Vladimir comenzó a reír al ver las lágrimas de Boris, quien gritaba sin detenerse mientras le jalaban el cabello y la amenazaban con inyectarle aquel líquido. Boris sentía que toda su vida la estaba pasando por el frente, y al mismo tiempo sentía que se le escapaba de las manos. —No, por favor no lo hagan… por favor se lo suplico, por favor no lo hagan —repite una y otra vez sintiendo como las gotas de sudor caen por su cuerpo sin poder detenerse. Vladimir una vez más se ríe, se ubica en una silla al frente de él disfrutando del espectáculo severamente. Torturar a los demás era su deporte favorito. —¡Por favor, no lo hagan por favor! —grita Boris cuando siente que le ponen aquel objeto en su cuerpo, sin embargo, no le inyectan nada. —¡Deténgasen!, es suficiente dejen de burlarse d

