El manifiesto se publicó un lunes, sin firma, en la página oficial de la campaña de lanzamiento de nuestra colaboración con Dior. No fue una decisión consultada. Fue un acto deliberado. Clara lo leyó antes que nadie y, sin decir una palabra, lo subió como parte del material creativo. Sabía que era mío. Todos lo sabían. Pero nadie lo dijo en voz alta. Porque algo en esas palabras hablaba de todas. Y también porque, después de ese texto, el silencio ya no era una opción. En cuestión de horas, la publicación fue replicada por influencers, revistas de moda, escritoras, actrices, mujeres comunes. “Esta es mi revolución. Y no pide permiso” apareció en portadas, estados, pancartas. No era un manifiesto. Era un espejo. Uno que nadie quería dejar de mirar. Especialmente mujeres como yo, que había

