SANTIAGO
—En hora buena te apareces, ven, siéntate.
—Vine para hablar con usted acerca de la editorial, directora.
—Aurora y yo estamos viendo un catálogo de vestidos de novia, ¿te gustaría dar tu opinión?
No quiero hacerlo, sin embargo tengo que ceder mientras investigo a fondo las verdaderas intenciones de la directora.
—Mira este vestido, mi amor ¿no es bonito?
Observo el maldito catálogo.
—No me gusta, es muy largo.
—¿Largo? Se supone que un vestido de novia es largo.
Señalo cualquier vestido de la página siguiente.
—Este me gusta, va bien contigo.
—¡¿De verdad?! Entonces voy a elegir ese —dice Aurora con emoción.
—¿Podemos hablar, directora?
Ella asiente y se levanta.
Nos dirigimos a su oficina.
—¿Qué es tan urgente?
Me acomodo en el sillón pequeño de piel color rojo.
—Quiero que me diga con sinceridad qué pretende hacer con la editorial.
—¿Hablas del maldito artículo de mal gusto que publicaste sin mi consentimiento?
—Ese artículo fue una bomba que benefició a la editorial.
—Es cierto que hubo grandes beneficios, pero no estoy de acuerdo con eso. Es una revista de belleza y moda, no encajan las mujeres grandes.
—No entiendo cuál es su problema, esas mujeres también son personas. Son bellas y también gustan de estar a la moda.
—Si no tienes más que decir, acompaña a tu prometida a elegir un vestido.
—Tengo mucho trabajo, directora —me levanto—. Solo le digo una cosa, no voy a permitir que todo el trabajo de mi padre quede en manos de cualquiera —salgo de su oficina.
Me detengo un momento frente a la fotografía que está cerca de las escaleras. Somos papá, la directora y yo. Ahí simulamos ser una familia unida. La verdad siempre fue un infierno, la directora siempre fue fría y grosera con ambos. Mi padre soportó mucho hasta que murió. Pensaba desistir de la herencia, tengo la capacidad de hacer cualquier otra cosa para ganarme la vida, además de que no son los lujos los que llenan mi vida, aunque ahora mi vida no está precisamente llena. Pero no puedo sabiendo que un impostor al que no le ha costado nada quiera sentarse cómodamente en el asiento de director.
Casarme con Aurora no es una opción viable, al menos no hasta ahora. Anoche me llevé una enorme desilusión al ver que Sahara entró a un motel con Adrián. No se lo puedo prohibir y mucho menos hacer cualquier tipo de reclamo, ella y yo no tenemos nada serio y, aunque así sea, tengo que resolver todo esto antes de que llegue el día de la boda.
Salgo de prisa de la mansión de la directora, tengo una cita con el abogado de mi padre para charlar acerca de la herencia y de las intenciones de la directora.
SAHARA
Anoche la pasé increíble. No hubo sexo, sí un par de besos y caricias tiernas. Aunque siento que él sería un novio extraordinario, algo me dice que solo lo puedo conservar como amigo. Aún estoy descifrando mis sentimientos hacia Santiago. No sé por qué sigo aferrada a Santiago, ese hombre no quiere tener nada normal con nadie. Ya ni siquiera puedo mal interpretar su acción de anoche. Me siguió hasta el restaurante, pero eso no significa que realmente se preocupe por mí ¿o sí?
—Hola, hermosa —Adrián me sorprende al salir de la editorial.
Lo saludo sin sonreír.
—¿Estás enojada?
—No estoy enojada.
La verdad si lo estoy, estoy enojada porque Santiago no se apareció en todo el día y no sé nada de él. Estuve a punto de flaquear y llamarle o enviarle un texto. Me detuvo la poca dignidad que aún conservo. Llamarlo es hacerle saber que me interesa más de lo que debería, es darle permiso para que entre en mi vida personal.
Adrián me mira fijamente con una sonrisa coqueta.
—¿Me dejarías mostrarte lo que soy en realidad?
—¿En realidad? No entiendo a qué te refieres.
—Dijiste que te gustaría conocerme más antes de juzgarme.
—¿Qué quieres que hagamos?
—Te quiero mostrar mi mundo, mi verdadero yo.
¡Cielos! ¿Se estará refiriendo a...? ¿Será que anoche me habrá mentido? Es hora de que mi corazón sufra otro colapso lleno de decepción.
—Vamos —le digo con seriedad.
Me toma de la mano. Nos dirigimos a su auto. Abre la puerta para mí y me invita a entrar.
Nos dirigimos hacia el centro. No sé qué me pueda mostrar aquí, a menos de que el club del que me habló Santiago se encuentre ubicado en esta zona.
Nos detenemos en un estacionamiento.
—¿A dónde vamos?
—Espera un poco más, no seas ansiosa.
Vuelve a tomar mi mano. Salimos del estacionamiento y caminamos un par de cuadras. Entramos a una galería de arte.
—Bueno, este es mi mundo. En esta galería se encuentran exhibidas varias de mis obras. Quiero que las veas y me digas que piensas. En ellas expreso un poco de mi verdadero yo.
Nos colocamos frente a una pintura de ángeles desnudos. Es hermosa, aunque en realidad no puedo entender lo que refleja este bello cuadro. No sé nada de arte, soy bruta para estas cosas.
—¿Qué piensas?
—Es bonita.
Arquea una ceja. Después sonríe. Ya se dió cuenta de que no entiendo nada.
—En está pintura reflejo...
—La belleza de los seres celestiales —lo callo para explicarle lo que veo. No quiero sentirme humillada al escuchar una explicación.
—Bueno... si.
—Los detalles que le diste son asombrosos.
—Gracias.
No dice nada más, imagino que prefiere no humillarme.
Pasamos a ver las demás pinturas. En todas hay un paisaje celestial algo confuso para mi tonta cabeza. Imagino cientos de cosas que no le puedo decir porque no lo quiero ofender, pero estas pinturas tienen un toque siniestro y masoquista.
—¿Eres un artista gótico? Lo pregunto por ese toque que tienen tus pinturas.
—Algo así.
Mi teléfono suena. Por fin Santiago se decide a aparecer. Apago mi teléfono. No quiero saber nada de él en este momento.
—Soy un artista, Sahara, y este es mi mundo. Ahora sí puedes decirme qué piensas de mí.
—Creo que... eres dulce, tierno y un gran artista. Aunque al principio estaba escéptica, ahora puedo decir que eres una buena persona. Me alegra haberte conocido.
—¿Crees que pueda ocupar un lugar en tu vida más allá de un amigo?
Bajo la mirada, todavía no estoy segura.
—Lo siento, es muy repentino. Todavía necesito resolver varias cosas que rondan mi cabeza y mi corazón. Eres increíble, no quiero tener fallas contigo y tampoco te quiero hacer daño. Permite que resuelva todo eso que me inquieta y después hablamos.
—Entiendo, no te preocupes. Yo puedo esperar, pero no me apartes de tu lado. Déjame estar contigo y conquistarte poco a poco. Quiero escribirte cartas, componerse canciones y poemas. Quiero pintarte, quiero que seas mi musa.
Sus propuestas son iguales a las de una antigua película cursi. Me gusta mucho, y no es justo que salga con él mientras me acuesto con Santiago.
SANTIAGO
Santiago_18:33.
¿Sahara, dónde estás? ¿Por qué no respondes el celular?
Santiago_18:45
Necesito hablar contigo, es urgente.
Llevo más de media hora intentando contactar con ella. Me llena de rabia imaginar que se encuentra disfrutando con el imbécil de Adrián. Ya no me importa nada, ahora que sé la verdad, las apariencias no me importan más, así que decido ir directo a su departamento. Sé donde vive porque es mi empleada y su dirección viene en las copias de identificación que dejó cuando solicitó empleo en la editorial. Los revisé para saber un poco más de ella, puede ser que esto cuente como acoso. No me pude resistir, ella me gusta mucho y quiero saberlo todo.
Tomo las llaves de mi auto y me dirijo a su departamento. Entro en el edificio y busco el interior número once. Toco la puerta lleno de nervios. Una mujer madura abre la puerta.
—Buenas noche, estoy buscando a Sahara —digo con amabilidad.
—Ella no sé encuentra, joven. Si gusta le puede dejar un recado conmigo.
—¿Usted es?
—Yo soy su madre.
—Mucho gusto, señora. Mi nombre es Santiago Miramontes. Soy el jefe de Sahara.
—¡Es un gusto, señor! Por favor, pase. Sahara no debe tardar en llegar.
Asiento sonriente. Acepto la invitación de la señora, muero por conocer la intimidad de Sahara.
Me invita a sentarme en la sala mientras despide a unas señoras que le hacían compañía. Las señoras me miran con risitas y murmuran que soy un hombre elegante y muy atractivo.
La señora me ofrece una taza de café después de que sus amigas se marchan.
—Qué pena con usted, Sahara ya tardó demasiado y no responde el celular.
—Lo sé, a mí tampoco me responde.
—Es una grosera, me disculpo por ella. Le juro que yo no la eduqué así.
—No se preocupe, Sahara es una buena mujer. Es educada y ahora veo por que.
—Es usted muy amable. Si tiene prisa yo le puedo hacer saber lo que desee. No piense que lo estoy echando, solo imagino que un hombre como usted debe estar muy ocupado.
—No se preocupe, tengo mucho tiempo para esperar a Sahara.
—Luce más guapo en persona —dice avergonzada—. Yo leo su revista, ví su foto en la portada del aniversario.
—Muchas gracias. Sahara es nuestra escritora estrella.
—Gracias, es un gran cumplido viniendo de un hombre tan exitoso como usted.
—No me hable de manera formal, en realidad yo...
SAHARA
Me despido de Adrián. La cena estuvo deliciosa. Su compañía me hace muy feliz.
Me siento cansada, quiero llegar y dormir de inmediato.
Me llevo una enorme sorpresa al llegar a mi departamento. Santiago charla cómodamente con mi madre. Es un atrevido.
—¿Qué está pasando aquí? —interrumpo sus carcajadas.
Quién sabe qué le estaba diciendo mi madre, siempre es tan imprudente. Ojalá no le haya dicho nada embarazoso.
—Yo lo dejo para que hablen con comodidad —mamá se levanta del sillón y se va a encerrar a su habitación.
—¿Se puede saber qué demonios haces en mi casa?
—No respondes el celular, estaba muy preocupado por ti.
Lo jalo del brazo y lo arrastro hacia afuera del departamento.
—Hablemos en la azotea.
Subimos hasta la azotea, no quiero que nadie nos escuche.
—¿Qué diablos te pasa? ¿Por qué me acosas de esa manera? Incluso hasta has venido a mi hogar sin mi consentimiento.
—Soy tuyo y, aunque no lo quieras, soy una parte de ti. No te vine a acosar, vine porque quería un poco de consuelo. Tu madre dijo que no habías llegado del trabajo.
—¡Maldición! ¿Por qué veniste? No quería que mi madre te conociera.
—¿Por qué? ¿Te avergüenza tu mascota?
—¡Diablos! Eres un maldito cabrón.
—Así es, insúltame, eso me exita mucho —me toma con fuerza de la cintura y posa sus labios sobre mi cuello.
—¡Suéltame!
—Puedo ser mejor dom que Adrián. Te lo puedo demostrar ahorita mismo.
—¡Basta! Las cosas se han salido de control, se supone que soy yo quien te domina. ¿Ahora es al revés?, ¿qué te pasa? Tú eres el experto en esto y te estás saliendo del papel. Además, Adrián no es mi dom.
—Tienes razón, me salí del papel. No lo puedo evitar, ¿qué no te das cuenta? Estoy muriendo de celos, me estoy volviendo loco.
—No hay razones para ello, nuestra relación estaba clara desde el inicio.
—La regué, lo acepto. Me enamoré de ti, ¡maldita sea!
Me quedo helada, no me lo esperaba. Él, tan frío y tan distante en el amor.
—Veo tus gestos de placer cuando te hago mía, veo como me miras. Ese deseo que hay en tus ojos cuando me miras desnudo, no puedo creer que tú no sientas nada. Sé que te dan celos cuando estoy con Aurora, lo noto es tus expresiones. Aunque no lo creas, aprendí a conocerte bien. Sé cuándo estás enojada o cuando estás feliz o cuando estás celosa.
—Te equivocas, Santiago. Debo admitir que sentí algo al inicio, pero tú decidiste que esto fuera distante en lo sentimental. Me castigué por sentir algo, tanto que terminé por aceptar la realidad. Ya no siento eso por ti.
—¿Te enamoraste de Adrián?
—No lo sé, de todos modos, tú te vas a casar con Aurora.
—¿Te enamoraste de él? —sonríe con ironía—. Eso es más que obvio, si hasta apagaste el celular para evitarme.
—Rompe tu compromiso con esa bruja y después hablamos de amores.
—Lo voy a hacer, pero ahora no puedo. La editorial está en juego, no quiero que todo el trabajo y esfuerzo de mi padre quede en manos de otro.
—Entonces déjame en paz, no puedo sentir nada por ti hasta que seas hombre libre.
—El contrato sigue en pie y tendrás que cumplir con nuestro trato hasta el final, incluso si estás enamorada de Adrián tienes que hacerlo.
—Te equivocas, no existe ninguna ley que me obligue a cumplir con el maldito trato. Y no voy a negar que Adrián comenzó a interesarme mucho.
—Sí, me doy cuenta. Tanto que hasta te fuiste a un motel con él. Dime, Sahara, ¿Adrián es mejor que yo en la cama?
—¿Cómo te atreves a preguntarme eso? Lárgate, no te quiero ver.
—Muy bien, haz lo que quieras. No te puedo obligar a quererme. Mañana en el mismo hotel a la misma hora. Tienes que cumplir con tu papel, de lo contrario, el contrato se acaba y nuestros encuentros también. ¿Está claro?
Asiento.
Se da la vuelta y se aleja muy molesto.
SANTIAGO
"¡Maldita sea, Sahara!", grito con desesperación.
Pensé que mi confesión le abriría el corazón, es igual de terca que yo. Dicen que quien ama más es quien siempre sede primero. Al parecer en esta ocasión soy el único que ama.
Sí, la amo. No hay otra explicación para lo que siento, estos malditos celos no son normales. No quiero cometer el mismo error que cometí con Anna. Fui débil con ella sabiendo que era una mujer con mucho carácter. Me porté cómo un cachorro abandonado, no luché lo suficiente. Sahara está en peligro, ese cabrón es un desgraciado es una copia exacta de Ricardo. Sé que no es sincero con ella, algo me dice que hay gato encerrado. Adrián no puede simplemente haberse fijado en Sahara. Ella es hermosa, no dudo que pueda llamar la atención de cualquier hombre atractivo, pero Adrián no es de esos que se enamoran a primera vista.
Salgo del edificio de Sahara para ir en busca de respuestas. Quizás voy a cometer una imprudencia enorme, le voy a hacer saber al primo de la mujer que pretende casarse conmigo que estoy enamorado de Sahara y que pienso luchar por ella sin importar las consecuencias.
Me dirijo a casa de Adrián Cornejo para poner las cartas sobre la mesa.
Vive en el mismo vecindario que Aurora, todavía recuerdo como llegar.
Había dejado este mal hábito que adopté cuando era el sumiso de Anna, sin embargo me siento tan nervioso que solo un cigarrillo me puede ayudar a controlar toda esta marea de emociones enredadas que me asfixian por completo.
Saco un cigarrillo de la cajetilla que compré antes de venir al departamento de Sahara y lo enciendo. Los primeros jalones me producen tos y carraspera, la falta de costumbre.
Me estacionó frente a su casa, sin temor de que Aurora pueda ver mi auto por casualidad. Me bajo y tocó el timbre diez veces seguidas. Adrián responde por el interpone.
—¿Quién es? —pregunta molesto.
—Sé que puedes verme, sal para que podamos hablar.
—Primo, te abro la puerta. Solo empuja la reja, por favor.
Escucho que la puerta se abre, empujo la reja y entro.
Adrián me espera en la puerta de la casa.
—¡Vaya sorpresa, primo! Es un milagro que vengas a verme, pasa. ¿Qué te trae por aquí a esta hora? Ah, ya sé. Recordaste lo de las copas, ¿verdad?
—No te hagas pendejo y no me hables como si fuéramos grandes amigos.
—¿Por qué tanta agresividad? Ya sé que la boda te puede tener de nervios, pero no te desquites conmigo.
—Ya lo sé todo, dime qué diablos pretendes hacer.
Se queda perplejo, estaba seguro de que estaba escondiendo algo. En realidad no sé nada al respecto, espero que caiga en mi trampa.
—¿A qué te refieres exactamente?
Me pongo furioso y me acerco a él para sujetarlo con fuerza de la camisa.
—No finjas sorpresa ni te hagas el disimulado, te he dicho que lo sé todo y quiero que lo dejes por la paz en este preciso momento si no quieres morir.
Suelta una carcajada y retira mis manos de su ropa.
—¿Me vas a matar? ¿Tú? Siempre has sido un cachorro asustadizo, no tienes los cojones para mover un dedo.
—¿Quieres probar? —le tiro un golpe en el rostro.
—¡Cabrón pendejo! —intenta controlarse para no responder a mi golpe—. Vete de mi casa.
—No hasta que me expliques tus intenciones.
—¿Qué quieres que te explique? Mis intenciones son bastante claras. Te vas a quedar fuera porque eres un blandengue, un débil igual que tú padre.
—¡Con mi padre no te metas, desgraciado! —me le voy encima a los golpes.
Ahora sí me responde y peleamos con furia.
Entre nuestro forcejeo se rompe un jarrón chino que era igual al que mi madre compró en uno de sus viajes.
Adrián se molesta todavía más al ver el jarrón roto.
—¡Alto! Así no vamos a llegar a ningún lado, el futuro de la editorial ya está hecho por escrito y no puedes hacer nada al respecto.
¿El futuro de la editorial? ¿Qué tiene que ver la editorial con Sahara?
Me detengo para escuchar atento a lo que me tiene que decir.
—La editorial es mía y ni tú ni Aurora van a meter sus narices.
—En un futuro no muy lejano tendrás que respetarme, imbécil.
—¿Qué es ese maldito escándalo? —grita una mujer que baja por las escaleras.
La mujer trae una bata sexy. Mi corazón se agita, estoy que no tengo palabras para explicar esto.
—¿T-t-tú qué haces aquí vestida así?
—Lo siento, querida, quise ser amable, pero tú hijo vino a causar alboroto.
—Directora, ¿qué significa esto?
—¿Por qué vienes a gritar como loco? Yo no tengo porque darte explicaciones de mi vida personal, mocoso imbécil.
¿Mocoso imbécil? ¿A caso Adrián no es también un mocoso imbécil para una mujer de su edad? Adrián y yo tenemos la misma edad. Ahora lo entiendo todo y no voy a permitir que le ceda la editorial a este desgraciado.
—Cuidado con lo que dices, habíamos hecho un trato. Si quieres la editorial tendrás que casarte con Aurora.
—Este imbécil está saliendo con una empleada de la editorial, está jugando con ambas. ¿No se da cuenta, directora?
—¿Hablas de la gorda que escribió ese artículo tan desagradable? No soy estúpida, sé que te andas enredado con esa mujer. Adrián me hizo favor de quitarla de tu camino. Ahora ya sabes, si quieres la editorial tendrás que casarte con una mujer bonita y decente.
—Sahara es una mujer decente y es muy bonita.
—¿Decente? Cuéntale a este ciego de lo que es capaz esa mujer tan vulgar. Mi mascarilla está lista, y no quiero perder más el tiempo contigo —se da la vuelta y vuelve a subir.
—Sahara se acostó conmigo. Pensaba esperar un par de citas más, pero ella insistió y no me pude negar. Me pidió que la azotará con fuerza, es una mujer tremenda. Le gustó tanto como me la cogí que hasta me suplicó que fuera su dominante, su macho alfa.
—Eso es mentira, conozco bien a Sahara y ella no se acostaría contigo.
—Lo hizo contigo, ¿no es así?
—¡Es mentira! Le voy a decir todo en este preciso momento.
—¿Piensas que te va a creer? Ella piensa que estás loco. Además, Sahara no me desagrada. Es bonita y tiene un trasero de...
—¡Basta! Eres un maldito enfermo.
Salgo de su casa lo más rápido que puedo. Estoy lleno de rabia y celos.
Al subir a mi auto recargo mi cabeza sobre el volante. No lo puedo creer, mi corazón se niega a creer lo que está pasando. Mi madre tiene por amante a Adrián y Sahara también. ¿Por qué me tuve que enamorar de ella? Sabía que era un error.
Levanto la cabeza y saco un pañuelo para limpiar la sangre de mi rostro.
Desearía estar muerto.