Poco después llegaron al restaurante y él la ayudó a salir del auto como un atento caballero. La condujo con un apoyo sutil de su mano tras su espalda, a través de la acera hasta la puerta de entrada del que parecía ser un lugar muy fino y elegante, así como caro. Cuando entraron el maitre lo reconoció enseguida y le dispensó una sonrisa dando cuenta de que efectivamente, el tiburón blanco de los negocios frecuentaba de manera asidua ese lugar. Los llevaron a una hermosa mesa de blanca mantelería y fina platería. Las copas eran de cristal. Todo gritaba alos cuatro vientos que saldría una fortuna comer en ese lugar. — Seguramente durante el almuerzo podremos conocernos mejor — murmuró él llamando la atención de Brandy un poco mientras la conducía a la mesa. Pensó que con lo anterior lo ha

