Sentada en su tumbona en la playa, Presley estaba lista para gritar de frustración. El hombre fanfarrón que la había seguido desde el desayuno hasta la playa no se daba por vencido. Su nombre era Algernon. Llevaba una diminuta tanga bajo su barriga protuberante. Era calvo y se jactaba de no tener pelo en ninguna parte de su cuerpo, alzando las cejas de una manera que Presley estaba segura que pretendía ser sugestiva. La idea se confirmó cuando dijo que no tener pelo significaba que ella no tendría que sacárselo de los dientes cuando se acercaran durante las vacaciones. Ella había intentado ignorarlo, poniéndose los auriculares y tomando un libro que había traído para leer, pero ahora él descaradamente le quitó el auricular de la oreja y le preguntó si quería escapar del calor y meterse a

