Un día como soldados

1013 Words
Esto era como un sueño, he tenido la suerte de quedar en el grupo a cargo de la subteniente Duarte y el teniente Cruz. —¿Qué número tienes? —El número diez, señor. —Muy bien, fórmate con tus compañeros. Todos se forman en sus respectivos grupos, cada uno de los grupos lo conformaban un total de veinte estudiantes. No importaba la edad, ni el género, importaba las reglas. —La subteniente Duarte pasará por cada uno de ustedes para anotar sus nombres. Desde este momento son soldados, ¡A correr! —¿Correr? —¿Por dónde? —¿A dónde debemos ir? Esos y otros comentarios eran los que se escuchaban de los estudiantes. —¡¿Qué no escucharon soldados?! ¡Tendrán que correr hasta el lugar donde pasarán la noche! —Pero... —Este señor está loco... —¿Por qué correr tan temprano en lugar de caminar? Los estudiantes seguían quejándose, no esperé a que el teniente Cruz volvería a dar la orden. Me acomodé mi bolso en la espalda y comencé a correr hasta el sitio al que estaba señalando con uno de sus dedos. —¡Qué esperan! Ya había tomado una buena distancia y aun así pude escuchar el grito que ha dado el teniente Cruz. Soy la primera en llegar de la carrera, dejo mi bolso a un lado y me posiciono a un lado de la cama con los brazos cruzados tras mi espalda y las piernas un poco separadas, tal como suele verse en las películas de acción. Mientras me quedo en esa posición, los demás entraron quejándose de la actitud del teniente Cruz. Observo como se tiraban en sus camas para seguir quejándose, pero en menos de dos minutos entran la subteniente Duarte y el teniente Cruz. —¡Todos a formar! Esta vez ninguno contradice la orden del teniente Cruz, se paran a un lado de sus camas como yo, pero con la diferencia de que ellos llevaban posturas incorrectas. El teniente Cruz camina de un lado a otro observándonos a todos y esta vez es la subteniente Duarte quién habla. —Espero que a partir de ahora obedezcan las órdenes que se les da o tendrán serios castigos. No importa quienes son y a qué familia pertenecen, todos son soldados en este día. Vivirán las experiencias que vivimos día a día. Tienen 45 segundos para cambiar sus ropas de civiles por ropa deportiva y cuenta desde ya. Todos se miran estupefactos, no dejo que pase un segundo. —¿Qué haces? —¿Por qué te cambias frente a todos? Me quito la ropa frente a todos y me coloco la ropa deportiva que cargaba con máxima rapidez. —¡Diez segundos! —¡¿Qué?! Todos comienzan a correr para cambiar sus ropas, pero muchos se dejaban llevar por la vergüenza de ser vistos en ropa interior. Admito que sentí vergüenza al ver que todos me observaban, pero ahora era una soldado y debía seguir las órdenes. —¡Tiempo! —Subteniente Duarte, pase la lista. —¡Sí, señor! —Adelante. —Soldados llamaré por números y dirán sus nombres según el número que obtuvieron en las tarjetas de antes. Por un momento había pensado que se olvidaron de ese detalle, pero está visto que no es así. —Número 1... número 2... número 3... —Soldado Federico Medina, señora. —Muy bien, número 4... número 5... No pude evitar dirigir mi mirada al tal Federico Medina. Es un chico muy guapo, alto, atleta y algo moreno con ojos negros. Él parece darse cuenta de que lo observaba, puesto a que dirige su mirada hacia a mí. —Número 10. —Soldado Wanda Mejía, subteniente. —Bien, número 11... número 12... Ella continúa tomando la asistencia. Para cuándo termina de anotar nuestros nombres es el teniente Cruz quien vuelve a dirigirse a nosotros. —Cincuenta flexiones de pecho, ahora. Vuelvo a ser la primera en todo, comienzo a hacer mis flexiones y observo como esos estudiantes saben hacer una sola cosa, ¡Quejarse! —¿Qué esperan? ¡El teniente Cruz les ha dado una orden, soldados! —Soldado Mejía, serás la líder de este grupo. ¿Líder? Odiaba ser el centro de atención, ¿Por qué debería ser la líder? —¡Sí, señor! No tenía más opción que aceptar, así que di mi respuesta sin dejar de realizar mis flexiones de pecho. Una vez que termino las flexiones, me coloco de pie y tomo la posición como saldado, mientras que los demás seguían quejándose de tener que hacer las flexiones. —Bien hecho, soldado Mejía. —Gracias, señor. —Todos ustedes harán cincuenta flexiones más si continúan quejándose como niñitas. Soldado Mejía. —¿Sí señor? —Diríjase con la subteniente Duarte a la oficina y ayúdela con el equipo. —¡Sí, señor! —Vamos, soldado. —Sí, señora. Ambas salimos de la habitación hasta la oficina. Ninguna dice nada, simplemente nos dedicamos a caminar para ir por el equipo que nos ha pedido el teniente Cruz. Ya teníamos todo listo para regresar, pero la subteniente Duarte me detiene. —Espera un momento... Obedezco y observo como ella se asoma por la puerta para ver quién sabe qué. —¿Qué sucede subteniente Duarte? —Escúchame, tu padre y el teniente Cruz han tenido una fuerte discusión a tu causa. —¿Una discusión? ¿Por qué tendrían una discusión? —Tu padre... tu padre cree que no tienes la fuerza física y mental para esto, el teniente y yo no sabemos qué sucede en tu familia, pero pudimos ser testigos de que tu padre te tiene abandonada. El verdadero motivo por el cual el teniente Cruz ha decidido realizar esta actividad por primera vez es por ti... Ella deja de hablar al escuchar unos pasos, acercarse, lo cual me impide saber qué pasaba. —Subteniente Duarte, ha pasado tiempo sin vernos. —Subteniente Osorio, tiene razón. Ha pasado tiempo, ¿Cuándo ha regresado? —Hace dos días, fui reasignado a esta base.
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