Salimos de la oficina del señor Barret con una sensación rara. No de incomodidad. No de presión. Sino algo más parecido a... responsabilidad. De pronto, lo que hasta ayer era una colaboración forzada, ahora tenía un título: equipo fuerte. Y no sé tú, pero cuando alguien como Barret te dice eso mirándote a los ojos, el mensaje se te queda bien grabado. Dastan caminaba a mi lado en silencio. Por primera vez, sin bromas. Sin chistes sobre ponis ni sonrisas que me desestabilizan. Solo silencio. Pero era un silencio cómodo. Tranquilo. Como si él también estuviera procesando lo mismo. Cuando nos sentamos de nuevo frente a nuestros ordenadores, él me miró de reojo. —¿Tú también estás sintiendo la presión o solo soy yo? —No es presión. Es… otra cosa. Como si ahora estuviéramos jugando con reg

