Sus manos temblaban desmesuradamente y tenía la sensación de que aquella daga se le iba a resbalar de las manos. Sus ojos se nublaron de lágrimas impotentes que amenazaban con romper la barrera del orgullo y salir a la luz para caer sobre la camisa blanca de Adrien. "No te vayas sirena mía" "Tienes que quedarte conmigo" Aquellas palabras... Aquellas dos frases pronunciadas por los labios de Adrien le habían dejado huella en lo más profundo de su corazón. Se mordió el labio inferior para retener un pequeño sollozo y enterró su cara en su hombro derecho para limpiarse las lágrimas. Volvió a mirar a Adrien, quien estaba dormido, sumido en un profundo sueño, como un niño después de haber recibido el beso de buenas noches de su madre. Su expresión serena, sus labios entreabiertos

