexo antes de llegar a vivir a esta ciudad, pero no la juzgaba, la hija del tipo que se relacionó con una menor de edad no tiene nada de lo que estar orgullosa. Me acerqué dando zancadas mientras tomaba la gorra de mi mochila. Al cruzar a su lado, Adam me miró; vi como la punta de sus labios se levantó como por instinto, y no entendía el porqué de su simpatía. Levanto la mano y me enseño su palma, tal parece había mejorado; solo mire hacia el frente ignorándolo. Tome la gorra con fuerza y la encasille inminentemente entre una de las ventanas de su auto viejo. Seguí como si nada hasta mi auto con miedo de que alguien me detuviera; alguien como Ani, para preguntarme porque carajos tenía la gorra su novio en mi mochila. Me tomé una píldora y me recosté de la almohada grisácea de mi cama. Me duché y me vestí formal; un vestido azul con lentejuelas, plataformas y moño. Está noche estaba obligada a ir a la casa de Aarón para cenar con sus padres, con los qué en primer lugar, me las llevó pésimo por claras razones. Soy la hija del v******r de su hija, no tengo perdón alguno, aunque no tengo culpa de los errores de mi padre, todas las consecuencias recayeron sobre mí. Si tuviera una palabra para definirlos, no terminaría de escribir todas las malas cosas que pienso sobre ellos; al cabo, son totalmente ambiciosos. Conduje hasta su casa en el único auto que mi padre me permite usar, una cacharra vieja. Caminé hasta la puerta y toqué el timbre de la entrada. Aarón abrió la puerta y se ruborizó al verme. Apoyó un beso sobre mis labios y me invitó a entrar inmediatamente. —Te ves bien— susurró camino al comedor. Aarón es pelirrojo de ojos cafés, con un fuerte porte irlandés. Va a la estatal, a minutos de la ciudad. Salir con un universitario debería ser tan asombroso como subir a la montaña rusa decían, pero es solo una simple fantasía. Sus padres estaban sentados en la mesa junto al pequeño hermano de Aarón; ya estaban cenando. Su hermana menor se mudó de la ciudad a la casa de sus abuelos en los suburbios, muy poco la vi, estaba apenada por lo que paso, tenía dieciséis años en ese entonces, pero amaba a mi padre, apenada estoy yo, que él la utilizara así. Me detuve en la puerta chocando mi hombro contra el marco. — Buen provecho — rasqué mi cuello y miré el reloj colgado en la pared; ya faltaba un cuarto para las diez. —El auto de Christine se descompuso y no consiguió llegar más temprano— excusó. Aarón solo intentaba asegurar una buena impresión de mí, pero ellos no flaqueaban, en realidad, no lo hacían jamás. —Lindo vestido— dijo su madre mordiendo vorazmente el tenedor. — ¿Lo compraste en la tienda de segunda mano? — presumió. Fue la gota que había rebasado el frasco, era innegable que, desde que me conoció, me había mirado con malos ojos. Sólo los soportaba porque eran adultos, pero tampoco merecían mi respeto. No le había aguantado tanta basura a alguien, y menos a una completa perra. —También me gusta el suyo— mi rostro se había arrugado y mis manos estaban empuñadas. —Es lindo saber que es una ecologista y que reutilizó toda la porquería del basurero para coserlo. Se levantó de un tirón, su mirada era desafiante. —Guarda tus palabras querida, ya sabes cómo esto, si llegas tarde, la cena se enfría— lo jadeante en su rostro me retaba. — Mamá por favor... — interrumpió Aarón, pero su madre cubrió su boca y adecentó su cabello. La impotencia en su cara era muy visible. — Después hablaremos, tenemos que trabajar, no podemos darnos el lujo como otros de llegar tarde— aíslo como indirecta. Era una mujer descarada e insoportable, por cual razón me costaba respetarla como adulta. —Y Christine, dale mis felicitaciones a tu padre, tener una hija igual de deplorable que él debe de ser un orgullo— me miró sobré el hombro antes de salir por la puerta principal junto al padre de Aarón. Aarón permaneció en silencio, también le avergonzaban las discusiones que yo tenía con su madre. Comimos las sobras, lavamos los trastes y el pelirrojo llevó a su hermano a dormir como le dejaron encomendado. Luego regresó, agarró mi mano y le pedí que me acompañara hasta el auto; era hora de irme. Ya estaba cansada de los desprecios de su madre, merecía algo de respeto y no volvería allí ni por el acuerdo que fuera. — ¿Segura que tienes que irte tan temprano? — me preguntó abriéndome la puerta del auto para que entrara. Cogí las llaves y encendí el coche preparándome mentalmente para la locura que iba a decir a continuación. —No. Puedo llegar a la hora que yo quiera, solo que estoy molesta y cansada. Esto se acabó, ya me harté de todo esto. —Espera ¿A qué te refieres? — subí los vidrios del coche y le pasé el seguro a las puertas. Se recostó del vidrio e intentó forcejear la puerta. — ¡Así no se hacen las cosas, por favor, Christine!— gritaba chocando suavemente los puños contra el techo. Seguramente sería un final dramático. Evitando sus suplicios, seguí conduciendo hasta alejarme de su casa. Y por si el destino ya no me había abofeteado lo suficiente, el auto se quedó a un extremo de la calle, había olvidado llenar el tanque. Sabía que lo había arruinado todo, que mi padre fuera a ir a la prisión jamás se me quitaba de la mente. Aarón no diría nada por los momentos, tal parece que a él, también lo tenían amenazado con algo, pero no sabía que era. Me entretuve un tanto con mí laptop, escribiendo las líneas finales del tercer capítulo que publicaría esa misma noche. El primer capítulo había tenido muchas vistas, lo que era algo increíble para una amateur y aún más motivadora para mi inspiración. Ni un solo auto se detuvo aunque vieran a una pobre tonta caminar sola en las frías calles, así que seguí caminando hasta detenerme frente a una casa. La música ensordecía desde afuera, era claro que había una fiesta. Crucé por el césped hasta la entrada, pero antes de que pudiera tocar el timbre, un rostro familiar que vi de reojo, tumbó mi mano. — ¿Christine? —me preguntó abriendo sus ondeados ojos. —Pensé que estabas en casa de Aarón— me dijo la otra. Platicaba con Romina y Sabine, rubia y castaña de ojos claros; amigas del instituto. —Ya estuve allá, pero camino a casa, el auto se quedó sin combustible— me encogí de hombros y luego soplé el esmalte salmón de mis uñas. —Lo mejor es que pases, nosotras te llevaremos luego— propuso Romi, y yo sin alternativas, asentí. En la entrada nos esperaba una mesa hasta los topes de alcohol. Tomé un trago y me lo pase hasta el fondo, necesitaba algo de adrenalina. La alberca estaba aglomerada de chicas en topless y flotadores en el jardín trasero, pero seguí caminando hasta el interior del condominio. Me moldeé sobre la barra de la cocina y me serví algunos tragos de una botella a medio tomar. Cerré los ojos perdiéndome en la sonata aquella música electrónica que te estremece.
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