Ya apenas sentimos dolor.
Esas bestias han vuelto a arrancarnos a otra de las compañera.
Cada vez tenemos menos recursos.
Cada vez tenemos menos esperanza.
La reina a muerto. Un barco la arrolló llevándose su vida consigo.
Su hijas han quedado huérfanas y nosotras no tenemos la certeza de que podamos mantenerlas con vida.
El miedo nos carcome poco a poco, ya somos menos de una decena las que quedamos con vida.
Han descubierto nuestro secreto.
Una de nosotras lleva consigo la llave del tesoro de la perla dorada.
Una de nosotras tiene el terrible destino de caer en las manos de otros de esos bárbaros.
Nos humillan, nos ridiculizan, nos tienen como meros objetos de colección, peor que animales.
Creen que pueden pisotearnos, pero se equivocan.
Hemos descubierto como defendernos de ellos, hemos dado con un arma que puede ser letal; nuestro belleza, el encanto de nuestra voz.
Un arma capaz de acabar con ellos y hacer que se pudran en el fondo del mar.
Nosotras somos sirenas, y cueste lo que nos cueste mantendremos nuestro honor y nuestra existencia al precio que haga falta.
Estamos decididas a comenzar una guerra que ellos mismos comenzaron hace mucho tiempo.
Ese es nuestro deseo, nuestra voluntad. Esta es la letra de nuestra última canción.