Pensé que iba a suceder algo más, sin embargo, no hubo nada s****l en su masaje. Lo único que él hizo fue recostarse en mi pecho. — Sácame piojitos — movió su cabeza contra mis manos — anda, hazlo. Empecé a acariciar su cabello y él se fue relajando cada vez más. Su respiración tranquila fue tan reconfortante para mí que olvidé todo lo malo. — Deberías ir a tu apartamento, tienes que organizarlo. — ¿Me estás corriendo? — jadeo indignado y se llevó la mano a su pecho — no puedo creerlo. — No seas dramático, sabes bien que tienes que ordenar tu apartamento y no se encuentra a discusión. Ya luego te daré las llaves de acá por si deseas venir. — Lo ordenaré mañana, por hoy quiero quedarme contigo — él se acomodó más en mi pecho — no seas malita y sigue sacándome piojitos. Seguí haciénd

