Capítulo 3

2466 Words
Al otro día me levanté como más pude. Obviamente con una resaca de aquellas. En la noche me había dormido con el incómodo vestido de Lisa. Grave problema para dormir como un pavito de Navidad atado en cuatro partes. Le eché un vistazo a la habitación. Pues anteriormente, no lo vi por la estúpida borrachera y estaba muy cansada. Aquel cuarto disponía de un gran ventanal de un carísimo cristal. Había dormido en una cama que parecía matrimonial. Las paredes eran azuladas, con un escritorio a casi mis pies. Un armario alto y varios libros en una gran biblioteca. ¡Y un baño personal! Moría de ganas de saber cómo demonios Aaron había podido mantener esa gran belleza. Además de tener un gran ventanal, la misma tenía una terraza que costeaba un pequeño bosque. Tocaron la puerta en pequeños golpecitos que me sobresaltaron. Tambaleé entre mis pies para sostenerme de la mesita de luz. Aquella misma disponía de una lámpara pequeña con un despertador que indicaba las nueve de la mañana. Abrí la puerta encontrándome con Aaron. Aquella mañana llevaba una ropa muy distinta a la de la noche anterior. Vestía de camisa blanca y vaqueros negros, me apetecía preguntarle sobre esa ropa, y que peligro corría estando cerca de las garras de ese tal Mike. Vi que en sus manos llevaba más ropa aún. Eran unos jeans rasgados y una camiseta blanca. Más unas zapatillas Converse rojizas. Me di cuenta de inmediato que eran de mi talla, fruncí el ceño mirando la ropa con atención. —Te traje esto —me extendió la misma ropa, la agarré suavemente—, para que no estés con ese vestido que da terror. Sonreí agachando mi mirada, en cuanto la levanté, recordé lo que iba a preguntarle. Siempre era la chica que no podía quedarse con la palabra en la boca. —¿Cómo supiste mi talla? Es decir, que tú... —Sólo tómalo, y no te quejes —dijo de repente interrumpiendo mi discurso, se dio media vuelta y se dirigió hacía las próximas escaleras que nos llevaban a la planta baja—. Ya está listo el desayuno, baja en cuanto estés lista. Cerré la puerta ante sentir que había bajado las escaleras. Me vestí rápidamente, dejando el vestido sobre la cama. Me impresioné demasiado que aquella ropa era de mi talla, pero más me impresionó que aquella ropa era usada por alguien más. En el borde del dobladillo de la camiseta, había una etiqueta con un nombre. Alexa Ramírez. Me pregunté por dentro quién era ella. Pues, me daba mucho la intriga de quién pudiera ser. Me acomodé nuevamente el dobladillo guardándome las preguntas. Mientras tanto, las zapatillas eran un número más, aunque me las ajusté para no sufrir un horrible tropiezo. Salí nuevamente del cuarto, así también como se lo había prometido a Aaron. Bajé las escaleras hasta el segundo piso, integrado por una gran biblioteca llena de libros. Un pasillo extenso me llevaba a la segunda escalera y que me llevaría a la planta baja. No obstante, al pasar por una de las tantas puertas, una de ellas estaba cerrada. Se oían voces detrás de la misma, y por mera curiosidad, tuve el riesgo de apoyar mi oreja en la madera fría. Escucha la voz de Aaron, en un eco impronunciable. Hablaba con alguien, quizás por teléfono. Apoyé mis dos manos para no caerme sobre la misma y no hacer ruido. Pero lo más curioso, era que a través del espacio dónde salía la luz del otro cuarto, también salía un peculiar olor. —Lo sé... —dijo Aaron en un tono bajo—. Por eso viajaré a Sacramento la próxima semana, y te traeré todo lo que necesites... —continuó. Hubo silencio, un largo silencio dónde la otra voz no se oía en absoluto, él daba pasos hacía la puerta pero se detuvo—... Yo también te quiero. Nuevamente sus pasos se dirigieron hacía la puerta, era hora de correr. Las puntillas de las zapatillas se doblaban por no ser de mi número, que casi tropecé con un escalón al alarmarme tanto por una estupidez. No es que me daba celos, ni siquiera me gustaba Aaron. Pero si estaba con una chica, yo no hubiera ido a su mansión para interrumpir su intimidad. De todas formas me llamaba la atención. Llegué hasta la cocina dónde vi a Jay servir café. Me extendió una taza llena de la misma, con una gran sonrisa llena de alegría. Llevaba gafas oscuras, y parecía todo un nerd de novela. Obviamente, no de esos nerds super atractivos que al final son el playboy sexy e irresistible. En fin. Le ofrecí la misma sonrisa a cambio de un silencio por respuesta. —Buenos días, Mae —murmuró cerca de mí, me apoyé sobre la isla de la cocina—. ¿Cómo has dormido? —Bien, gracias —respondí distraída, y se me ocurrió preguntarle sobre ella—. Por cierto, ¿Quién es Alexa? Es que, esta camiseta tiene su nombre en el dobladillo. Jay se removió nervioso. La sonrisa se bajó de un golpe, como si le hubieran roto el corazón de tan sólo con tres palabras. Se acercó un poquito más, como si fuera a decirme un secreto bastante guardado hace tiempo. Aplanó los labios antes de hablar. —Alexa es... —¡Por fin te cambiaste ese vestido terrible! Lisa tiene mal gusto —interrumpió de un grito Aaron, sobresaltándome por completo—. Jay, perdí unos papeles en el estudio, ¿dónde los dejaste? Por un momento sentí que Aaron lo hacía a propósito. Jay se alejó de mí, e inmediato me quedé a solas con él. Rodeó la isla en busca de algo en la heladera, aquella actitud no me la imaginaba de su parte. Siempre había sido educado y sencillo, me gustaba por sus modales. Pero pareciera tener mucho más detrás de esas máscaras. —¿Llamaste a Daniel? —solté de repente. Aaron se sentó arriba de la isla y estiró hacía atrás su cuello tras tragar el jugo amarillo de una botella—. ¿O al menos le avistaste? Digo... sabes que es mi medio hermano y todo eso, se preocupará. —No hacía falta... —dijo de un ademán, bastante cómodo a mí parecer—. Él no debería meterse en esto. —¿Y si mi padre se entera de todo esto? Seré un pollo frito cuando llegue a casa —farfullé preocupada. —No hace falta que seas pollo frito, Mae, si aún estuvieras con ese vestido y en mi casa... Seguramente sí. Rodeé mis ojos ante sentir su estúpida arrogancia caerme como piedras del cielo. Haber hecho lo que hizo, y lo digo por lo de Jay, me dejaba en dudas que aquella camiseta era de alguna novia o quizás de chicas que se quedaban en su casa. No me afectaba, hasta el momento... —¿A qué hora me iré a casa? —resoplé con los brazos cruzados—. ¿Me irás a dejar o vendrá mi padre? Aaron me quedó mirando como un idiota. Dejo la taza de café en la isla. En cuanto estoy por preguntarle algo, unos golpes en la puerta se escuchan de inmediato. Aaron recibe un mensaje y sus labios se aplanan. Corre hacía la entrada y lo sigo por detrás. Me llamaba la atención aquello que había recibido y por lo que seguramente iba a recibir. Fui detrás de él todo el tiempo, en cuanto pude visualizar mejor, me di cuenta que Daniel estaba con su coche estacionado afuera y que había cruzado el paredón para tocarle la puerta a Aaron. Noté como Aaron apretó su mandíbula y sus puños. Sus manos formadas una furia incontrolable. —Imbécil —resopló por lo bajo—. Esto no puede estar pasando,. Apretó un botón y dejó que las puertas se abrieran. Daniel entró su coche, con cuidado por el sendero que conducía hasta el frente de la casa. Me quedé plantada en la entrada mientras observaba a Daniel llegar y bajarse de su coche. —Por todos los santos, Mae —corrió hacía a mí hasta abrazarme. Me apretó contra él mientras que mis brazos apenas podían tocarle el dobladillo de su camiseta—. Creí que te había ocurrido algo, por Dios. ¿Estás bien, nena? Noté que Aaron rodeó los ojos por molestia y se entró. Eso me incomodó un poco en el sentido que en ese momento Daniel me parecía muy exagerado. El típico hermanito sobreprotector. —Ya, estoy bien —resoplé al soltarme de él y entrar a la casa, Daniel me siguió por detrás—. ¿Ha regresado papá? ¿Se ha enterado de todo esto? Dime por favor que has podido decir alguna mentira. Daniel se notó nervioso, pasó su mano derecha por la nuca aplanando los labios. —Sí, y cree que estás con Lisa. Hoy ha ido a su casa después de que le dije, y el padre de Lisa le ha dicho que fue de compras —sonrió un poco al verme a los ojos—. Le pagué para que dijera que fuiste con ella; ese viejo es un testarudo. Y arrogante. Me reí por lo bajo ante la ocurrencia de Daniel y pagarle al señor Wang. Aaron le extiende una cerveza desde lejos y Daniel la toma con desconfianza. Nos quedamos mirando uno al otro, aunque sentía el aire pesado gracias a Aaron allí. —¿Qué haré? Es decir: No puedo decirle a papá sobre lo sucedido, y ese idiota... —murmuré, Aaron sonrió un poco—. Estoy muerta en este momento, nunca tuve que haber ido a esa maldita fiesta. —Estuve pensando en armar una mentira —dijo Daniel animado—. Decirle a papá que tienes campamento en el instituto, y qué para que lo crea, le pagaremos a Lisa para que vaya contigo. Y bueno, sabes el resto, diremos que todo es parte de la mafia. Una risita se escuchó a nuestras espaldas. —Cómo si el dinero solucionara todos nuestros problemas, Daniel. Ni la mafia se lo creería. —Si le hubieras pagado a Mike, Mae estaría a salvo ahora —respondió Daniel en dirección a Aaron, quién sólo se acercó un poco más a él—. ¿O qué? ¿Me dirás que Mike es difícil de convencer? —¿Y qué? ¿Lo hubiéramos convencido de que Mae sólo es una adolescente? —espetó—. Mike no es alguien a quién convencerás con un montón de dinero. Él se obsesiona con la carne, con la piel. —No lo sé, Aaron. Pero, dime que no es mala idea y qué nos ayudarás en esto... —soltó Daniel—. Por lo menos sé un poco hombre, ¿no? Digo, sé que eres el hijo de la familia enemiga pero... Haz algo al menos. Aaron parecía dudar un poco de todo eso. Al fin y al cabo aceptó. Sin antes tomarme del brazo y apretarme casi contra él. —Sí te sucede algo me dices, ¿está bien? Aquel chico era extraño, ¿por qué demonios se comportaba de esa forma? En cuanto me subí al coche de Daniel, resoplé al sentirme tan protegida por él. Si bien, admitía que Daniel no era mi tipo y era mi propio hermanastro. Lo que sintiera él por mí en ese momento, era problema suyo. Mi intriga ahora era Aaron. Él podría no haberme ayudado y lo hizo. Sin que Daniel o Lisa le pidiera. Aaron siempre había sido el chico simpático y alegre de las fiestas o reuniones. Con gran carisma e inteligencia, dominaba esas mismas fiestas y era el más adorado por las chicas. Indudablemente, un galán de telenovela. En cuanto llegué a casa, dudé en bajarme del coche. Pues todo lo ocurrido la noche anterior era un trágico problema. Suspiré tranquila, mirando a mi padre ordenar las cosas del patio trasero. Le envié un mensaje a Lisa avisándole que ya había llegado y que probablemente la necesitaría en casa en algunos minutos, arreglar bien el tema y salir disparada para el instituto. —Tranquila, lo harás bien —dijo Daniel a mi costado, apagando el motor del coche. —¿Qué cosa haré bien? —pregunté irónicamente. —Mentir. Mentirás muy bien e irás al instituto dónde estarás a salvo y mejor —contestó guiñándome el ojo derecho—. Ahora vayamos, tenemos mucho que decir. No estaba lista, como también quería huir de ese problema con Mike. Me bajé del coche luego de la señal de Daniel. Caminé hasta el patio trasero, dónde mi padre me saludó con un abrazo y me avisó que Willah, la madre de Daniel, no regresaría hasta el martes por la noche. Disfrutaríamos de noches juntos. Aunque tuve que jugar mi papel e interrumpir. —Iré de campamento con las chicas del instituto —solté mirando a Daniel para que me diera apoyo. Era la primera vez que mentía—. Y Lisa irá también, así que... no estaré. —¿Los campamentos, no son en noviembre? —preguntó mi padre intrigado. —Haremos uno personal pero en el instituto. Ya nos han dado permiso... Tú sabes, Morticia es complicada —dije entre risas. Mi padre aceptó aquello y me preguntó cuando debía ir—. Esta noche, claro, no queremos esperar. Aunque Daniel ya hablaba con Lisa, había propuesto irme esa misma noche. Con el único propósito de que Mike no me hallará. Unos minutos de charlas y chismes, subí a mi habitación con la promesa de empacar. Y estaba muy jodida y nerviosa. Me senté en el borde de la cama tratando de disimular tranquilidad. Lo que había ocurrido en la noche, era algo imposible. ¿Por qué apenas recordaba ese suceso? ¿En qué momento había tomado tanto? ¿Cómo me dejé convencer por Mike y su juego sucio? Y..., ¿por qué Aaron me defendió? Tecleé rápido en mi celular, con la señal ya establecida y gracias a Jay, envié un mensaje a Aaron quién estaba disponible pero se había desconectado en cuanto abrí su chat. De igual forma, dejé mi miedo en el mismo: Yo: ¿Estás ahí? No contestó de inmediato. Aunque al fin de unos minutos de mantenerme en el famoso visto, mi celular vibró ante su mensaje: Aaron: Sí, lo estoy. ¿Ocurrió algo? Suspiré resignada. Aaron ya había hecho mucho por mí y no debía molestarlo más. Ahora era yo quién le dejaba en el visto, y me recosté sobre la cama. Pensando en mil maneras de escapar si me encontrará de Mike. Y de las mil maneras en que Aaron se haría presente a salvarme.
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