AMANDA
Luego de que Josh se fuera, pues quería quedarse según el para cuidarme, pero no lo quería en mi cama, solo dormíamos juntos si fallábamos y hoy no pasó nada y probablemente en un par de días tampoco hasta que esté bien nuevamente, organice lo necesario para mi jornada de lunes y me fui a la habitación, me provoco comer un chocolate más antes de ir a la cama y me sorprendí molesta porque el idiota se había robado unos antes de irse, eso se lo cobraría, eran mis chocolates, a la mañana siguiente me encontraba un poco mejor, me di cuenta que las flores ya estaban oliendo a cementerio así que las saque y las metí en el cesto de basura de la cocina donde el olor podía ser cubierto por una tapa protectora, mire aquel manojo en mis manos y no pude evitar reírme, y pensar en que pasaba por la cabeza de ese hombre cuando gasto dinero en esa miseria, seguro las recogió de algún basurero de una floristería, lista para mi jornada, me encamine a mi auto y este me puso de malas al no querer arrancar -genial- masculle girando la llave en busca de un milagro, pero nada paso, estaba completamente muerto, debía tomar un taxi así que tuve que esperar en portería cuando vi acercarse a quien no quería volver a ver en mi vida, Roger, este hombre era un completo maniático -Hola conejita, al fin puedo verte, pasas muy ocupada- su tono de voz y su mirada penetrante me hicieron estremecer en el mal sentido de la palabra, es cierto cuando te dicen que después de terminar una relación toxica es que puedes darte cuenta de los defectos de la otra persona -¿para qué quieres verme?, no tengo nada que hablar contigo- dije y mire en dirección a la calle rezando porque mi taxi llegara pronto o tendría que llamar al portero para que me socorriera, no sabía de qué era capaz ese loco si se acercaba un poco más a mí -tenemos una conversación pendiente, te dije que te quiero de vuelta- dice exasperado -y yo te dije que no volvería contigo jamás, si sigues buscándome iré a la estación y pondré una orden de restricción, entiende, no quiero verte, no quiero saber más de ti- su gesto se transformó en algo peligroso que me hizo retroceder mientras él se acerca -¿todo bien señorita West?- nunca me había alegrado de escuchar a alguien como en ese momento, el joven portero que estaba cambiando el turno llego a mi lado -si Nico… el señor ya se va, el no volverá por aquí- la mandíbula tensada y la mirada de furia de Roger se fueron aplacando como por arte de magia -esperare a que se te pase el enojo conejita- dijo y miro al chico con un gesto displicente y yo solo apreté mis labios en una fina línea, no quería ventilar mis problemas personales a los cuatro vientos, solté el aire retenido cuando vi su auto ponerse en marca y pasar lentamente frente a mi mientas me guiñaba un ojo con una sonrisa siniestra, ese tipo necesitaba ayuda psicológica urgente, no me detuve a mirarlo por lo que gire mi rostro en dirección al lado contrario de la calle, vi mi taxi a la distancia y Nico no se separó de mi hasta que estuve segura dentro del vehículo, le lance un gracias y salí rumbo a la universidad, tenía que ponerle un alto a Roger o me haría la vida imposible, sabia donde vivía, donde trabajaba, solo faltara que me siguiera a los bares que frecuentaba con las chicas, si era que no lo había hecho aún.
JOSHUA
Estaba muy cómodo viendo esas tontas películas cursis que le gustan a las mujeres, me quite los zapatos y la chaqueta y me relaje para cuando sentí como Amanda me sacudía, me había quedado dormido a gusto en aquella cama -Josh, tienes que largarte a tu casa- me removí gruñendo -¿Por qué?- la escuche resoplar fuerte -porque no tienes nada que hacer aquí, no tendré sexo contigo estando con mi periodo- alego y abrí mis ojos pesadamente, volví a acomodarme girándome de espaldas -cuidare de ti esta noche- hable dándole a entender que me quedaría pero siguió agitándome y hablando -claro que no, lárgate, necesito mi espacio cuando estoy en mis días, vete a tu casa- refunfuñe porque me estaba despertando de tan cómodo sueño -¡Arg!... está bien, está bien- me puse de pie y me calce los pies, me levante con algo de pereza y me estire para poder irme -que conste que no aprovechaste mi sentido de caridad- dije mientras soltaba un bostezo, tome mis llaves y junto a ellas estaba abierta la caja de bombones de chocolate, saque unos cuantos y los metí en el bolsillo de mi pantalón -vengan con papá- susurre bajito para que Amanda no se diera cuenta de mi delito, ya rumbo a mi departamento me comí un par, recordé las flores y la verdad creía que no se veían tan mal como ella dijo, tampoco es que fuera un experto en regalar flores, en verdad era la primera vez que lo hacía, suspire algo cansado y al llegar a mi cama me deje caer solo quitando de mis pies el calzado y me quede dormido hasta las dos de la madrugada cuando sentí calor en la habitación, estábamos en verano por lo que tenía la camisa pegada a mi cuerpo y la sensación de calor me hizo moverme para desprenderme de mi ropa para darme una ducha, lo hice y volví a caer en la cama, ¿Cómo era posible que tuviera tanto sueño?, la mañana siguiente con energías renovadas me dirigí a la oficina, hoy tenia clases por la tarde con Amanda y eso me saco una sonrisa -tienes reunión dentro de media hora, el señor Hudson llamo, quiere un programa de seguridad para evitar que su esposa entre en su laptop y compre estupideces en línea- dijo burlesca Monic, ese fue sus buenos días -hola Monic, buenos días- la vi rodar los ojos, sabía que solo buscaba fastidiarla, no existía alguien mejor que ella para el puesto de asistente, era eficiente, sabia como tratar a los clientes, sabia como poner a machar a los empleados y además sabia como poner en su lugar a todos, incluso a mí, continuo con su perorata mientras me sentaba -el director del banco necesita cubrir otra zona con el software de seguridad y una tal Ali…ce Brand dice que la llames que necesita hablar contigo, eso es todo, te aviso en cuanto comience la reunión- giro sobre sus estiletos de marca y me quede pensando en Alice, habíamos tenido una corta relación hacia muchos años, no fue un noviazgo, solo fue sexo hasta que ella quiso algo más, algo que yo no podía ofrecerle, la verdad la pasamos muy bien pero creí que no volvería a saber de ella por como salieron las cosas, aun así, hoy no sería el día, tenía muchas cosas que hacer y quizá nuestra conversación necesitaba algún tiempo, tiempo del cual no disponía en el momento, empecé a trabajar y antes de concentrarme le envié un mensaje a Amanda para preguntarle cómo se sentía con sus malestares y luego me sumergí en un mar de trabajo, reuniones y programación que ocuparon mi pensamiento toda la jornada, recordé que hoy habría prueba en una de las asignaturas y mañana había quedado de reunirme con el grupo de estudio en mi departamento para terminar el trabajo de la profesora West, al momento en que mi reloj marco las 5 de la tarde tome el morral con mis pertenecías y salí rumbo a la universidad, el semáforo en rojo me hizo esperar por más de un minuto, una señora sentada en un banquito llevaba en sus manos rosas y dulces a la venta, vi su semblante entristecido, seguro no había podido vender nada de lo que tenía a su lado -Señora- llame su atención y camino sonriente hacia mí -hola joven- dijo y note su caminar lento y su voz amable pero cansada -¿qué precio tienen las rosas? Ella muy sonriente me dio el precio individual mientras me mostraba una, la verdad se veía recién cortada, ella me conto acerca de cómo con su nieta de 18 años las cultivaban y las vendían todos los días, busque orillarme para apagar el motor, no quería ser grosero con ella, la escuche atentamente, contando la cantidad que llevaba no sumaban unos 15 dólares, eso costo el ramo de cilantro que le había llevado a Amanda ayer, reí por mi torpeza, con toda razón las arrojo a la basura, compre todo el ramo y también los dulces, sentía empatía por aquella mujer mayor que tenía que ganarse la vida, vi una lagrima rodar por su mejilla cuando me agradeció, por lo menos hoy se iría temprano a casa, le extendí una tarjeta con mi numero -¿su nieta estudia?- pregunte suponiendo su respuesta -Oh no… ella quiere hacerlo, estamos ahorrando para eso un poco con lo que ella gana y lo que gano yo, es para la comida- limpio con una de sus arrugadas manos la lagrima que se había deslizado por su mejilla -dígale que me llame, si aún no entra a la universidad puedo ayudarla con algo de trabajo, quizá no sea mucho, pero será más que lo que ganan vendiendo flores y dulces- la mujer volvió a agradecerme y tomo el pequeño trozo de papel metiéndolo en un bolso de mano muy gastado, suspire profundo, existían personas con problemas más grandes que los míos y se sentían agradecidos con la vida por lo poco que tenían, entre al auto y coloque las flores y la bolsa de dulces en el puesto del copiloto y me encamine nuevamente a mi destino
AMANDA
Al llegar mi última hora de clases me sentía agotada, debí traer algo mas cómodo debido a mi estado, pero me negué a volver a los pantalones de mezclilla para que todos me vieran como un bicho raro, tome un respiro cuando me senté en la silla detrás del escritorio, quite mis tacones y moví de manera circular mis pies buscando relajarme, luego de un par de minutos volví a calzarme y me dirigí al lado de la puerta donde estaba el programa de la asignatura, había pedido el trabajo para el viernes así que continuaríamos con la actividad de ese tema en la clase de hoy, la puerta se abrió mostrándome a un sonriente Joshua que se acercó dando seguro a la puerta, eso me puso en alerta, aunque faltaba tiempo suficiente para que sus compañeros llegaran, no quería correr el riesgo -¿Qué crees que haces?- lo reprendí pero me ignoro, se acercó y llevándome de espaldas la pared me dio un beso que no fue de este mundo, era un beso abrazador que me hizo gemir sobre sus labios -estuve pensando- dijo muy cerca de mí con respiración agitada, sus manos recorrían mi cadera y apretaban mi trasero de manera hambrienta -estuve pensando que como estas indispuesta podemos hacer otra cosa- su sonrisa fue siniestra, no deparaba nada bueno -no me convencen tus ideas- respondí aun jadeante por su repentino beso, quizá era a causa de mi periodo pero me encontraba más sensible, algo más receptiva a su toque y a su beso indecente, sus manos llegaron hasta la unión de mi trasero y di un respingo por la sorpresa -no crees que deberíamos explorar otras áreas- comento mientras pasaba sus dedos por esa unión, causo un escalofrió en mí, pero me negué rotundamente -estás loco si crees que te dejare follarme el trasero- empuje de su pecho y se separó sonriendo -piénsalo- dijo sin quitar esa mirada y esa sonrisa provocativa -no- dije y camine hacia la puerta para quitar el seguro, él fue detrás de mí y antes de que hiciera algún movimiento saco de su saco una rosa junto a un dulce envuelto en un papel celofán de tonos rojos, sonreí por lo cursi que fue el gesto, levante una de mis cejas y el hizo un gesto despreocupado -una señora muy anciana los vendía y quise ayudarla- mire como metía las manos en los bolsillos algo incómodo -oh… gracias- fue mi respuesta y volví a mi escritorio viendo como él se ubicaba en su silla y sacaba un libro, los estudiantes llegaron y di inicio a la clase, cuando faltaba poco para salir recordé mi auto varado y resople, tenía que pedirle un bote a Fanny, le escribí y su respuesta negativa me hizo rabiar, no podía culparla ella había salido del trabajo hacia un par de horas ya y seguro estaría revolcándose con algún tipo, rodé los ojos ante la idea, en ese momento llego un mensaje de Josh -ven conmigo a casa, te hare de cenar- levante una ceja pero no mire en su dirección -estoy sin auto, mejor me llevas a mi departamento y te brindo algo de comer- deje el móvil sobre el escritorio cuando los alumnos empezaron a recoger sus pertenecías y se despidieron saliendo del aula como si tuvieran una emergencia, siempre es lo mismo a la ultima hora de clases, volví a escuchar mi móvil y abrí la conversación con Josh -déjame cocinar a mi hoy, estas indispuesta, solo te sentaras, tomaras una copa de vino y te llevo a casa, lo prometo- no estaba segura de sus buenas intenciones, igual si no quera hacer nada mas no podría forzarme en mi estado -está bien tu ganas- escribí y empecé a recoger mis pertenencias, quien lo diría, que esta noche Josh prepararía una cena para dos.