Las personas a cargo de cuidar a Vladimir en otros carros se bajaron y empezaron a disparar buscando acabar con las personas que les hicieron eso, Vladimir sonrió. Derek había firmado su condena y no solo él, también Abigail.
—Vámonos —dijo él— vámonos y que ellos recojan todo, que no dejen a nadie con vida —ordenó mientras miraba todo con asco.
El carro arrancó mientras que se escuchaban los disparos de un lado a otro.
—Señor ¿quiere que vayamos por el señor Lombardo y se lo traigamos? —pregunta su hombre de confianza.
—No, él va a ceder sabes perfectamente que no lo puedo matar, aún no, mis planes con él son diferentes. Abigail lo hará ceder.
—Sí, pero al menos por mi parte no puedo dejar que su vida esté en riesgo señor.
—No está en riesgo, él no es capaz de hacerlo, únicamente está asustandome, está intentando acorralarme— algo que no va a poder ser, iremos esta noche a la cena… pero llevaremos una sorpresa, iremos a la casa, luego arrancaremos a nuestro gran evento de la noche.
El carro continuó su marcha, mientras tanto, Abigail buscaba la manera de no dormirse, su cuerpo se encontraba cansado y por más que quisiera mantener la cordura le era imposible.
Los gritos cada vez salían con menos fuerza y su cuerpo se sentía realmente agotado, su piel le dolía y sentía como las cuerdas que ataban sus manos la estaban quemando totalmente.
¿Había algo más degradante que todo esto? se pregunta ella una y otra vez, quería ver a su hermano— saber de él, que estuviera bien sobre todo.
Ella se sobresaltó cuando la puerta se abrió y el hombre al que había engañado para poder escaparse entró y en su rostro había claramente un gesto que le indicaba que ella había cometido un error mucho más grande que encontrarse con Vladimir luego de escapar.
—Te dije que si intentabas algo me iba a encargar de que me la pagaras, pero no me obedeciste, preferiste comportarte como toda una perra y escapar. Y ahora te voy a enseñar que fue un error haber burlado mi confianza, que cometiste un puto error.
Abigail se aterroriza, en especial cuando se da cuenta que aquel sujeto comienza a soltar el broche de su pantalón, a pesar de su trabajo ha tenido que desfilar con ropa de ropa diminuta o con poca ropa, nunca nadie se ha intentado aprovechar de ella, y siquiera pensar que eso vaya a suceder el día de hoy la hace volver completamente loca.
—Deténgase, no se atreva a hacerme daño —ella le dice enfrentándose, algo que solo causa risa en él.
—Te crees muy valiente maldita perra, ¿acaso crees que yo no estoy enterado que eres la amante en turno del enemigo del patrón? no tienes idea como voy a disfrutar haciéndote gemir, haciéndote gritar de placer —él dice.
Abigail comienza a mover sus brazos y piernas en un intento fallido por soltarse. Él al ver eso, le da dos bofetadas y un golpe más en sus estomago, mientras clava sus dedos en los brazos y piernas de ella.
Él se acerca a ella y comienza a besarla desesperadamente en medio de su llanto, Abigail grita, pero esto es en vano, solo escucha las risas de las personas que están afuera, hombres a los cuales no les importa ni un poco lo que hagan con ella.
Ella busca moverse, busca defenderse, pero Vladimir la amarró tan fuerte que eso solo le da la facilidad al hombre que está sobre ella para hacerle daño, para poderle tocar a su antojo, para poder hacer lo que quiera con ella.
Él le sonríe, su rostro mostrando una malicia tan peculiar, una tan natural que simplemente la desgasta por completo. Abigail cierra sus ojos al ver que ya no tiene escapatoria, al notar que ya no hay nada que hacer, cierra sus ojos esperando que ese momento acabe, que simplemente pase y ella pueda llorar en silencio, en la oscuridad y que nadie la vea.
Abigail siente todo el peso de ese hombre sobre sobre ella, sin embargo, de un momento a otro aquel peso se vuelve nulo y al abrir los ojos se da cuenta que él no está sobre su cuerpo, que él ya no está cerca de ella, levanta la cabeza y observa a Vladimir quien lo tiene en el suelo apuntándole con un revólver.
—¿Quién putas te dio permiso de entrar a mi habitación? —dice Vladimir mientras junta sus cejas y lo lo mira con odio.
—Señor le iba a dar una lección, esa chica se burló de mí y le iba a enseñar a respetarme —contesta él, Abigail toda agitada busca la manera de controlar su llanto.
Vladimir ríe y aquel hombre lo imita, cuando Vladimir se da cuenta de ello le da un golpe con el revólver en la frente haciendo que de inmediato sus cejas comiencen a sangrar.
—Aquí el único que da lecciones soy yo, el único que toma decisiones de lo que se hace o no soy yo… un miserable como tu no tiene porque hacer este tipo de cosas y menos a mis invitados.
—Señor, pero ella no es un invitado… es una maldita prisionera, creo que vale la pena recordarle de parte de quien está ella.
—Tú no tienes porqué recordarme nada, que te quede claro algo… Vladimir la mira y chasquea con su lengua—. Sabes cuánto me enoja que pasen por encima de mí, cuánto me enoja eso —él niega con la cabeza—, no lo sabes… levántate y arrodíllate. —Aquel hombre no tarda más de un minuto en hacerlo, completamente asustado al ver el gesto inexpresivo de su jefe—. Te pregunté si sabes cuánto me enoja todo esto —Vladimir grita haciendo que todo a su alrededor se tense.
—Sí señor, sí lo sé —él responde tartamudeando.
—Perfecto, entonces ¿qué es lo que debes hacer para que te perdone la vida? —aquel hombre mira a Abigail con rabia.
—Lo siento señor, le pido disculpas, no va a volver a pasar, no volveré a entrar a su habitación y mucho menos a tocar a ninguno de sus invitados.
—No te escuché, habla más fuerte para que todos los que están aquí y los que están afuera en el pasillo se den cuenta que no deben hacer… habla más fuerte, hoy estoy de buen humor y te estoy dando una oportunidad.
—Lo siento señor, por favor perdóneme— le pido que no me haga nada y me deje continuar a su lado, le suplico que me deje seguir trabajando para usted, le prometo que seguiré siendo fiel y que este tipo de cosas no se volverán a repetir.n
—Perfecto, eso es lo único que necesitaba escuchar. A mí nadie me pasa por encima, de mí nadie se burla y mucho menos hacen lo que quieran en mi casa sin que yo lo ordene. Espero que esto sea una lección para todos porque no me gusta repetir las cosas. —Las personas a su alrededor simplemente bajaron su rostro. Vladimir dio unos cuantos pasos e inhaló un poco más de su cigarro.
Vladimir levantó su revólver y con solo un tiro hizo que ese hombre cayera al suelo mientras que en su frente quedaba la prueba de que él no dejaba nada a la deriva, todos se mantuvieron en silencio excepto por ella, Abigail soltó un sollozo, a pesar de que ese sujeto quiso ultrajarla de la peor manera, nunca pensó que en su vida iba a ver una escena tan fría.
—Todos fuera y desháganse de su cuerpo, pueden lanzarlo a los perros, seguramente tienen hambre.
—Sí señor —todos respondieron al unísono.
Vladimir camino hasta donde ella, la observó, tenía su ropa rasgada y uno que otro hematoma en sus brazos y piernas.
—Hoy te daré una oportunidad para que podamos hacer las cosas bien, irás conmigo a la fiesta y te comportarás como una dama a mi lado, en donde intentes lo contrario, le vuelo la cabeza a tu hermano en mil pedazos. El hijo de puta de Lombardo estará allá, tal vez al verte decida dejar de tener lo que no le pertenece.
—Y si esta noche no puedo conseguir lo que quiere, ¿también me va a disparar? —ella musita con su voz tan débil, con su voz cargada de nostalgia.
—,Claro que no, si tú no logras hacer nada esta noche, no te voy a disparar de esa manera, eso sería un premio… si no consigues lo que pido tu muerte será lenta y dolorosa, te lo juro Abigail Walker.