Capítulo 2

2049 Words
De repente ella soñó que encontraba a su amado que nadaba a su lado, de repente ella soñó que sus cuerpos enlazados se sumían abrazados en la mar. .......... Sus ojos se abrieron de golpe topándose de lleno con un ambiente seco y áspero que hacía que le costase respirar. Asustada se llevó ambas manos a su rostro, notándolo reseco; su piel no se sentía suave y sus labios estaban levemente escustridos. Intentó decir algo, alguna palabra, o alguna suave melodía que alertase a las suyas para que vinieran a buscarla, pero por alguna extraña razón, de su boca no salían palabras, no podía hablar, su garganta estaba dolorida y solo podía respirar por su nariz. Sus cuerdas vocales le ardían y prefirió no seguir esforzándose. Posiblemente aquello se debiese al cambio de ambiente en el que se encontraba. No estaba en el océano y eso lo tenía claro. -Santo océano...-Pensó la joven sintiendo el temor fluir por todo su cuerpo.-¿Qué es este extraño lugar? Miró hacia su alrededor. Estaba en una especie de capsula de madera, con extraños artilugios por todos lados y elegantes decoraciones. La azabache notó que estaba sobre una superficie blanda y miró su cuerpo. -¿Qué es esto?-Se preguntó a ella misma sintiendo su garganta arder fuertemente. Su voz era apenas inaudible y sonaba ronca. Una extraña tela de color blanco cubría su cola de sirena y esto la molestó bastante. Frunció el ceño y con ambas manos se quitó de cuajo aquella molesta manta. Pero, había cometido un error, nunca había debido de destapar su apéndice o lo que antes lo era. La bella joven intentó chillar pero un fuerte dolor de garganta la hizo estremecerse y temblar. Aquello era una pesadilla, tenía que serlo o de lo contrario hubiese preferido quitarse la vida. FLASBACK Horas antes del encuentro de Adrien y Marinette: -Está muy mal, ya apenas puede respirar.-Aseguró una hermosa sirena de cabellos dorados.-El veneno del pez piedra es letal si llega a la sangre. Las seis sirenas lamentaban profundamente aquello que se estaba dando delante de sus ojos. -¿Qué vamos ha hacer?- Se preguntó una de ellas colocando la piel de un coral sobre la herida de la sirena lastimada. -No podemos tener el lujo de perder a otra más.-Se lamentó otra.-No podemos jugarnos la vida de esta forma. Nuestra supervivencia tiende de un hilo y solo cuantas más seamos podremos acabar con aquellos humanos que nos han estado pisoteando durante tantos años.  El miedo y el horror se disparó sobre el reducido grupo de sirenas. -Qué mas da.-Susurró otra de largos cabellos violáceos.-Nuestra especie está acabada, no tenemos los suficientes recursos para llevar nuestro grupo adelante. Es cuestión de meses, semanas o días que todas acabemos como ella.-Señaló con pesar a la sirena herida. Aquellas palabras hicieron que todas ellas perdieran la cordura, hasta que una dulce y melodiosa voz las hizo detenerse. Todas ellas miraron hacia el frente y contemplaron a la hermosa sirena de cabellos azabaches y centelleantes ojos azules. Ella era la más joven del grupo y la hija de su difunta patrona. Su nombre era Marinette. Sin embargo, a pesar de la temprana edad a la que se había quedado sin madre, la chica no perdía su espíritu dulce y alegre. Quedaron completamente calladas mientras la joven sirena cantaba una hermosa melodía, que hizo que los problemas que las inundaban en ese momento desaparecieran. De nuevo la chica había conseguido sacar adelante a sus compañeras; de nuevo las había sacado de las desesperación y el temor de sus vidas. -Conozco unos juncos cerca del acantilado del norte.-Aseguró la joven azabache una vez había terminado su melodía.-Es la única cura para el veneno del pez piedra. -Pero... ese acantilado está en la superficie.-Dijo  la más mayor.-Y eso supone el riesgo de encontrarnos a un humano. La azabache sonrió dulcemente. -Ninguna de vosotras correrá ese riesgo.-Aseguró Marinette situando una de sus manos sobre el hombro de su compañera.-Yo lo haré. Al escuchar estas palabras todo el grupo soltó una exclamación de terror. -¡No lo hagas! ¡Es muy peligroso!- Exclamó una de las sirenas. -Solo así conseguiremos salvar a Rose de la muerte.-dijo Marinette con tristeza.-No puedo dejar que muera si puedo hacer algo para ayudarla. Además, sé que mi madre hubiera hecho lo mismo. Todas callaron de golpe. Sabían que la joven tenía razón, pero eso no quitaba la preocupación que las amenazaban en su interior. -Volveré pronto, lo prometo.-Aseguró Marinette con una reconfortarle sonrisa.-Tened cuidado ¿Vale? Aquellas fueron las últimas palabras que escucharon de la joven sirena, aquella fue la última imagen que tuvieron de Marinette. Porque, justo al llegar a lugar acertado, cuando tenía los juncos medicinales en sus manos, un gran pedrusco cayó sobre la pequeña sirena dejándola inconsciente sobre la superficie del acantilado, a la vista de todos, y lo peor de todo, a la vista de los humanos. FIN FLASBACK -Adrien te conozco bien y se que no tramas nada bueno.-Dijo Félix frunciendo el ceño.- A ti nunca te han gustado las sorpresas y me asombra verte haciendo una. Adrien se pasó una mano por el cabello con nerviosismo. -Siempre se ha dicho que mejor calidad que cantidad ¿no?- Ironizó Adrien llevando una de sus manos al picaporte de la puerta. Félix enarcó una ceja y se cruzó de brazos mirando a su hermano con seriedad. -Confía en mí hermanito. Porque esto no solo te va a sorprender, si no que nos va a solucionar la vida a ti y a mi.- Adrien sonrió ladeado y abrió la puerta con decisión.-Usted primero Señor Agreste. Félix hizo caso a la petición de su hermano y entró a la habitación. Adrien sonrió orgulloso cuando escuchó la exclamación que su hermano había soltado. -¡¡¡Adrien!!!-Gritó Félix entre una mezcla de enfado y... ¿timidez?-¡¿Qué demonios significa esto?! Adrien hizo su sonrisa aún más grande y entró junto con su hermano. -¿Lo ves? te dije que te sorprenderías.-Aseguró Adrien con orgullo.-Es lo más extraño que he visto en mi...- detuvo sus palabras en seco. Sintió sus mejillas arder y sus ojos se abrieron como platos. Aquella noche, él mismo había recogido a una sirena y la había llevado a su propia habitación con él fin de sacar provecho de ella. Pero en su cama, no había una sirena precisamente, si no una hermosa joven completamente desnuda que los mirada a los dos con temor en sus ojos. Rápidamente Adrien caminó hacia ella y la tapó completamente con la manta blanca que había utilizado para tapar su cola de sirena. -Verás Félix... esto... es un mal entendido...-Comenzó a decir el chico con nerviosismo.-Cuando te lo cuente todo ya verás como incluso nos reímos... -¿De dónde has sacado a esta joven?-Preguntó Félix con sequedad. Adrien enmudeció completamente. Sintió junto a él a la chica azabache removerse y quitarse enfadada la gran manta que la cubría, como si de alguna manera a ella le molestase aquella tela.  Adrien refunfuño algo por lo bajo y volvió a taparla malhumorado. -Pues... la he sacado del mar... ¿De ahí vienen las sirenas, no?-Preguntó el chico con una sonrisa inocente. -¡¿Cuándo piensas sentar la cabeza Adrien?!-Gritó Félix.-¡Vas a casarte dentro de poco tiempo y así es como te mentalizas, ¿Acostándote con otras mujeres?! -¡Yo no me he acostado con ella!-Se defendió Adrien.-Cuando yo la dejé aquí, ella no estaba... no se... tan así. Félix negó su cabeza con decepción y le dio la espalda para salir de la estancia. -¡Tienes que creerme!-Dijo Adrien siguiendo a su hermano.-¿Tú me creerías si te digo que esa chica por la noche era una sirena y ahora humana?-Lo tomó del brazo obligándolo a detenerse. -Adrien para de una maldita vez.-Dijo con sequedad.-Cada vez que abres la boca solo empeoras más las cosas. -Yo no la he tocado.-Aseguró Adrien mirando fijamente a su hermano. -¿Cómo quieres que te crea? si siempre andas tomándome el pelo.-Apartó la mano de Adrien de su brazo.-No se lo voy a contar a nuestro padre, él ya tiene bastantes problemas como para aguantar tu inmadurez. Adrien no dijo nada, tan solo permaneció en silencio. Félix tenía razón, no podía hacer nada para hacer que lo creyese. -Me voy a tomar la siguiente guardia.-Dijo Félix dándole de nuevo la espalda.-Tú has traído a esa joven a bordo y tú te encargas de ella. El joven de ojos esmeralda suspiro con pesar y miró hacia la dirección en la que se encontraba su habitación. -Voy a llegar al fondo de esto ahora mismo.-Aseguró Adrien malhumorado entrando de nuevo en la habitación. Una vez allí no enarcó una ceja y se cruzó de brazos mirando la escena que tenía delante. La joven, ahora intentaba ponerse en pie agarrándose a la cama, pero para su mala suerte las mantas que tenía enrolladas a su alrededor y su poco equilibrio la hicieron caer al suelo. El rubio soltó un pequeño suspiro de cansancio y caminó hacia ella. -Ven, deja que te ayude.-Dijo él tomándola en volandas y volviéndola a sentar en la cama. Ella le hizo una pequeña mueca y Adrien sonrió ladeado. -Espera un momento.-dijo el chico caminando hacia un gran armario y sacando de él una camisa blanca.-Con esto los dos nos sentiremos más cómodos.-Colocó alrededor del cuerpo de la joven su camisa y esta se miró con extrañeza. Adrien se pasó una de sus manos por sus cabellos rubios y tomó aire, después volvió a mirarla. -Bien Sirenita, tú y yo tenemos que hablar muy seriamente, y ninguno de los dos va salir de aquí hasta que hayamos aclarado las cosas.  Sin embargo, la chica no estaba prestando atención a las palabras del chico, si no que estaba tocando sus piernas con extrañeza y acto seguido miró sus pies. -Sí.-Dijo Adrien sonriendo burlón.-Eso son tus piernas. La azabache frunció el ceño y se tocó los pies. -Y eso son tus pies.-Volvió a decir el chico como si estuviese hablando a un niño. -Pies...-Repitió ella procesando la información. -Así que puedes hablar ¿Eh?-Inquirió Adrien llevándose una mano a la barbilla. La chica continuó explorando sus pies sin prestar atención a las palabras de Adrien, cosa que le molestó bastante. -Haber Sirenita.-dijo levantándose y poniéndose delante de ella, a una distancia muy corta.-Yo, recogerte a ti ayer noche, y tu ser sirena, pero ahora ya no, porque tu ser humana ahora ¿Me entiendes? La joven hizo una mueca y lo miró a los ojos con una gran expresión molesta en sus ojos. -¿Te crees que soy idiota o qué?-Dijo ella de golpe haciendo que Adrien se quedase con la boca abierta. Ella sonrió para si misma y su mirada se iluminó. -Puedo hablar...-susurró para ella misma llevándose una de sus manos a la garganta.-¡Ya puedo hablar!  Se levantó de golpe sintiendo la alegría fluir por todo su cuerpo, pero por desgracia él equilibrio aún no lo dominaba y sus pies volvieron a fallar. -Maldita sea...-Refunfuñó ella. Una mano se situó delante de ella. Alzó la mirada y se encontró de nuevo con aquel joven rubio. Se quedó mirándolo durante unos segundos intentando procesar que significaba aquel gesto. -Coge mi mano.-Dijo él mirándola seriamente. Ella dudó unos segundos y quedó mirando fijamente la mano del joven, aunque finalmente la tomó con algo de desconfianza. Adrien la levantó del suelo de golpe haciendo que esta se pusiera pie, uno de sus apéndices se enredó con el otro y tuvo que agarrarse al cuello del joven para evitar volver a caer. Ambos quedaron muy cerca el uno del otro, tan solo unos pequeños centímetros eran los que lo separaban. Marinette quedó completamente embobada con aquellos ojos verdes esmeralda, nunca había visto unos ojos como aquellos, con ese brillo y con aquella chispa que los había verse aún más maravillosos. Adrien la miraba seriamente, evaluándola y tramando una serie de cosas en su cabeza, hasta que finalmente una perversa sonrisa se formo en sus labios. La tomó de la barbilla y la acercó aún más a él. -Tú... vas a ser la llave que necesito  para escapar de este barco.
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