Narra Nathan.
Camino a paso lento hasta mi habitación, esa chica es tan rara. No puedo creer lo que hizo, primera vez que hago algo lindo por una mujer y ella me pregunta que quién se murió.
No entiendo por qué pero toda ella me llama, desde que la vi aquella noche toda ella me llamo, desde que la vi se ha convertido como en una jodida droga que me llama, que con solo verla ella me consume, ella me hace ser un adicto a ella, me hace ser alguien débil, a perder el control de mi, y eso me asusta. Me asusta en lo que me estoy convirtiendo estando con ella, me asusta saber que mi vida esta dependiendo de ella, y lo peor es que ella ni siquiera se da cuenta del poder que ella ejerce en mi.
Llego a mi habitación y tomo una camiseta mía de la más pequeñas y un short de pijama que casi ni me queda de pequeño, espero que a ella le quede.
Cuando bajo al mini living de la sala ella esta acostada en el sofá con su celular. Me aclaro la garganta para llamar su atención.
—Hasta que al fin llegas. —Dice mientras se pone de pie, no puedo evitar que mi atención se vaya a su cuerpo.
—Lo... lo siento. —Tartamudeo. —Es que... No mmm bueno.. No encontraba nada para ti. —¿Por qué demonios estoy nervioso?
Ella sonríe abiertamente y toma la ropa de mi mano y se coloca la camiseta por la cabeza y luego se entra el pantalón por los pies, pero como así mismo entro así mismo bajo.
—No me queda. —Dice mientras frunce el ceño.
—Es que eres muy pequeña y delgada, mi ropa no entran en ti. Pero conozco otra cosa que entraría muy fácil en ti hasta ya a estado dentro. —No pude evitar hacer ese comentario.
—¡Eres un pervertido! –Espeta entre dientes mientras se quita el pantalón y camina hasta la mesa. —Tengo hambre dame que comer, se supone que es una cena, vine por eso.
¡Wow se ve tan linda en mi ropa!, no pude evitar sonreír, es tan pequeña que mi camiseta le llega hasta la mitad de los muslo.
—Como ordene su excelencia. —Respondo mientras hago una inclinación. Nadie me ordena que hacer, se supone que soy yo quien ordenó que hacer.
Destapó la comida y ella hace mueca rara y resopla.
—Se supone que eres italiano y la pizza es italiana pensé que me darías eso. ¡Quiero pizza!
—La pizza no es comida para una cita, te compraré una cuando te vaya a llevar a tu apartamento.
—¡Quiero pizza ahora, dame pizza! Me das pizza o me voy en este momento ¡¡¡QUIERO PIZZA!!! –No puedo evitar rodar los ojos, parece una niña haciendo berrinche.
—Bueno vale espera. Llamaré a Mark para que compre pizza. —Tomo mi celular y le mando un mensaje a Mark que me me consiga una pizza. —Ok ya viene en camino. Ahora hablame de ti.
—Pues amo la pizza, tengo diecinueve años y te odio. —Responde con una linda sonrisa.
—¿Por qué me odias? —Pregunto con verdadero interés.
—¿Y por qué debería amarte? ¿Qué has hecho para que sienta cariño por ti o para amarte? —Me contesta con otra pregunta.
—Pues soy lindo, famoso y rico. Todos me aman.
—Te equivocas, tu crees que todos te aman. Pero te aseguro que casi todas las personas que están al rededor tuyo buscan algo de ti, ya sea dinero, fama o popularidad. Pero casi nadie hace algo sin recibir nada a cambio.
Su repuesta me pone a pensar, la verdad tengo muchos amigos si pero sé que mi único y verdadero amigo es Alex. Ese que estuvo conmigo cuando no tenia nada y pues también mi primo Mike, el me quito muchas veces el hambre cuando era niño y no tenia nada que comer
—¿Y tu no deseas algo de mi? –Pregunto más interesado.
—¡Pues claro que si! —Responde emocionada y luego sonríe abiertamente. —Pues quiero de ti. –Se queda pensando unos segundos. —Tenerte muy lejos.
—¿Pero por qué no te agrado? —Vuelvo a preguntar.
—No a todo el mundo tienes que agradarle, ¡supéralo! Oye este sostén ¿me molesta me ayudas a quitármelo? –Cambiá radicalmente de tema.
¿Espera qué? Quiere provocarme, pero jugaremos este juego los dos..
—¡Claro! —Me pongo de pie y ella también, me ubicó detrás de ella y levanto la camiseta hasta mas arriba de la cintura. Tiene la piel tan suave y caliente. Paso mis manos hacia arriba y veo como se estremece con mi toque. Alcanzo el broche del sujetador y los quito. Ella me ayuda a quitarlo completamente y lo tira al suelo.
Me colocó frente a ella y veo que tiene los ojos cerrados, así que aprovecho y paso las yemas de mis dedos por sus labios. Me acerco a ella a tal punto que nuestras respiraciones se mezclan, pego mi frente con a la de ella y rozo mis labios con lo de ellas.
—Dame una oportunidad, solo déjame conocerte más y que tu me conozcas más a mi no te pido una relación, si no como amigos para comenzar. Solo te pido, te ruego que me dejes entrar, que dejes de evitarme y te prometo que no te vas a arrepentir. —Susurro muy cerca de sus labios.