El salón. Al final se había retrasado veintisiete minutos, cuando llegó a la estancia la cena ya estaba servida. Como todo en el lugar el lujo y la opulencia, sobraban. Respiró de manera profunda al sentir la mirada de todos los presentes fijos en ella al cruzar la puerta. Ethan apretó los dientes, al verla tan hermosa. Sintió un poco de celos al ver que todo varón que estaba presente en el salón la devoraba con la mirada. Como si estuviera en el menú de la cena. —La verdad es que tu esposa es muy hermosa —le dijo su padre tomando un sorbo de su bebida. —Sí, lo es. Siento que soy muy jodido afortunado —manifestó Ethan. —Yo creo que la palabra que le viene a tu caso es… torturado. Porque juro por Dios, que si yo tuviese una mujer así. La encerraba en un cuarto, y echaría la llave al

