LAS CALLES DE BARRANQUILLA

2706 Words
Llegamos al Hotel Doral, mi padre pidió 4 habitaciones por 8 días, el pago realmente fue mucho dinero, mientras estábamos en los cuartos nos enteramos de que a mi hermana la Nena, le rompieron el bolso, un poquito por la parte de atrás, y lograron sacarle unas insignificantes blusas usadas. Cuando estábamos todos instalados en nuestros cuartos, nuestra madre nos vino a buscar y nos dijo: .— Abajo en el living del hotel esta su tía Isabel, con sus hijos, que son primos que ustedes no conocen, también esta su esposo. Vamos a conocerlos, nos están esperando. Cuando llegamos al living del hotel, llenamos totalmente el lugar, ellos eran 8 personas y nosotros éramos 12 personas, todas las personas que pasaban por ese lugar se quedaban mirando la escena. Mi tía tomó la palabra y dijo: .— Cuando mi hermana Esther se fue de este pueblo, ella solo tenía 4 hijos, 20 años después la veo regresar con 8 hijos más, que yo no conocía, ahora en total tiene 12 hijos, ¡Qué bendición! Estoy muy feliz de que estén aquí con nosotros. Entonces mi madre dijo: .— Nosotros también estamos muy felices de estar aquí, para conocer a nuestra familia y poder compartir con ella. Deseamos de corazón que estos días sean de gran unidad familiar. Mi tía Isabel tomó nuevamente la palabra y dijo: .— Les voy a presentar a cada uno de mis hijos y ellos van a estrecharle las manos a cada uno de ustedes, y a su vez, cada uno de ustedes le dirán sus nombres a mis hijos; el mayor se llama Jorge, el segundo Arístides, el tercero Isaac, la cuarta Darla, la quinta Martha, la sexta Elizabeth. Mi esposo Arístides Vanegas; Coronel de las fuerzas armadas de Colombia, y veterano de la Guerra de Vietnam, apoyando a la Naval de EE. UU.. Todos nos dimos las manos, y nos dimos un abrazo familiar, el Hotel nos brindó una botella de vino y dos litros de coca cola, y galletas rellenas bien ricas. Después de este acto, ya todos nos tratábamos con mucha confianza. Una hora después, aproximadamente, nos fuimos a caminar por esa calle donde estaba el hotel. Era una de las mejores calles de ese pueblo, llena de muchos locales comerciales de gran prestigio, restaurantes de lujos, y centros comerciales. Realmente una calle muy larga, por esa misma calle pasaba el desfile de carrozas del carnaval de Barranquilla. Caminamos unas pocas cuadras, y nos regresamos al Hotel. Llegamos al Hotel, y nos despedimos de nuestros nuevos primos, y de nuestra tía y su esposo. Cuando entramos nos fuimos al living, que realmente era hermoso, era un Hotel 4 estrellas, la recepción era imponente, y todo estaba muy limpio, los pisos de mármol, y algunos lugares como el living tenían alfombras. Todo lo que estaba en el living, era dorado, perecían de oro, las cortinas doradas muy imponentes, porque eran muy altas, bajaban casi desde el techo, una lámpara gigantesca en todo el centro del living, dorada con muchas lágrimas de cristal por todas partes, le conté más de 30 bombillos pequeños, eso la hacía majestuosa, las poltronas y las butacas y todas las sillas y muebles eran doradas, con piel de cuero amarillo. En una esquina había un hermoso piano blanco. Todas las mesas pequeñas de sala que había en el living eran doradas, el living de ese Hotel era realmente de 5 estrellas. Mientras observábamos ese hermoso lugar, mi sabio padre, no desaprovecho ese momento y nos dijo: .— Denme los lujos de la vida, y nosotros dispensaremos sus necesidades. Solo tráeme lo que divierte, y nosotros te apartaremos de lo que causa dolor. Dentro de este Hotel, hay muchos objetos valiosos, y lujosos, y justo al lado del hotel, hay hambre. Mi padre dijo todo esto, porque al lado del hotel, había una muy pequeña casita, donde había 6 personas con mucha hambre, a todos los que pasaban les pedían comida, y la gente les daban comida. Después de esto nos fuimos a nuestros respectivos cuartos, y cuando yo puse mi cabeza en la almohada, inmediatamente me quede dormido. Al día siguiente nos levantamos tarde, eran las nueve de la mañana, cuando salimos de nuestros cuartos, y nos dirigimos al restaurante del Hotel. Era un plan de que mi padre le compro al hotel, 4 habitaciones por 8 días, 12 desayunos y 12 almuerzos por 8 días, y acceso a la piscina. Cuando vamos rumbo al restaurante, todos nuestros nuevos primos y tíos, estaban esperándonos en el living del Hotel. Mi tía Isabel dijo: .— Buenos días a toda esta hermosa Familia. Sabemos que va rumbo al restaurante, para desayunarse, vayan y coman con tranquilidad, nosotros aquí estamos muy cómodos, aquí los esperamos. Nuevamente todos nos dimos un abrazo de saludo, y nos fuimos a desayunarnos en el restaurante del hotel. En el restaurante, había prácticamente de todo para comer, yo pedí un club sándwich y dos jugos de naranja, eso estuvo genial. Duramos aproximadamente 1 hora en el restaurante. Era domingo 8 de marzo, y mi tía fue con una vans a buscarnos al hotel, para llevarnos a la iglesia donde ella asistía, también era la misma iglesia donde mi madre asistía desde niña. Cuando llegamos a la iglesia. Prácticamente nos Esteban esperando, porque nos dieron una bienvenida muy acogedora. La iglesia era grande, de aproximadamente 800 personas, nos pasaron al frente del escenario, y allí nos presentaron a todos. Después de nuestra presentación cantaron algunas alabanzas a Dios, y luego el Predicador del día hablo de un tema muy importante y decía: .— Si usted tiene dos niños pequeños, o ha estado con niños pequeños, ha visto esta escena docenas de veces. El hijo mayor recibe un juguete, tal vez un carrito muy especial que él deseaba tener desde hace mucho tiempo, es un juguete con que él le encanta jugar. Es más, juega con él hasta que la pintura del auto se desgasta o se pela. Un día el carro esta sobre una mesita y nadie lo toca. Entonces viene la hermanita pequeña, que sujetándose a la mesa se para y estira si manita para empuñar el viejo juguete. En pocos segundos llega el dueño del juguete y se lo arrebata con violencia a la inocente niña, esto lo hace solo para demostrarle a la pequeña, que él es el gorila de la casa, y con sus cosas nadie se mete. Él no quiere separarse de algo tan importante. Y le dice: .— ¡Ese es mi juguete, no lo toques! Le pregunté cierto día a un amigo Psicólogo; .— ¿Qué conclusión das al comportamiento del niño dueño de ese juguete? El Psicólogo me respondió y me dijo: .— “Eso es un gran sentido de pertenencia, ese niño va a aprender muy bien el valor de sus cosas”. .- Nada más lejos de la verdad, bíblica. (Continúo diciendo el predicador) Cuántos de nosotros, padres, hemos mirado al hijo mayor y le hemos dicho: .— “Deja jugar a tu hermanito menor, o a tu amiguito con tu juguete”. Y que él responda: .— “Ah, si, por supuesto papá, aquí lo tienes hermanito, o aquí lo tienes amiguito, juega con mis juguetes. ¿Estás bromeando? La verdadera respuesta del niño seria: .— ¡ES MÍO! ¡ES MÍO! Si se lo presto me lo daña. Entonces el predicador continúa diciendo: .— En esta escena van a ocurrir dos cosas que marcaran al niño para siempre; la primera es; que para quitarle el juguete al niño a la fuerza, tendrías que romperle la mano, o maltratarlo. La segunda es; que él no quiere prestarlo, y las instrucciones son, abrazar fuerte el juguete y salir corriendo. Aquí pueden suceder tres respuestas de el padre; la primera es dejarlo todo así y que su hijo aprenda a cuidar sus cosas. La segunda es quitarle a la fuerza el juguete al hijo, y dárselo al hermanito, o al amiguito, sin ninguna explicación, y la tercera es aprovechar el momento para enseñar a nuestros hijos lo maravilloso que es podre compartir con otros. Esto es una ilustración de compartir, y la biblia nos enseña que: “DIOS BENDICE AL DADOR ALEGRE” En el caso de dar y compartir no debe ser obligatorio, porque cuando ayudamos a nuestros hermanos por obligación lo hacemos a regañadientes. Y al hacerlo a regañadientes nos vuelve renuentes al ayudar, y al volvernos renuentes sacamos mil excusas, y al sacar mil excusas no ayudamos a nadie, más en cambio, criticamos al necesitado. Y a las 12:30 pm, todo termino y nos fuimos al hotel, para almorzar, y bañarnos, y cambiarnos de ropa. A la 4:30 pm, salimos a conocer el pueblo, recorrimos muchas calles, vimos los preparativos de las carretas que van a concursar, en el desfile de carnaval, después nos fuimos a la casa de mi tía y nos brindaron la cena. Comimos pollo frito con ensalada de aguacate y yuca, y de bebida la popular coca cola. A las 11:00 pm, llegamos al Hotel y nos fuimos a nuestros cuartos a dormir. PRIMER DÍA DE CARNAVAL. Lunes 9 de marzo. Primer día de carnaval, nos levantamos a las 9:00 am, cando bajamos al restaurante del hotel para el desayuno, la mayor sorpresa que recibimos, fue ver la recepción del Hotel lleno de personas, buscando habitaciones, había una fila de personas para ser atendidos, casi no podíamos caminar por el living del hotel, de tantas personas paradas, porque todas las sillas estaban ocupadas. Parecía un mercado, ver tanta gente en ese lugar. Entramos al restaurante, y me desayuné mi acostumbrado club sándwich, y mis dos jugos de naranja. Mi padre nos llamó la atención a todos y dijo: .— Hijos, vamos a pedir de una vez los 12 almuerzos, para llevar, le decimos al mesero, que nos lo vamos a comer en el cuarto. Así fue, cada quien pidió lo que quería almorzar, y nos lo dieron en envases desechables. Y nos fuimos a nuestros cuartos para guardar la comida. Pero al llegar cerca del cuarto, mi madre reacciono, y le dijo a mi padre: .— Mi amor, esta comida se va a enfriar, y cuando vengamos de la calle, van a estar muy fríos. Mi padre sin decir palabras entro a su habitación, y todos entramos en nuestras habitaciones. Solo reposamos 30 minutos y mi padre fue a nuestras habitaciones y nos dijo: .— Hijo, no vamos de paseo, salgan del cuarto y tráiganse sus almuerzos. Todos salimos riéndonos, y mi madre le dijo: .— ¿Mi amor, vamos a andar con este envase, toda la mañana, hasta la hora del almuerzo? Mi padre comenzó a reírse a carcajadas, y le respondió diciendo: .— Si es para que no se enfríen los almuerzos, ja, ja, ja. Salimos entonces del hotel, y cada uno llevaba su almuerzo en la mano. Cuál fue nuestra sorpresa, que nuestro padre nos llevó a la casita que estaba al lado del hotel, entre las personas que allí estaban, había dos niños especiales, y mi padre se detuvo frente a la casita, y nos dijo: .— Elijan ustedes mismo a alguien, y entréguenle esta bendición a estas personas, La Biblia dice; “El que da al pobre, a Jehová presta”. Entonces cuando le entregamos a cada uno dos platos de comida, la madre de estos niños salió corriendo y abrazo los pies de mi padre llorando, y le dijo: .— Hace mucho tiempo que no nos comíamos un almuerzo completo cada uno, siempre es de a pedazaos para cada uno. Y hoy usted nos trae no uno, sino dos almuerzos a cada uno. Y se tiraba en los pies de mi padre y lloraba allí en sus pies. Entonces mi padre, se sentó en el piso con ella, y mirándola a los ojos le dijo: .— Esta es una bendición que el mismo Dios les envía hoy, SOLO DEN GRACIAS A DIOS. Entonces todos los niños al ver a su madre llorar, todos comenzaron a llorar también, y a nuestra madre y nuestras hermanas, comenzaron a consolar a los niños. Para mí fue realmente una gran lección de vida. Cuando salimos de ese lugar, nuestro padre nos miró, y nos dijo: .— En tan solo 15 minutos de nuestro tiempo, llevamos un poco de nuestra felicidad a una familia desesperanzada. Ese era uno de los secretos, que mi padre tenía, para recibir las bendiciones que Dios le daba. Mi padre era muy dadivoso con las personas. Fuimos y visitamos varios centros comerciales del pueblo, llegamos a local comercial de ropa de niños, que tenían una oferta de 2 piezas por Dólar, y mi padre llamó a mi madre y le dijo: .— Mi amor, elige aquí seis pantalones y seis frénelas, para llevárselas a los niños que hoy le dimos nuestros almuerzos. Mi madre eligió entonces como mi padre le dijo, al salir de esa tienda, nos fuimos a una pizzería a comer pizza. Eso fue lo que almorzamos, unas jugosas pizzas full de todo. Literalmente me cansé de comer pizza, nos tardamos casi dos horas en esa pizzería. Después de las pizzas, de postre unos cremosos helados, y ya no nos queríamos levantar de las sillas. De allí nos fuimos al Hotel y nos bañamos un rato en la piscina. Al salir de la piscina, nos fuimos a nuestro cuarto a dormir. Al día siguiente, nos levantamos temprano, porque ya estamos descansados del agotador viaje. A las 7:00 am, ya estamos desayunados y listos para ver el primer desfile de las carrozas de carnaval, salimos del hotel, y mi madre trae consigo un bolso pequeño pero bien lleno de cosas. Entonces nos fuimos directamente al hogar necesitado al lado del Hotel, cuando llegamos, todos salieron de la casa a recibirnos los seis niños y su madre. Como ella no tenía sillas para ofrecer, nos quedamos de pie en frente de esa pequeña casa. Mi madre tomó la palabra y dijo: .— En nombre de mi esposo, y de mis hijos, y de parte de Dios, a quien sirvo, les traigo unos hermosos regalos a todos. .— ¿Son disfraces, para disfrazarnos estos días? Dijo uno de los niños. .- No, no son disfraces que sirven solo para una semana. Es algo mejor, algo que van a poder usar todos los días del año. Le dijo mi madre con una sonrisa. Entonces mi madre eligió a uno de los niños, y saco del bolso una franela y un pantalón y se lo entrego en sus manos, la madre del niño levanto sus manos al cielo y soltó un grito de alegría y llanto, el niño abrazo con fuerza la ropa, salieron algunas lágrimas de alegría de sus ojos, y corrió desesperado para dentro de su casa. Mi madre eligió a otro niño, y también le entrego una franela y un pantalón, la madre del niño comenzó a saltar de la alegría y lloraba mucho, el hijo de la señora, abrazo la ropa y salió corriendo para dentro de su casa. Y así sucedió con todos, lloraron y salieron corriendo para dentro de su casa. Pero la gran sorpresa, fue el último que recibió su ropa, era el más pequeño de todos, él no agarro la ropa, sino que llorando, abrazo con mucha fuerza, el muslo de la perna derecha de mi madre, y comenzó a llorar desconsoladamente de alegría, le besaba el muslo llorando y le decía “Gracias, Gracias, Gracias”. No se cansaba de darle las gracias a mi madre. Cuando yo levante mis ojos llenos de lágrimas, mire a todos mis hermanos, y ellos estaban llorando, mi padre también lloraba, y mi madre no paraba de limpiarse los ojos. Lo que nosotros no entendíamos, era porque, ellos abrazaban la ropa y corrían llorando para dentro de su casa, y no salían más. Entonces el niño más pequeño, tomo en sus pequeños brazos la ropa, y se la puso en sus hombros, para poder tomar la mano de mi madre
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