Capítulo 1

3763 Words
¿Sabes lo que es una sirena?  Una sirena es la mujer que conduce a los hombres hacia el final del camino allá donde les espera la muerte. ............................................................................................................................................................................. La mano del rey Gabriel se estampó impetuosamente sobre la madera de su escritorio y lo sobresaltó.  El joven de ojos verdes abrió los ojos tras concebir un sueño profundo que después de tantos días de insomnio había llegado a conseguir.  Se puso en pié expectante, y sacó una pequeña navaja de su cinturón pensando que aquel golpe era una seria amenaza o una advertencia de ataque al castillo.  El rubio parpadeó varias veces para aclarar su visión y se llevó una mano a su dolorida cabeza.    -Hay mejores formas de despertar a alguien-se quejó Adrien guardando su arma, se dejó caer de nuevo en su silla y cerró los ojos levemente.   -Levanta de ahí-Exigió Gabriel sin despegar la mirada de su hijo-Tengo asuntos muy importantes que hablar contigo.  Adrien se estiró con pereza y soltó un prolongado bostezo.   Gabriel Agreste tensó su mandíbula y un tic nervioso apareció en uno de sus ojos. Miró por toda la estancia y encontró una pequeña jarra de agua. La tomó con una de sus manos y la vertió entera en la cabeza de su hijo. Este, dio un salto y se puso en pie al instante volviendo a sacar su navaja y apuntar con ella hacia delante.  Otro joven de cabellos rubios y ojos azules comenzó a reír a grandes carcajadas cosa que molestó peligrosamente a Adrien.  -No es gracioso Félix.-Refunfuñó el más pequeño cogiendo una toalla para secarse.   -Para ti no, pero para mí ha sido lo mejor que he visto en semanas.-Aseguró Félix sin parar de reír. Gabriel depositó de forma brusca la jarra de agua sobre y encaró a Adrien.    -Ahora dime.-Exigió el rey-¿Qué se supone que has estado haciendo estos tres meses?  Adrien hizo una pequeña mueca y se llevó una mano a la nuca con nerviosismo.    -Verás padre... tres meses es mucho tiempo y no es conveniente contarlo todo en cinco minutos-Se excusó el chico.    -No me lo vas a contar en cinco minutos hijo, tengo todo el tiempo necesario para tener cada detalle, y ninguno de los tres va a salir de aquí hasta que no hayamos aclarado todo-Aseguró Gabriel.  Adrien dirigió su mirada hacia la puerta y contempló que había dos guardas asegurando la entrada.    -¡¿Qué?!-Se quejó Adrien-¿Ahora resulta que me encerráis como un criminal?-dirigió su mirada hacia su hermano Félix-¿Y qué hace él aquí? No hace falta que meta sus narices en todo.   -Soy tu hermano mayor ¿qué esperas? ¿Qué permanezca indiferente a tu vida?  -¡Silencio los dos!-ordenó Gabriel, e inmediatamente los dos hermanos detuvieron sus palabras. Después, sus ojos grisáceos se posaron sobre el más pequeño de los dos y lo miraron con severidad-Has estado desparecido tres meses, en un viaje que supuestamente iba a ser de una semana- fulminó a su hijo con la mirada-lo encargué todo para que mi hijo tuviera todas las comodidades. Para que tuviese una experiencia ejemplar como marinero y como un capitán, y resulta que así me lo pagas, explotando a la tripulación y gastando monedas para tus caprichos de niños.   -No soy un niño-Aseguró Adrien levantando un dedo.-Dentro de una semana exactamente cumplo veintiuno, soy más que un adulto, soy una grandioso adulto.   -Te daba por muerto-recriminó Gabriel bajando el tono-Escuché que el barco del capitán de Niza, nuestro pueblo vecino, se hundió cerca de vuestra posición...-Sus palabras fueron interrumpidas por Adrien.   -No, no, no. No se hundió.-Aclaró Adrien con una sonrisa burlona.-Yo lo hundí.  Sonrió para él mismo de forma orgullosa.    -¿Hundiste el barco del Conde Bourgeois?-Inquirió Félix abriendo mucho los ojos.    -No fui yo solo. Los muchachos me ayudaron-Aseguró Adrien haciendo un gesto de insuficiencia.  Miró a su padre y se asombró al comprobar que su expresión no mostraba mucha sorpresa.   -Ya estaba al corriente de eso. Fue la pista que tuve para saber que estabas vivo-Afirmó Gabriel-Pero si piensas que puedes salir ileso después de un ataque como ese estás muy equivocado-El hombre clavó su mirada en el joven de ojos verdes-¿te das cuenta del disparate que acabas de cometer? Acabas de poner sobre la mesa la escusa perfecta para que nos declaren la guerra.    -Tampoco es tan grave, usted siempre tiende a sacar las cosas de quicio-sonrió, intentando mostrar así que todo aquel asunto no había comenzado a preocuparle.   -No, Adrien-Félix se acercó hacia él y dejó sobre el escritorio de madera una carta, algo amarillenta y con un elegante sello de color rojo-no es exactamente, una declaración de guerra, pero si una advertencia.   Adrien miró por todos lados la carta. -No está firmado, si no hay firma esto no es válido-se escusó zarandeando el papel.   Gabriel levantó su mano mostrando el sobre que contenía aquellos documentos tan primordiales, allí podía verse claramente la insólita firma del duque.  -Ha pedido una recompensa para reparar los daños que tú causaste a su barco, y como es de esperar yo no estoy dispuesto a pagar tu inmadurez. Tú eres el único responsable de todo. -No voy a pedir disculpas a nadie padre, y menos a ese intento de persona mal fachada que dice estar bajo un apellido robado-Aseguró Adrien refiriéndose al Sr. Bourgeois-además si de verdad quiere un enfrentamiento, pues que venga, no les tengo ningún miedo, ellos estarán repletos de tierras pero no pueden compararse con nosotros, con el poder de una monarquía.  -No solo se basa en lo que tengan Adrien, esa familia tiene aliados en todas partes, podrían formar un ejército en cuestión de días-explicó Félix.  -No tendrás que pedir disculpas a nadie Adrien. Tengo en mente otro proyecto, y creo que cumple con todas las expectativas y requisitos que la familia Bourgeois espera de nosotros-Gabriel caminó alrededor de la estancia con una de sus manos apoyada en su mentón mostrando inquietud y reflexión-una unión de linaje.  Adrien miró a su padre de forma seria. Con una mirada penetrante. Félix carraspeó levemente e intentó ahogar una pequeña carcajada.  -Matrimonio-las palabras de su hermano sonaron burlescas.  La expresión de Adrien continuaba completamente seria y sin mostrar expresión alguna, pero a los pocos segundos explotó en sonoras carcajadas. -¿Yo casarme con una mujer?- Decía sin parar de reír.-¿Estarás de broma no?  Miró a Felix y después a su padre y al ver la expresión seria de ambos, enmudeció.    -¿No es... Ninguna broma?- volvió a decir Adrien con la cara desencajada. Gabriel negó con la cabeza dándole a su hijo la respuesta que necesitaba.    -¡No es justo!- Exclamó Adrien notando la ira fluir por su cuerpo-La culpa fue de esos estúpidos Bourgeois, se nos pusieron en medio de nuestra ruta para restregarnos que sus tierras eran mejores, y ahí estaba yo para darles su merecido, cogí el mejor cañón de barco y ¡¡PAM!! Todos podridos en el fondo del mar. ¡Por bocazas!- Adrien gesticulaba exageradamente con sus manos como si aquel momento de batalla estuviese delante de sus narices. -Claro ejemplo de adulto, sí señor-Inquirió Félix cruzándose de brazos. Adrien escrutó a su hermano con la mirada y sonrió. -El puede hacerlo-aseguró Adrien señalando a Félix-El puede casarse con... No se que persona exactamente, pero me da igual- Caminó hacia su hermano y le dio una pequeña palmadita en la espalda-Es guapo, valiente, educado, apuesto. El hombre que toda mujer puede desear, además él es el mayor y eso conlleva grandes sacrificios ¿Verdad que sí Félix? Félix hizo una mueca y Gabriel negó con la cabeza mientras se llevaba una mano a la frente.   -No he sido yo el que ha hundido un barco y se ha escapado durante tres meses-Replicó el mayor molesto. -Ya lo he decidido-Aseguró Gabriel interrumpiendo a su hijo-Mañana mandaré zarpar un barco para la costa inglesa, tu estarás a bordo de él e irás en persona a corroborar mi deseo, en muestra de nuestra paz.   -No voy a ir a ningún...-Adrien detuvo sus palabras de golpe y comenzó a procesar la información que sus oídos acaban de escuchar. Si iba a ir a bordo de un barco, sería pan comido escapar en algún puerto antes de llegar a Niza, si conseguía librarse de las presiones de su padre podría dedicarse a aquello que ansiaba desde que era pequeño, aquello que llevaba practicando durante algunos años a escondidas de su padre: La piratería.   -Tú hermano Félix irá contigo, para asegurarse de que no vuelves a meterte en problemas-Afirmó Gabriel viendo venir los planes de su hijo.  -¡Venga ya!-Exclamó Adrien borrando su sonrisa fantasiosa de golpe.-No necesito ningún niñero a mi cargo.-Se apoyó sobre su gran escritorio y miró desafiante a su padre.  -Tú y tu hermano zarpáis mañana al amanecer-Exigió Gabriel-Así que prepara tus cosas. Dicho esto, el hombre dio media vuelta y salió de la estancia tras la mirada respetuosa de los guardias de palacio.  Adrien miró a Félix buscando ayuda pero este último se encogió simplemente de hombros y le dio la espalda para seguir la dirección de su padre.                                                                                        .... Sus pies se movían solos de un lugar a otro mostrando inquietud, llegó a una punta del pasillo y pronto volvió a dar media vuelta para comenzar la misma ruta.  -Maldita sea-musitó por lo bajo- ¡demonios!  Tenía menos de veinticuatro horas para maniobrar un plan que eludiara sus responsabilidades, pues de una cosa estaba seguro. No iba a casarse, eso no estaba en su lista de planes, el matrimonio significaba oprensión, cautiverio y unas cadenas que te ataban a otra persona de por vida.  En pocas palabras, aquello machacaba completamente sus planes dentro de la piratería. Sus ojos verdes quedaron fijos en la ventana. Observó las olas del mar chocar con fuerza sobre los acantilados del puerto. Aquel era su mundo, su único interés.  Soltó una péqueña maldición y se separó renegado de allí.  Era peor que un desgraciado, habían masacrado su vida, y tan solo eran las primeras horas del día.  Unos pasos firmes y seguros se escucharon detrás de él. Enarcó una ceja y se giró ligeramente topándose con uno de los guardias de palacio. Sus ojos verdes centellearon, y una sonrisa se formó al instante.  -Soldado-llamó Adrien utilizando un tono de voz autoritario.  -Señor-el hombre se detuvo frente a su superior y adoptó una posición rígida.  -Venga, déjese de formalidades conmigo, usted y yo ya nos conocemos bastante bien-tuteó Adrien con una sonrisa divertida-escuche, necesito nuevamente sus servicios.  El guardia negó con la cabeza varias veces.  -Lo siento señor, pero me prometí a mí mismo no volver a actuar como su confidente-dijo, y no pudo mirarlo a la cara. -¿Me está negando una orden soldado? ¿Acaso no sabe con quien está hablando-amenzó Adrien.  -Lo sé perfectamente señor, pero ante todo soy fiel a mi rey, y su padre y su legado están por encima de vuestras órdenes-explicó el hombre.  -Mire, si es por lo que ocurrió en el cuarto del rey con la prostituta, no se preocupe, no voy a pedirle que vuelva a guardar silencio, aunque recuerde que le pagué muy bien para que no fuera con el chisme a mi padre-el joven de ojos verdes sacó un pequeño saco que resonó al moverlo cuando las monedas de planas chocaron unas con otras-esta vez necesito que me proporcione un barco.  -Perdone mi atrevimiento-se atrevió a decir el soldado-pero no puedo hacer eso.  Adrien hizo una mueca.  -Su padre me ha ordenado que no obedezca nada de lo que usted me ordene-explicó el hombre-son su permiso, he de retirarme.  -¡No, espere!-pidió el joven príncipe-le pagaré el doble ¡Eh!  A pesar de sus amables ofertas, el guarda ignoró sus palabras haciendo oídos sordos.  -¡Está bien, ve a limpiarle el culo a mi padre! ¡Traidor!-exclamó él malhumorado.  Refunfuñó millores de cosas por lo bajo y se pasó ambas manos por sus cabellos dorados.  Soltó un prolongado suspiro y cerró los ojos.  Era inútil, su padre había planeado todo para controlar su vida definitivamente.                                                                                         ... Los marineros extendieron las velas del gran barco real que zarparía dentro de unos minutos. Para ser exactos, el tiempo en el que tarda el salir el sol.  Los tres miembros de la familia real observaban como guardias y maromos subía al barco para prepararlo de la manera más confortable posible, al nivel de unas personas de tal categoría.  La tensión e incomodidad eran perceptibles en el ambiente, Gabriel lno le había dirigido una palabra a su hijo en todo el día y su expresión era más seria y firme que nunca. Miró de reojo a su hermano Félix y lo observó dar órdenes a un par de guardias que lo atendían con entusiasmo.  -¡Esto es un atropello!-gritó una voz a las espaldas de ellos-¡no podéis hacer esto sin un juicio!  Adrien posó su atención en un numeroso grupo de personas que forcejeaban con los guardias de palacio. Los agarraban con fuerza y brusquedad y los obligaban a meterse en unos barcos que a simple vista podría verse que estaban en pésimas condiciones.  -No han hecho nada malo, son inocentes-explicaron algunos campesinos.  Miró la escena con confusión, no entendía muy bien que bando era el correcto.  -Tranquilo, no tiene importancia-Félix apareció detrás de él.  -¿Qué está pasando ahí?-preguntó Adrien, sin poder despegar la mirada de aquella escena. -Padre ordenó ayer la sentencia. Todos los moriscos tienen que abandonar el país-explicó el mayor.  -¿Qué han hecho?-no pudo evitar sentir un escalofrío cuando vio como un guardia golpeaba a una mujer para obligarla a subir al barco.  -Se cree que han colaborado con los piratas berberiscos del norte, no es seguro, pero muchos los han visto compinchados con ellos.  -Este problema no es de vuestra incumbencia ahora-aseguró Gabriel-vuestro barco os espera, deberíais marchar ahora para aventajar la noche y tocar tierra.  Adrien miró con malestar a su padre por el rabillo del ojo e ignorándolo por completo subió por el gran tablón del barco, dando fuertes pisotones, esperando así que el barco entero se derrumbase, hecho que obviamente no ocurrió. -Asegúrate de que no hace ninguna estupidez-Dijo Gabriel entrecerrando los ojos. Félix lo miró con dureza.  -Tranquilo padre.-Aseguró-Puede contar conmigo.                                                                                        ...  Había decidido echar el ancla hará un par de horas. El sol ya se había puesto, y la plateada luz de la luna comenzaba a entremezclarse con los grisáceos nubarrones que comenzaban a aproximarse a ellos.  Había estado navegando todo el día y los marineros estaban cansados, por lo que Félix ordenó detenerse junto a un pequeño acantilado de grandes rocas donde el ancla engancharía mejor.  Adrien por el contrario no había podido conciliar sueño, su cabeza estaba demasiado entretenida como para tomarse el lujo de dormir. Tan solo tenía una semana para tratar un plan que le ayudase a escapar de aquel barco.  Lo tenía muy claro en su cabeza, y entre sus planes no estaba para nada casarse con una mujer. Para Adrien, las mujeres no eran más que una pérdida de tiempo, no quitaba el hecho de que se había acostado varias veces con algunas para saciar sus placeres, sin embargo, no podía imaginarse una vida junto a otra persona. Él quería ser libre, decidir su propia vida, gozar de lujos, ganar sus propias riquezas y por supuesto solo él disfrutar de sus triunfos. Era cierto que ser el hijo del rey de París ya le daba el poder y las riquezas que necesitaba, pero no le gustaba la vida cómoda, si no una arriesgada, llena de peligros y adrenalinas cuyos fin y recompensa fuesen dinero y joyas. Ir a batallar y buscar pelea a otros barcos, ese era su único sueño.    -¿No puedes dormir?-Preguntó Félix tras él sacándolo de sus pensamientos.  Adrien se sobresaltó levemente y tomó un catalejo para mirar al horizonte.    -El asunto del compromiso me tiene en vela-Ironizó el joven rubio mirando la zona que los rodeaba.    -Siento mucho todo lo que te está pasando Adrien--Se lamentó Félix poniendo una mano sobre la espalda de su hermano.-Sé que la vida del matrimonio no es lo tuyo.  Adrien soltó un suspiró y dejó del mirar al mar para dirigirse a su hermano.    -La verdad es que llevo todo el día conteniéndome para no saltar y acabar con mi vida-Dijo Adrien con una sonrisa forzada-Sería mucho mejor que estar todos los días del resto de mi vida con una mujer que no he visto en mi vida, con una mujer que seguramente jamás llegaré a enamorarme y con una mujer que me va a estar todo el maldito día sermoneándome de lo grosero o lo imbécil que soy.  Félix soltó una pequeña risotada que molestó bastante a Adrien.    -A mi no me hace gracia-Refunfuñó Adrien.    -Hermano... No todas las mujeres son así-Aseguró Félix-Si de verdad llegas a descubrir su punto secreto se convertirá en el mayor tesoro de tu vida, muy posiblemente mayor que lo que tengas en mente para saquear.    -Vaya... Mi hermano Félix todo un fanático de la poesía romántica, quien lo diría, ya de paso podrías coger una rosa y bailarme un vals.-ironizó Adrien con una sonrisa burlona.  Félix rodó los ojos y le dio la espalda.    -Aún no me has visto al pie del altar esperando a la novia, pueden pasar muchas cosas antes de que mi vida de esclavitud comience.  Félix sonrió ladeado.    -Déjate de tonterías e intenta dormir, aquí fuera hace frío y o quien sabe... Puede aparecer una sirena que te cante una nana para descansar-Ironizó Félix mientras entraba a su camarote.    -Esas cosas no existen-Refunfuñó Adrien sentándose en la vaya del barco.   -Que poco sentido del humor Adrien-Fue lo único que Félix dijo antes de cerrar la puerta por completo.  Adrien se cruzó de brazos molesto y se perdió en las olas del mar.   Habían comenzado a caer pequeñas gotas de lluvia, pero al parecer no había peligro de tormenta.   El joven de ojos verdes tomó una pequeña piedrecita y la lanzó con impotencia al mar. Todo su mundo se había desmoronado, si no conseguía escapar a tiempo su vida se vería corrompida para siempre.    -No voy a casarme-se dijo a él mismo-Adrien Agreste no se casará, prefiero que me caiga un rayo encima a casarme con una...-Justo al decir estas palabras un estruendoso relámpago cayó sobre el gran acantilado iluminando todo el cielo nocturno.  Adrien dio una fuerte encojida y cayó al suelo.    -Mierda. Esto me pasa por bocazas-Se puso en pié soltando millones de maldiciones y se puso alerta mirando las aguas del mar.  El lugar en el que estaban anclados no era muy seguro en caso de tormentas, y si se desencadenaba una, las posibilidades de sobrevivir eras escasas.  Apoyó ambas manos en la superficie de mareda del barco y miró al cielo espectante. Fijó su mirada exactamente un punto, allá donde el acantilado se hacía más espeso y un fino brillo escarlata captó su atención.    -¿Qué demonios es eso?-Tomó de nuevo el catalejo y observó más de cerca aquel extraño brillo rojizo.  El barco volvió a tambalearse, se apoyó sobre la barandilla y miró el mar. Habría jurado que algo, de un tamaño considerable se había movido por aquellas profundidades, negó levemente con su cabeza y parpadeó varias veces.  Aclaró más su campo de visión y la luna consiguió hacer frente aquella tormenta iluminando la posición en la que se encontraban.  Adrien pudo ver claramente aquello que se alzaba ante él. Era una persona. Una persona herida, inconsciente, tirada en aquellas puntiagudas rocas.    -Tiene que ser alguna víctima de un naufragio-Adrien tomó una larga cuerda, quizás algo desgastada y la desenrolló para acto seguido atarla al poste del barco de una punta, mientras que el otro extremo lo ataba a su cintura. Estaba dispuesto a ir a ayudar a aquella persona y de esa manera, aseguraba no perder de vista el barco.  El joven, tomó una pequeña pistola y se la enganchó a su cinturón. Acto seguido aprovechó la cadena del ancla para bajar del colosal barco hasta poner pié en un gran pedrusco que componía el acantilado.  Caminó con cautela por aquellas superficies rocosas con atención de no resbalar, una mala caída podría suponerle la muerte con un golpe seco. Miró al frente y al fin divisó cerca de su posición al herido que había visto minutos antes desde el barco.    -¿Está bien?-Preguntó el chico mientras se acercaba a aquel extraño-Vengo a ayudarle.  Adrien, se puso de rodillas y volteó a aquel extraño sujeto para poder verle su rostro.  Era una joven.  Una hermosa joven de cabellos azabaches. Estaba prácticamente desnuda por su pecho y la mitad de su cuerpo estaba sumergido en el agua. Intentaba aferrase a la superficie sólida para no ser arrastrada por las profundas aguas del océano y su respiración era bastante débil.  Adrien colocó dos de sus dedos en el cuello de la chica para tomarle el pulso y comprobó que estaba viva.    -¿Señorita?-Preguntó Adrien frunciendo el ceño.-Oye... ¿Puede oírme?  No obtuvo respuesta.  Miró a su alrededor e hizo una pelea interna dentro de él. ¿Qué debía hacer? ¿Llevarla al barco? ¿Qué le diría Félix? Aquello era muy arriesgado, pero por otra parte no podía dejarla morir en aquella intemperie, si él no la sacaba de ahí, nadie más lo haría.  El joven soltó un pequeño suspiro y miró a la azabache.    -Esto le va a costar un favorcito especial, preciosa-Dijo mientras intentaba sacarla del agua para tomarla en brazos.  Sin embargo, a pesar de la fuerza que ejercía no era capaz de sacarla de ahí.  Introdujo una mano en el agua para tomarla de las piernas y así cogerla en volandas pero sintió algo extraño rozar su piel.  Pensó que tal vez fuese el tejido de sus ropas lo que estaba tocando, o quizás su propia piel escustrirse al estar tanto tiempo en agua salada. Pero, estaba equivocado.  Consiguió al fin sacarla del agua y tomarla entre sus brazos para averiguar su estado, pero entonces algo lo hizo que cada fibra de su cuerpo se detuviese. Su corazón dejó de latir por una décima de segundo y un escalofrío inundó todo su cuerpo.   -J-Joder...- se pasó una de sus manos por sus cabellos rubios mientras asimilaba aquello que tenía delante.  Aquella chica no era humana. No tenía piernas, si no una gran aleta cubierta por brillantes y escarlatas escamas de sirena.
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